La tradición anual exige una explicación: ¿Qué es Tashlij? Vamos a un río, lago, u otra fuente de agua y decimos una breve plegaria seguida por un simbólico acto de “arrojar nuestros pecados” en su interior. Los niños acumulan pan duro durante semanas para poder tener montones de “pecados” para arrojar. Otros arrojan piedras. Es algo un poco extraño si lo analizas. El judaísmo no se basa simplemente en símbolos y rituales; es mucho más profundo que eso.

La respuesta es bastante simple y al mismo tiempo estimulante. El hombre es bueno. El hombre es hermoso. El hombre es extraordinario. En su esencia, el ser humano es puro y sagrado. Creado a imagen de Dios con la capacidad de ascender a las alturas de la Santidad. No somos 'pecadores', sino que 'pecamos'.

Desafortunadamente, a través de las tribulaciones y las tentaciones de la vida diaria, "adquirimos" muchos pecados y transgresiones. Vienen a nosotros en momentos de desesperación o en actos de arrogancia. Los adquirimos en ataques de furia o en momentos de debilidad. Puede que los poseamos. Puede que los llevemos. Y puede que hasta disfrutemos algunos de ellos. Pero nunca se convierten en nosotros. Nunca se convierten en quienes somos. Y definitivamente no son lo que nosotros realmente queremos ser.

Tashlij es el antídoto más grande para no revolcarse en la autocompasión.

Son siempre una entidad separada que puede ser renegada, rechazada y abandonada en cualquier momento. El acto simbólico de arrojar nuestros pecados, nos hace entender este mensaje de una manera dramática y concreta.

Tashlij es el antídoto más grande para no revolcarse en la autocompasión. Cuando pensamos en nuestros hábitos, levantamos nuestras manos hacia el cielo y nos decimos a nosotros mismos: “¡Han sido muchos años! No hay forma de que pueda cambiar ahora”. O “Es imposible enseñarle nuevos trucos a un perro viejo”. Tashlij nos enseña lo contrario. Sí podemos cambiar. Podemos mejorar porque somos en nuestra esencia puros y sagrados, somos una chispa de lo divino.

La lucha es refregar y refregar para remover ese revestimiento superficial de 'pecados'. Raspar hasta eliminar el cinismo, repudiar el negativismo y romper con la desilusión.

Mientras podamos aferrarnos a la grandeza y al potencial inconmensurable de nuestras almas, entonces nada nos puede detener. Cuando comprendemos que el amor de Dios hacia nosotros es incalculable e ilimitado, entonces, y sólo entonces, podemos realmente comenzar nuestra travesía hacia el arrepentimiento verdadero y completo.