Elul, el mes judío que precede a Rosh HaShaná, es conocido por ser un acrónimo del versículo: Aní leDodí veDodí li, “Yo soy para mi Querido y mi Querido es para mí”. En este mes tenemos una oportunidad especial para acercarnos a Dios, nuestro “dod”, nuestro amigo querido que está esperando ansiosamente escuchar sobre nosotros.

Sin embargo, a medida que se acerca Rosh HaShaná y comienzan los 10 Días de Arrepentimiento, comenzamos a referirnos a Dios como “Avinu Malkeinu”, nuestro Padre y nuestro Rey. ¿Qué pasó con el Dios “amistoso” que estábamos comenzando a conocer? ¿A qué se debe el repentino cambio de “amor y cercanía” a “temor ante una figura severa”?

De Extraño a Amigo y de Amigo a Miembro de la Familia.

En Elul, Dios es el amigo que visita, que golpea a nuestra puerta, como está sugerido en el Cantar de los Cantares (5:2): “el sonido de mi amigo (dodí) golpeando a la puerta”. La pregunta es: ¿Escuchamos los golpes en la puerta? Y si los escuchamos, ¿abrimos la puerta y Lo dejamos entrar?

Durante Elul, Dios ya no es el extraño que dejamos esperando con la puerta cerrada. Es nuestro amigo cercano que recibimos en nuestra casa, esperando que se quede un tiempo. Y cuando un huésped al que invitamos a quedarse en nuestra casa llega desde lejos, abrimos la puerta, lo ayudamos con todas sus bolsas, y reacomodamos las cosas que están en el cuarto de visitas para hacer espacio, cambiamos las sábanas y nos aseguramos de que se sienta como en casa.

Asimismo, necesitamos hacer que Dios se sienta como en casa mientras es nuestro invitado. Primero que nada, necesitamos quitar algunas cosas y hacer lugar para Dios. Esto significa hacer lugar en nuestros corazones. Además, sería grosero ignorar a nuestro Huésped. Necesitamos pasar algo de tiempo de calidad con Él, elevarnos con temas de conversación que Le interesen, preguntarle qué Le gustaría y cómo podemos alojarlo mejor. Este es el trabajo de Elul, cuando “yo soy para mi Querido Amigo mientras mi Querido Amigo es para mí”.

¿Cuánto espacio exactamente debemos reservar para Dios? El Midrash en el Cantar de Los Cantares (5:2) dice: “Abre para mí una abertura del tamaño del ojo de una aguja, y a cambio Yo la ampliaré para que sea una abertura por la cual puedan entrar carruajes”. Dios sólo necesita una abertura del tamaño del ojo de una aguja. Si tomas la iniciativa y le permites a Dios entrar en tu vida a través de un diminuto agujero, verás resultados exponencialmente más grandes.

Para hacerle lugar a Dios debemos comenzar por quitar algunas distracciones que nos sacan del camino.

¿Cómo podemos poner esto en práctica durante Elul? Para hacerle lugar a Dios debemos comenzar por quitar algunas distracciones y deseos que nos controlan y nos sacan del camino. Estas distracciones se manifiestan de manera diferente para cada persona. Para algunos, puede ser perder mucho tiempo navegando en internet, mirando televisión o películas. Para otros, puede ser comer demasiado o una incapacidad para compartir su riqueza o posesiones con otros, y para otros puede ser una tendencia a herir a sus seres queridos con palabras, mentiras o deslealtad. Este es el tiempo para echar un vistazo a tus valores y prioridades, reacomodar algunas cosas donde sabes que te estás equivocando, y empezar a montar un plan de acción para reorganizarse.

El rebe de Kotzker explica que Dios agrandará tu diminuto agujero sólo si está permanentemente abierto como el ojo de una aguja. No debe cerrarse después de unos pocos días. No podemos engañar a Dios, ni a nosotros mismos, haciendo un cambio temporario y encontrándonos unos meses después en donde habíamos comenzado. Prepararse para Rosh HaShaná significa hacer un cambio duradero.

Por lo que a medida que nos acercamos a Rosh HaShaná, necesitamos hacer el firme compromiso de crear un lugar permanente y definido donde Dios pueda ponerse cómodo, convertirse en parte de la familia y mudarse a nuestro hogar. No sólo estamos desplazando cosas para la semana, esperando que se marche para que tengamos nuestro espacio de nuevo. En cambio, lo que debemos hacer es tomar un pequeño paso dentro de un área de nuestras vidas que sabemos que necesita arreglarse y relegarle el control de ese pequeño espacio a Dios. Ahora este es un lugar que Él puede llamar suyo. Puede comenzar siendo pequeño, pero es Su espacio, Su espacio de residencia permanente. Dios se convierte ahora en nuestro padre, ¡y Se está mudando con nosotros!

Haciendo a Dios el Rey

En Rosh HaShaná, nuestra relación con Dios cambia de ser querido amigo a Rey. Llegamos a darnos cuenta de que Dios no es sólo nuestro huésped. Ni siquiera es un padre anciano al que le permitimos mudarse con nosotros. En cambio, ¡Es el Rey! Esta es Su casa, Él es el anfitrión y está proveyéndonos benevolentemente con todo lo que nosotros necesitamos para vivir una existencia cómoda y productiva. En Rosh HaShaná coronamos a Dios como Rey, teniendo en cuenta de que el mundo y todo lo que hay en él es Suyo. Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros. En el primer día del año nuevo, cuando definimos el “rumbo” en nuestro dispositivo GPS para el viaje del año próximo, nuestros objetivos y prioridades necesitan tomar esto en cuenta. Esta tiene que ser nuestra perspectiva.

No somos los que estamos haciendo espacio para Dios, Él es Quien está haciendo espacio para nosotros.

Basado en un ensayo de “Bilvovi Mishkán Evne” por el rabino Itamar Schwartz.