Leer las noticias durante los últimos meses se ha transformado en una opresión al corazón. Si el titular de la noticia tiene algo que ver con Israel o con los judíos, entonces la regla de oro es que estamos a punto de aprender que estamos un poco peor.

La esperanzadora lucha por la democracia de los países árabes ha decantado en un fortalecimiento de la “hermandad musulmana” y de otros sectores islámicos radicales equivalentes a Hamas, Hizbolá, Siria e Irán.

Egipto ha comenzado a alejarse del camino de paz a tal punto que uno de sus diplomáticos se ha dado el permiso de decir públicamente que el tratado de paz con Israel no es sagrado. Esto seguido de problemas en la frontera, del ataque a nuestra embajada en ese país, de los constantes problemas en el suministro de gas hasta incluso la negativa de exportar lulavim a Israel para la fiesta de sucot. Jordania está comenzando a seguir la misma senda subiendo el volumen de sus discursos diplomáticos y repitiendo escenas violentas en la embajada de Israel en ese país. De Turquía mejor ni hablar, con el primer ministro Recep Tayyip Erdogan elevando el tono de sus discursos casi al nivel del presidente de Irán, expulsando al embajador de Israel y generando una tensión entre los dos países sin precedentes. Para que mencionar las movidas de Abbas en la ONU y los ataques con misiles desde la franja de Gaza por parte de Hamas. Todo esto liderado por un Irán belicoso que avanza cada día más hacia el potencial nuclear.

Uno de los principios fundamentales del judaísmo es que el mundo es manejado y orquestado directamente por Dios. Esto transforma a los sucesos geopolíticos en mensajes mucho más profundos que simplemente problemas diplomáticos, políticos o militares. Se transforman en mensajes de Dios hacia nosotros que no podemos ignorar. A tal punto esto es así que Maimónides1 nos dice que cuando hay dificultades o dolor en el mundo, si una persona se rehúsa a reflexionar sobre esos eventos y relacionarlos con su propia vida, sólo agudiza los problemas. Si la persona dice que lo que pasa es simplemente producto del azar, de la coincidencia, entonces esa persona está adoptando una actitud cruel, pues está forzando a que los mensajes que Dios nos manda suban de intensidad.

Esto nos indica que cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de tratar de entender los eventos dolorosos del mundo y tratar de descubrir los mensajes que le atañen a su propia vida; al leer los titulares entonces tenemos que tratar de entender cuáles son los mensajes que nos está enviando Dios. Y hay uno que sale a relucir fácilmente: A Nasrallah no le interesa si eres de izquierda o de derecha; a Ahmadinejad no le importa si eres religioso o secular; a Erdogan no le interesa si eres ético en los negocios o no; a Haniyeh no le importa si vives en Tel Aviv, Sderot, París o Santiago. A la jihad islámica no le importa si has sido un buen ciudadano o no. Pero a todos les importa que eres judío, sin importar tu bandera, y te quieren encontrar donde quiera que estés. No importa si es en un bus en Jerusalem o en la AMIA en Argentina.

Si no queremos entender que somos un solo pueblo, si no queremos entender que estamos todos conectados indisolublemente, si no queremos entender que estamos en un mismo bote, si no queremos entender que somos las hojas de un solo árbol por las buenas, entonces Dios se encargará de que lo entendamos aunque sea por las malas.

Todos los años justo antes de los Iamim Noraim leemos en la Torá “Ustedes están todos parados hoy frente a Dios” (Devarim 29:9). Este versículo nos habla de un pacto adicional al que el pueblo había hecho con Dios en el monte Sinaí. Los comentaristas explican que este segundo pacto se refiere al pacto de responsabilidad de los unos por los otros. Dios nos hizo entrar como avales los unos de los otros, para que entendamos que el futuro de todo el pueblo judío está conectado indisolublemente con mi propio destino. A mí me pasa lo que le pasa a mi prójimo. No puedo ignorar sus problemas. La Torá está llena de este mensaje: ama a tu prójimo como a ti mismo; devuélvele su objeto perdido; preocúpate de su dinero, de su honor, de su salud, de su educación, de sus emociones; carga con el yugo de sus sufrimientos. Tal como el aval en un préstamo se preocupa cuando ve que su amigo está despilfarrando su dinero pues sabe que al final le va a llegar a él, de la misma manera debemos entender que lo que le pasa a los judíos nos va a afectar a nosotros como individuos también.

Un mensaje central de la Torá es que debemos poner el foco en los demás, debemos salirnos de nosotros mismos, dejar de sentirnos el centro del mundo. Como dice Rav Shlomo Wolbe2 “Egoísmo, narcisismo es la característica más despreciable en el pueblo judío”. Ojo que el egoísmo es independiente de si te pones tefilín o no todos los días, es independiente de si tienes mezuzot en tus puertas o no. Depende de una actitud basal. ¿Cuál es mi preocupación central: yo o los demás? Si lo único que te importa eres tú mismo, ya seas abogado, ingeniero o rabino, sigues siendo despreciable en los ojos de la Torá. Significa que no has logrado entender de qué se trata la vida, el mundo, la Torá y Am Israel.

El gran rabino Israel Salanter ensañaba que el único consejo para pasar el juicio de los Iamim Noraim es ser una persona necesaria para la comunidad. Ser una persona que los demás necesitan. Ser una persona que ha tendido redes con otras de manera que no es sólo su mérito personal el que lo defiende sino el mérito de la comunidad.

En estos momentos de reflexión y de juicio, en estos momentos en que los titulares de las noticias nos llaman la atención como un shofar que suena y nos dice, “¡Despierten!” debemos pensar con una mano en el corazón y ver dónde estamos verdaderamente. ¿Me preocupa el destino del pueblo judío? ¿Estoy preocupado por los más necesitados? ¿Me importa si un niño judío promedio sabe quién es el tío de la abuela de Harry Potter pero difícilmente sabe quién es Yosef, Aharón, o el rey David? ¿Me preocupan en algo las amenazas físicas y espirituales del pueblo judío? ¿Hago algo para cambiar las cosas? Son en días como hoy dónde tenemos la oportunidad de afectar nuestro corazón y decirle a Dios que nos importa, que queremos cambiarnos a nosotros mismos, que queremos compartir y ser actores principales del destino del pueblo judío. Es en un día como hoy que decimos: queremos ser necesarios.

Así que cuando te encuentres en la sinagoga este Rosh HaShaná y no estés seguro de en qué concentrarte cuando escuches el shofar – tú sabes que es un momento importante pero no estás seguro dónde debe estar tu corazón, o cómo despertar tus emociones - recuerda como te sentiste la última vez que viste uno de los titulares de las noticias y piensa: Dios, escucho tu mensaje, entiendo lo que me quieres decir, y te declaro hoy que me identifico con el pueblo judío y que estoy dispuesto a utilizar mis talentos y mis fuerzas para ser alguien indispensable para tu nación.