Rosh HaShaná, el “año nuevo” judío, es una festividad profundamente espiritual. El año nuevo conmemora la creación del mundo (Adán y Eva fueron creados en Rosh HaShaná), y cada año la existencia del mundo es extendida por otro año más en este día, siendo recreado, por así decir, desde cero. La humanidad también está incluida cada año en esta nueva creación.

El año nuevo es un momento ideal para el juicio (que es la razón por la cual Rosh HaShaná también es llamado Iom HaDin, literalmente “El Día del Juicio”). Nosotros juzgamos cada una de nuestras creaciones, ya sea en artes, negocios o incluso en la cocina. En algún momento damos un paso hacia atrás y evaluamos nuestra creación. ¿Está a la altura de nuestras expectativas? ¿Estamos satisfechos con ella? ¿Cuáles son sus defectos? En este día, el aniversario de nuestra creación, Dios hace lo mismo con nosotros. Somos evaluados, y por lo tanto es llamado: “El Día del Juicio”.

Este día es profundamente espiritual porque en el día del juicio, al igual que cuando una persona está esperando para escuchar la sentencia de una corte, estamos forzados a reflexionar sobre nosotros mismos. ¿Estuve a la altura de lo que Dios esperaba de mí? ¿Está Dios satisfecho conmigo? ¿Cuáles son mis defectos? Debido a la intensa atmósfera del momento, este día representa la oportunidad espiritual más poderosa que tenemos a nuestro alcance –la oportunidad para reflexionar sobre cómo podemos elevarnos a un plano superior. ¿Qué es lo que Dios quiere de mí? ¿Quiere que sea parte de Su equipo? ¿Cómo soy juzgado? ¿He vivido mi año buscando la auto-gratificación, o me he acercado a Dios en mis pensamientos y en mis acciones? ¿Estoy convirtiendo a este mundo en un mejor lugar para vivir?

Este es el juicio en Rosh HaShaná, estas son las preguntas. Y con este entendimiento, las oportunidades para el crecimiento espiritual son únicas. Comienza con entusiasmo y disfruta el potencial. Rosh HaShaná es el horario estelar del mundo espiritual.

¿Perdido en la Sinagoga?

La liturgia de Rosh HaShaná representa algunas de las palabras más sublimes y asombrosas que han sido escritas para expresar nuestro amor y reverencia por Dios. El tema del día es convertir a Dios en nuestro Rey, y cuando lo hacemos, declaramos formalmente que estamos subordinados a Él y que estamos a Su servicio para hacer nuestra parte para convertir al mundo en un lugar mejor. Pero meterse en la majestuosa liturgia a menudo no es tan fácil. Es como aprender a apreciar un buen vino o una obra de arte. Toma tiempo apreciar la rica elegancia. Por lo tanto, ofrecemos unas cuantas sugerencias para superar un posible aburrimiento: Lee las introducciones que están presentes en la mayoría de los libros de rezo de Rosh HaShaná. Si quieres, puedes no seguir constantemente el servicio, y en cambio puedes estudiar o rezar de manera independiente.

Utiliza algo del tiempo en la sinagoga para meditar y para hacer introspección. Conéctate con el mensaje del día y trata de pensar en él, dejando que permee en tu corazón de la manera más profunda y honesta. Eso puede ser más relevante que recitar cualquier párrafo en particular.

Mientras rezas, enfócate en la calidad más que en la cantidad, y en la profundidad más que en la amplitud. Busca una porción que encuentres relevante y significativa, y dila lenta y atentamente. Tres porciones recomendadas serían: la plegaria del Shemá; Nishmat (justo antes del Shemá de Shajarit); y por supuesto el núcleo de las plegarias, la shemoná esré o amidá. Paladea las palabras mientras las pronuncias, abre tu corazón a su contenido y a su mensaje. Estos son los puntos más elevados del servicio, y puede que sean perfectos para la meditación personal.

Si el texto original en hebreo no te resulta familiar, ayúdate con un libro de rezos en tu idioma. Puedes conseguir alguno que tenga comentarios que mejoren mucho la dimensión espiritual de la experiencia del día. Asegúrate de conseguir el libro de rezos antes de la festividad.

¿Por qué ir a la Sinagoga?

Ciertamente, incluso por rezar en la casa uno recibe una gran recompensa. Pero cuando nos unimos con la comunidad para rezar todos juntos, Dios aprecia nuestras plegarias de manera especial. Asistir a la sinagoga consolida nuestra dedicación con la comunidad y con sus valores. El hecho de estar junto a otros judíos en Rosh HaShaná es una recompensa en sí misma. Quizás tus nietos seguirán siendo judíos gracias a tu conexión con la comunidad.

¿Qué hay sobre el Shofar?

El tema principal del día se manifiesta a través del sonido del shofar. El shofar es la trompeta real que utilizamos los judíos para proclamar el reinado de Dios. Estos sonidos tienen la increíble habilidad de llegar a lugares profundos de nuestra mente que de otra manera estarían dormidos, y de despertar en ellos el deseo natural de acercarnos a Dios, de enaltecerlo y de desarrollar una relación con Él. El shofar promulga nuestra coronación de Dios y despierta nuestra esencia espiritual para realizar ese trabajo.

Rosh HaShaná es un día cargado con muchísimas e intensas oportunidades y promesas espirituales. Es un día para llevar en el corazón. Pero a menudo toma algo de tiempo apreciar esta excelsitud. Es por eso que, cuando recién estamos comenzando, deberíamos ir despacio. Ponte un objetivo que consista en enfocar tus energías en unas cuantas oportunidades de crecimiento para el día y para el año entrante. Con el tiempo, esas cosas se transformarán en un verdadero tesoro. ¡Y suele ocurrir mucho más rápido de lo que crees!