A pesar de que la traducción correcta de Rosh HaShaná es: “La cabeza (el comienzo) del año”, este término no se encuentra en ningún lugar de la Torá. Sólo el Talmud se refiere a Rosh HaShaná de esa forma. Ni siquiera los rezos, cuyos orígenes más tempranos se remontan a la era talmúdica, se refieren a este día como Rosh HaShaná; en cambio, lo hacen como “Iom Hazikarón”- el día del recuerdo.

Además de descuidar en nuestras plegarias el importante “comienzo del nuevo año”, el término “día del recuerdo” parece bastante vago. En teoría, se refiere al hecho de que en Rosh HaShaná estamos siendo juzgados por Dios, por lo que Él necesita sacar a la luz todas nuestras acciones pasadas. Si bien esto es verdad, todavía parece no justificar el hecho de que llamemos a Rosh HaShaná “el día del recuerdo”. ¿Puedes imaginar llamar a una corte “el estrado de los testigos” sólo porque los testigos atestiguan allí? Los testigos sólo son un elemento en el juicio. Y lo mismo pasa en el juicio de Dios, en donde la memoria también es tan sólo otro elemento. ¿Por qué es este el título más apropiado para Rosh HaShaná?

¿Por qué Rosh HaShaná es llamado ‘el día del recuerdo’?

Para entender esto necesitamos echar un vistazo profundo a la memoria y a todas sus implicancias. La memoria existe en dos niveles. Hay una memoria técnica, que ‘recuerda’ fenómenos particulares, como por ejemplo el bache en el camino, el lugar barato de comida para llevar, etc. Esta es una habilidad compartida por la mayoría de los organismos vivientes. Una lombriz puede ‘recordar’ qué senda tiene comida al final, y cuál tiene una carga eléctrica bastante desagradable.

Pero esta no es la ‘memoria’ de la cual estamos hablando en Rosh HaShaná. La ‘memoria’ de la cual estamos hablando es la transformación de un evento efímero en algo permanente, tan permanente como la persona y su alma. La memoria superior que poseemos no es mera información que está siendo grabada en nuestros discos duros. En cambio, es quiénes somos y lo que somos. Los animales, de acuerdo a la ciencia, no tienen este tipo de ‘memoria’. Una de las visiones más dolorosas es observar a una persona con Mal de Alzheimer. Aunque hasta una cierta etapa todavía puede experimentar eventos en el presente, y hasta puede ser ‘inteligente’, su pérdida de ‘memoria’ ha arrancado parte de la esencia de su persona. Alguien que existe sólo en el presente no es un ser humano completamente funcional.

La memoria también actúa como filtro. Lo trivial y lo irrelevante es filtrado, y la memoria retiene únicamente lo que sentimos que tiene relación con ‘nosotros mismos’. La memoria incluye diversos eventos en nuestra esencia, y rechaza el resto como trivialidades.

El hombre es singular en el universo ya que es el único que posee ‘zikarón’, memoria superior. Cuando los ángeles se quejaron a Dios por la creación de la humanidad, lo expresaron como una queja especifica en contra de que fuera incluido en el reino de la memoria. Por esto el versículo dice, “Qué es el hombre para que Tú lo recuerdes” (Salmos 8).

Si extendemos esta descripción de memoria a Dios, eso implica que las acciones que realizamos que logran llegar a la memoria de Dios tienen una importancia duradera, mientras que aquellas que no lo logran se pierden como si nunca hubiesen existido.

El juicio de Dios en Rosh HaShaná es mucho más profundo que un juicio común. No sólo está mirando para ver si nuestras acciones son meritorias o no, también está midiendo nuestras acciones en la perspectiva de la eternidad. Aquellas acciones que son notables se convierten en parte de Dios, por así decirlo, y las otras se evaporan, como si nunca hubiesen existido.

De esta manera, Rosh HaShaná es un día en el que se decide quién entrará a este sumamente exclusivo “club de eternidad” y con qué acciones, y también lo que será descartado.

Usualmente pensamos que nuestras acciones son buenas o malas. Pero en cierto aspecto, hay una opción que es incluso peor que “malas”, esto es: “sin sentido”.

Mientras contemplamos el año que pasó y pensamos en el futuro, necesitamos poner atención en la “calidad” de nuestras acciones: ¿Cuál ha sido su trascendencia? Imagina haber vivido una vida llena de actividades, y mientras estamos frente a Dios en el día del juicio final, la mayor parte de nuestras vidas queda relegada en la pila de “insignificante”. De cierta forma, perderíamos parte de nosotros mismos, una especie de Alzheimer generado por uno mismo.

Entonces, le rezamos a Dios: “recuérdanos para la vida”. Que nuestra vida sea parte de Tu “consciente”. En el día en que el hombre fue creado, el hombre es juzgado en relación a un estándar que sólo Dios puede utilizar: la Eternidad.