El Presidente Obama se metió recientemente en problemas por tres afirmaciones que hizo sobre su rol como líder del mundo libre.

Obviamente sus palabras son importantes. Sus decisiones juegan un rol crucial en determinar nuestro destino a nivel mundial. Ellas eventualmente enfrentarán el veredicto de la historia. Nuestras resoluciones personales casi seguramente palidecen en comparación.

Sin embargo en la visión de Maimónides —el gran filósofo judío considerado simbólicamente por la tradición como segundo después de Moisés— hay una razón para creer que las elecciones que tomamos en nuestras propias vidas pueden ciertamente tener un significado cósmico comparable a aquellas del líder político más poderoso.

A medida que nos acercamos a las Altas Fiestas, Maimónides nos pide que imaginemos que el destino del mundo está en una balanza perfectamente balanceada con el “bien” en un lado y el “mal” en el otro. Cada uno de nosotros debe ver que tiene el potencial de influenciar el decreto Divino de Dios hacia un lado o hacia el otro en base a la calidad de las acciones que agrega a la ecuación total.

Es un pensamiento extraordinario que impone sobre cada uno de nosotros una especie de responsabilidad colectiva que concede significado y valor inestimable a los roles aparentemente menores que jugamos en el escenario de la historia del mundo.

Examinemos las palabras del Presidente Obama, no como una burla política, sino para que nos ayuden a prepararnos adecuadamente para Rosh HaShaná.

1. “Aún no tenemos una estrategia”.

Las palabras fueron en respuesta al extremismo islámico.

En el Washington Post, Karen DeYoung y Dan Balz comentaron que mientras que el comentario de no estrategia de Obama “puede haber tenido la virtud de la franqueza” no proyectó de ninguna forma “una imagen de resolución presidencial o decisión en un momento de confusión internacional”.

En un momento de crisis a nivel mundial —y como han destacado varios comentaristas solamente puedes deletrear la palabra crisis con EI— una estrategia clara es clave para nuestra supervivencia.

Así también, creo que es justo señalar que para confrontar exitosamente los desafíos y las crisis de nuestras propias vidas, no podemos posponer la necesidad de desarrollar una estrategia para vivir, una estrategia que incorpore los valores e ideales que justifican nuestras presencia aquí en la tierra.

Hace algunos años recibí una increíble invitación. Un grupo conocido como el Gathering of Titans (junta de titanes), compuesto de 100 CEOs de grandes corporaciones en Estados Unidos, que se reúnen anualmente en un retiro —en este caso en el MIT (Instituto de Tecnología de Massachussets)— para discutir temas relevantes a sus prácticas de negocios y para escuchar de prominentes expertos en varios aspectos de manejo corporativo. Como parte de su programa, ellos pidieron si yo podía ir a hablar también.

Anonadado, pregunté qué rol podía jugar yo. No tengo experiencia en negocios. Mis antecedentes como rabino escasamente me calificaban para enseñarles a estos titanes de la industria cómo mejorar los resultados de sus empresas.

“Entendemos eso”, replicaron. “No es por eso que queremos que usted se dirija a nosotros. Todos sabemos cómo hacer dinero. Pero más y más de nosotros hemos llegado a reconocer que en el proceso de convertirnos en millonarios nos hemos empobrecido espiritualmente. Queremos saber qué puede sugerirnos un líder espiritual como usted para que sintamos mayor significado y propósito en nuestras vidas”.

Define tu misión personal.

Así que compartí con la reunión de titanes un concepto con el que estaban muy familiarizados en su mundo corporativo y les pedí que lo integraran en sus vidas personales también.

Cada gran compañía tiene una misión: un corto y breve resumen de lo que esperan lograr tanto como los ideales que los motivan. Imagina si tuviéramos una claridad similar en relación a nuestras metas personales y en cómo planeamos lograrlas. Imagina si tomáramos nuestra misión personal tan seriamente como un manifiesto de negocios. Imagina si nos tomáramos el tiempo para descifrar por qué Dios nos puso aquí en la tierra y luego cumpliéramos nuestro propósito en la vida. En resumen, imagina si tuviéramos una estrategia para manejar nuestras vidas. Después de todo, hacer que nuestras vidas sean un éxito es tan importante como hacer que nuestro negocio sea un éxito.

El pensamiento que compartí con ellos de Pirkei Avot, “Saber frente a quien estás parado y ante quien tendrás que rendir cuentas”, pareció dejar una profunda impresión en ellos. Y es por eso que una de las principales metas de la época de las Altas Fiestas es encontrar la sabiduría necesaria para convertir la voluntad de Dios en nuestra estrategia personal de vida.

2. “El mundo siempre ha sido conflictivo”.

En los últimos meses hemos visto hombres enmascarados sosteniendo un cuchillo junto al cuello de estadounidenses arrodillados en el desierto y decapitándolos, presenciamos el levantamiento de un barbárico estado islámico en Irak y Siria, vimos como Rusia derriba un avión civil asesinando a todos a bordo y tomando posesión ilegal de su país vecino, observamos el aumento del antisemitismo en una Europa post Holocausto que estaba supuestamente curada de esta enfermedad letal, pero no podemos consolarnos desde una perspectiva histórica aceptando el mal como inevitable y la crueldad como inexorable.

Dejemos en claro que “Nunca vamos a hacer de este mundo un mundo mejor” es una filosofía completamente ajena al judaísmo. El ideal mesiánico es otra forma de decir que tenemos fe; fe en un mundo que puede mejorar a través de nuestros esfuerzos y nuestro compromiso a cambiarlo día a día de acuerdo a los valores de la Torá.

En los días del Templo, el Sumo Sacerdote seguía una extraordinaria secuencia en la cual pedía perdón y expiación de Dios. Él comenzaba pidiendo por sí mismo, después por su familia y luego por todo el pueblo judío. ¿Cómo cambias el mundo? Primero desde adentro, comienza por ti mismo. Después ayuda a aquellos que están más cerca de ti. Solamente entonces puedes aceptar el desafío de una comunidad más grande.

Cada uno de nosotros puede cambiar el mundo.

Este es un proyecto factible. Y en las Altas Fiestas Dios se acerca a cada uno de nosotros y nos pide que mejoremos sabiendo que cada uno de nosotros puede eventualmente conducir a todos nosotros.

La clave del éxito es no perder la esperanza porque el mundo siempre ha sido un desastre, sino creer que cada año nuevo contiene dentro de él el potencial de un nuevo comienzo que puede llevar a un final verdaderamente feliz.

3. “No hagas cosas estúpidas”.

La ley judía está divida en dos categorías. Hay 248 mandamientos positivos y 365 negativos. La belleza de la Torá es que contiene un mensaje dual: no solamente nos enseña lo prohibido sino también lo obligatorio. No nos enseña sólo las cosas de las cuales debemos alejarnos para ser considerados justos, sino que nos enseña también con qué debemos comprometernos para merecer el favor de Dios.

“Nunca hice nada para herir a nadie” suena como una declaración piadosa, pero está muy lejos de ser una perspectiva bíblica. No me digas simplemente lo que nunca hiciste mal, comparte conmigo qué hiciste bien si quieres respeto Divino.

“Nunca dije nada malo sobre él” supuestamente sugiere bondad. Sin embargo, el verdadero cuidado y preocupación por los demás incluiría al menos ocasionalmente decir algo bueno sobre otros.

“No hagas cosas estúpidas” no es una política suficientemente buena a nivel mundial. Así también, simplemente “evitar lo irresponsable” no es una manera suficientemente buena de expresar nuestras metas personales para el año entrante. Debemos aclarar las metas específicas a las que nos estamos comprometiendo de forma proactiva este año.

Las Altas Fiestas son una época idónea para considerar seriamente la dirección de nuestras vidas. Es un periodo de juicio celestial. No podemos ignorar la necesidad de una estrategia para vivir. No debemos excusarnos por nuestra renuencia al cambio con la irrisoria defensa de que nunca fue y nunca será mejor. Y no podemos argumentar rectitud solamente por el hecho de no ser culpables de algo.

Tómate unos cuantos minutos para pensar sobre estas tres ideas importantes. Ellas tienen el poder de transformar tu vida.