Rosh Hashaná pareciera ser una festividad de lágrimas. En la lectura de la Torá encontramos que Hagar llora porque su hijo Ismael es abandonado indefenso en el desierto; no hablemos del hecho que Hagar se aleja de él para no tener que verlo morir. En la Haftará, Jana llora para ser bendecida con un hijo mientras que Pnina se burla de ella por ser estéril. Tenemos también la alegría de Sara al dar a luz a Itzjak a la edad de 99, pero también tenemos la Akeida, el sacrificio de Itzjak. Sabemos que Sara muere en el momento que escucha que quizás su hijo fue sacrificado. Nuevamente en la Haftará Rajel llora por sus hijos. Y después tenemos el Shofar. Su sonido está conectado con el llanto de la madre de Sisera cuando vio que su hijo no regreso de la guerra. Este día es llamado por la Torá: "Iom Terua", que significa el día de gemir y llorar; y no es llamado Rosh Hashaná, el comienzo del año.

El shofar en sí es una secuencia de llantos. Fue tocado el día en que se entrego la Torá. El Midrash nos cuenta que las almas de las personas salieron de sus cuerpos. La experiencia de recibir la Torá fue una experiencia terrorífica: temblores y fuego. El shofar tiene un sonido ardiente de urgencia y temor. De hecho, la palabra en hebreo para ardiente (srefa) se parece a la palabra shofar. Sin embargo, el shofar también es tocado como un llanto por la guerra. En ese llanto sin palabras hay mucho poder.

El propósito de esas lágrimas es estar conmocionados, no en autocomplacencia sino en elevación.

El shofar nos viene a decir que dentro de todos nosotros hay un lugar oscuro, de conmoción, de lágrimas. Pero el shofar también nos recuerda la palabra shipur, que significa mejorar. El shofar debe recordarnos el hecho de que Itzjak fue liberado y que un carnero fue ofrecido en vez de un ser humano. Ese es el propósito de las lágrimas, del llanto sin palabras. No es para rendirse si no para desesperarse. Para estar conmocionados, no en autocomplacencia sino en elevación, en convertir nuestras vidas en una ofrenda; no muriendo sino viviendo y amando a Dios.

No es sorprendente que nuestros sabios nos digan que el shofar va a ser tocado al final de los días para anunciar la resurrección de los muertos. Es una conexión de Abraham y la entrega de la Torá con el Mesías. Forma una cadena auditiva a través de la historia y es un despertador, ya que los judíos debemos ser el despertador del mundo. Despiértate y mira la grandeza de Dios en el mundo.

El shofar esta hecho de un cuerno animal. Toma las creaciones de Dios, el animal y el ser humano juntos, y toma la voz, el aliento que Dios soplo dentro del hombre, y hazlo manifestarse. Toma lo que es invisible y dale vida. Deja que la voz de Dios hable en el shofar. Toma lo que está unido al reino animal y natural y hazlo santo.

El primer paso es el llanto sin palabras. El Baal Shem Tov dijo: "La llave maestra es un corazón roto. Cuando un hombre rompe sinceramente su corazón ante Dios, el puede tener acceso a todas las puertas del departamento del Rey de los Reyes, El Santo Bendito Sea" (Ohr Yesharim). Ese llanto es el corazón roto. Ese es el llanto de todas las madres mencionadas en la lectura de la Torá y de la Haftará en Rosh Hashaná: Jana, Rajel, Sara y Hagar.

Pero el punto no es el corazón roto. El punto es la redención. El shofar es la voz de una verdad mucho mayor. Desde la estrecha apertura del shofar sale una enorme extensión de alivio. Los hijos de Rajel regresarán a sus fronteras. El llanto fundamental de nuestra madre se encontrará con la compasión de Dios. Nuestra esperanza es que Dios también llore por nosotros, sus hijos, que tenga compasión por nosotros, y que nos vea como una madre mira a sus hijos, perfectos sin importar todos sus errores.