Los sueños de ansiedad llegaron antes de lo que yo esperaba.

Yo sabía que venían, e intenté prepararme, para estar lista para luchar contra la sigilosa depresión, desencadenada irónicamente, por la época del año que debería ser un período de alegría, de crecimiento, de conexión a lo más dulce de lo dulce: la temporada de las Altas Fiestas.

Las festividades deben supuestamente ser para la renovación de la relación de uno con lo inefable, y en la menos sublime, para estar con tu familia y las personas que amas. Pero luego de 11 años de festividades como adulta soltera, odiaba el acercamiento de Tishrei con mayor intensidad cada año.

Por más que intentaba concentrarme en reconocer el dominio de Dios, en estar agradecida por todo lo que Él me ha dado, y dedicarme a trabajar en el gran numero de cosas en las que necesito mejorarme a mí misma, la tristeza se hace presente. Y, para ser honesta, también la vergüenza.

Otro año ha pasado y yo aún estoy sola.

Ahí es cuando el sueño de ansiedad llegó. Los detalles son confusos, pero comenzó conmigo parada en la parte de atrás de la sinagoga de mis padres junto a mi mejor amiga de la infancia, entusiasmadas por ver a personas que no había visto en mucho tiempo, y concluyó conmigo saliendo del santuario, con cara de vergüenza, humillada y sintiendo que no pertenecía al lugar. Tuve el sueño durante una siesta de Shabat por la tarde, así que no pude anotar los detalles, pero cuando me desperté, con el corazón latiendo, el terror rondando por los aires como perfume, mancillando una, por lo demás hermosa, tarde de verano en Jerusalem.

Otro año ha pasado y yo aún estoy sola. Nuevamente, entraré a la sinagoga y me daré cuenta de cómo las vidas de las otras personas han avanzado, que parejas han crecido demasiado para sus cómodos y acogedores departamentos en Jerusalem, que chicas casi una década menores están ahora en su segundo o tercer hijo. Sentiré que llamo la atención. Quizás estoy siendo paranoica, pero me avergonzaré cuando haya algo parecido a compasión en los ojos de las personas que me hablen. Escucharé sus pensamientos: "Aún no se ha casado". E intentaré sonreír gentilmente cuando uno o dos semi-extraños con buenas intenciones entonen de modo significativo que ellos esperan que "este año sea EL año".

Sin embargo, nuevamente seré una – bienvenida y amada – huésped en la mesa de otra persona. No me estresaré por cocinar y limpiar o por comprar zapatos nuevos para los niños de seis y ocho años. Todo lo que necesitaré hacer será comprar un regalo a la anfitriona. Tendré tiempo para clases y para el lujo de ser capaz de reflexionar, procesar, hacer teshuvá. Intentaré recordarme a mí misma cuán afortunada soy por eso...cuán loca pensarán mis amigas que estoy por envidiar sus noches sin dormir y sus días ajetreados.

Y una vez que esté en la sinagoga, nuevamente, susurraré, lloraré, gritaré la misma plegaria en silencio y de alguna forma mantendré mi fe en el Dios que, por razones desconocidas por mí, no me responde.

Soy parte de un grupo demográfico que no debería existir, y la comunidad judía no ha resuelto aún como acomodar el hecho de que existimos.

No es fácil ser soltera cuando no quieres serlo, donde sea que estés. Pero es aún más difícil en una sociedad increíblemente orientada a la familia como Israel o el mundo judío – especialmente en las partes observantes. Yo vivo en Jerusalem, la "comunidad" judía más prospera del mundo. Pero soy una mujer religiosa, soltera – no pertenezco a una sinagoga, no aparezco en la lista de alguno de los "neshei" (auxiliares femeninos) del barrio, no me necesitan en un minián. Vuelo por debajo del radar comunitario; no hay un camarote para mí, socialmente hablando. Sin ponerme melodramática, soy parte de un grupo demográfico que no debería existir, y la comunidad judía no ha resuelto aún como acomodar el hecho de que desafortunadamente existimos.

No es sorpresivo que muchos de nosotros nos alejamos y creamos subculturas alternas de solteros quienes andan todos juntos y de alguna manera se mantienen unidos, en la misma fase de la vida. Si una sociedad lamenta repetidamente la existencia de personas como yo, sin realizar acciones para cambiar mi objetable estatus, ¿es alguna sorpresa que las personas quieran crear comunidades substitutas en donde se sientan menos como monstruos y locos? O, Dios no quiera, ¿es tan sorprendente que algunas personas simplemente dejan la comunidad del todo?

La sociedad judía espera que las personas se casen. Hombre o Mujer, no has llegado realmente a la adultez hasta que lo hagas (No obstante el discurso del Bar Mitzvá).

Los últimos dos años, las Altas Fiestas fueron extrañas. Cada año, yo estaba saliendo de una relación que parecía tan cercana a ser LA Relación. Incluso a pesar de que no hayan resultado, ellas me habían llenado de esperanza: había estado tan cerca que la meta debería estar solamente a la vuelta de la esquina. Pero luego pasé la gran parte de ese año intentando componerme nuevamente luego de que la relación que había parecido ser perfecta, que pareció real, que pareció ser todo lo que había estado esperando, que pareció ser el motivo del porque había tenido que esperar tanto...explotó en mi cara. Estaba totalmente destrozada, y un año después, aún estoy cojeando, intentando entender porqué ocurrió, porqué había hecho las cosas que hice, porqué, en Su sabiduría, Dios decidió que tenía que pasar por lo que había atravesado...He intentado con mucha fuerza aprender de ella, como he aprendido de mis otras relaciones, para crecer, para dejar que me enseñe cosas que obviamente necesitaba aprender. Pero, en su mayor parte, 16 meses después, solamente siento dolor y consternación.

Ahora viene nuevamente Rosh Hashaná. Y aquí estoy, aún sola. Hineni.

Es tiempo de coronar al Rey, de responder por mis acciones, hacer un cálculo de mi último año, del regalo de otros 365 días...

Y en todo lo que puedo pensar es en estar sentada en la mesa de otra persona. Nuevamente (déjenme ser clara: tengo la bendición de tener amigos que me ayudan, que me invitan, que intentan alivianar la incomodidad que ellos saben que sufro. Estoy agradecida, profundamente agradecida. Pero simplemente no puedo creer que esté dependiendo de su bondad nuevamente). Nuevamente: estaré abrazando al hijo de mi amiga, el cual está creciendo tanto que ya no podrá sentarse en mis piernas por mucho tiempo más, e imaginándome cuando podré darle a mi madre un nieto, si es que lo haré. Y estaré pensando durante este tiempo, sentada al lado de otra amiga de una amiga que me dirá que conoce muchas chicas buenas como yo, "pero ningún chico bueno".

Y sus palabras harán eco en mis oídos mientras me siente en la sinagoga en donde no pertenezco...y una vez más abriré mi corazón a mi Creador y le rogaré que me deje entregar todo lo que creo que tengo para entregar. Cada fase de la vida tiene sus dificultades: Por favor, cambia la mía. Tantas mujeres solteras tienen que luchar contra la amargura y la desesperanza, la soledad y la tristeza que es la suave música de fondo de nuestros días, incluso cuando nuestras vidas están bendecidas de otras formas.

Por favor, Dios, haz el cambio: Pruébame con el duro trabajo que requiere el matrimonio. Permíteme estar luchando, con falta de sueño y aislada, como todas mis amigas cuando tuvieron su primer bebé. Permíteme pensar que me voy a volver loca si no tengo algo de tiempo para mí, un momento de paz. Permite que mis suegros me molesten, y que me confundan respecto a que lado de la familia tenemos que ir para las festividades. Desafíame con uno o dos hijastros.

Si consigo salirme de mi niebla egocéntrica, rezaré por otros que están en mi situación, hombres y mujeres judías que quieren más que nada poder construir hogares judíos. Sea lo que sea lo que nos está deteniendo, permite que este sea el año en que ya no estemos más solos. Permite que este sea el año en que cada uno de nosotros se convierta en parte del pasado y presente – y futuro – judío estableciendo familias judías.

Que este sea el año en que las amigas de mis amigas no me informen inútilmente de la falta de chicos buenos sino que se vayan a casa y hagan una lista. Ellas harán algunas llamadas telefónicas. Encontrarán al menos cinco chicos buenos para presentar entre el océano de chicas buenas que ellas dicen conocer (que este sea el año en que ellas se den cuenta que decirle a esas chicas que no hay chicos buenos ahí afuera realmente no es constructivo).

Que este sea el año en que las personas recuerden incluir a los solteros y divorciados y a otras personas sin familia.

Que este sea el año en que más rabinos y dirigentes comunitarios dejen de gritar gevalt (emergencia) sobre el creciente número de personas mayores no casadas y comiencen a hacer algo por eso. Permite que ellos comiencen a preocuparse de temas como el compromiso, el derej eretz, de las estructuras comunitarias – sea lo que sea que nos está deteniendo a tantos de nosotros.

Que este sea el año en que las personas recuerden incluir a los solteros y los divorciados y a otras personas sin familia. Que recuerden que cada festividad, cada shabat, es un recordatorio para nosotros de cómo no tenemos lugar, de lo que no tenemos.

Que este sea el año en que las personas con hijos inviten a parejas sin hijos – solamente porque ellos no pueden ser pareja de juegos para los niños durante la tarde, no significa que no son parte de su comunidad. Que este sea el año en que las personas recuerden que preguntarle a alguien "¿Por qué te estás tardando tanto?" en tener hijos puede ser la cosa más devastadora que alguien que está luchando contra la infertilidad podría escuchar.

Que este sea el año en que los acosados y agotados padres y madres mientras se estén preparando para un Iom tov de tres días, se detengan y recuerden cuán increíblemente bendecidos son de tenerse el uno al otro, por más imperfectos que sean, y que sus gritones y traviesos niños son los mejores regalos que Dios tiene para dar.

Y que este sea el Rosh Hashaná en que el aburrido y punzante vacío se hunda durante suficiente tiempo como para que nosotros recordemos que, lo que sea que esté faltando en nuestras vidas, hay solamente un lugar al que podemos acudir.

Hace un tiempo atrás este año fui a una shadjanit (casamentera), una mujer dulce e inteligente, de la cual me habían advertido que a veces era un poco difícil. Luego de hablar durante un tiempo, ella dijo, "Aj, eres tan inteligente, y graciosa, e interesante, y hermosa...".

Espere por el "pero...".

"— ¡nunca podré encontrar un marido para ti!".

Fue uno de esos momentos en lo que sabía que podía elegir entre estar devastada o encontrarlo gracioso. Después de todo, lo que ella estaba diciendo en realidad es que no es sorpresivo que me esté demorando tanto en casarme – soy una chica especial, necesito un chico especial.

Sonreí y dije que ella no tenía que preocuparse.

"Usted no es la única responsable de encontrarme un marido", le aseguré- "Ese es el trabajo de Dios. La única pregunta es si usted tendrá el privilegio de ser el medio que Él escoja para que eso suceda. Y yo confío en Él completamente".

Que este sea el Rosh Hashaná en el que tenga ello siempre presente.