—Sabes, yo también soy judío.

Esta fue la frase de apertura del pasajero que estaba sentado a mi lado en un vuelo reciente. Yo volvía a casa después de una conferencia y, en los primeros momentos de conversación, me di cuenta que este padre de tres era judío y que sus hijas prácticamente no tenían ninguna conexión con sus raíces. A pesar de no ser religioso, él siempre había tenido fuertes sentimientos por su judaísmo.

—Sin embargo, veo que este vínculo no existe en mis hijas, y no logro entender la razón. Sabes, yo no crecí siendo observante.

—Al menos creciste con una imagen —dije—. Estoy segura de que tuviste una bobe.

Él asintió con la cabeza.

—Las festividades tenían sus propias tradiciones y comidas especiales. Quizás incluso recuerdes las velas de Shabat y algunas melodías en hebreo. Tienes recuerdos en tu interior que todavía tocan tu corazón. Pero, honestamente, ¿qué tienen tus hijas? Se están acercando las Altas Fiestas. Cuando tus niñas piensan en Rosh HaShaná y Iom Kipur, ¿qué imagen les viene a la mente?

Mi compañero de vuelo permaneció en silencio.

—¿La verdad? —contestó— es que pasamos los días en el templo y contamos las páginas que faltan para terminar. Compramos ropas nuevas, socializamos con amigos, tenemos una excelente comida para romper el ayuno y nos despedimos hasta el año siguiente.

Si no conocen nuestras tradiciones y nuestro pasado, nuestros hijos no sabrán quiénes son. Cuando tenemos raíces fuertes creamos una identidad, sabemos de dónde venimos y adónde vamos.

—Aún estás a tiempo —le dije—. Descubre tus raíces, crea tradiciones familiares y forja un lazo con el judaísmo. El futuro de nuestro pueblo depende de ti.

Prometió que lo haría y, si está leyendo este artículo, espero que le sirva de recordatorio para que mantenga su palabra.

Las tradiciones nos ayudan a desarrollar una sensación de objetivo en común como familia. Cuando les agregamos significado a nuestras festividades, creamos un legado que la generación siguiente podrá transmitir. Podemos acercar a nuestros hijos al judaísmo y a nuestro pueblo; transmitimos una identidad real y duradera.

Involucrando a nuestros hijos

Los niños son curiosos por naturaleza. Les encanta explorar, escuchar y hacer preguntas. Cuando la vida judía se torna tediosa, nuestros hijos se apagan y sienten que el judaísmo es aburrido. Nada es más lejano a la realidad que eso, pero la inspiración debe comenzar con nosotros. Si nosotros nos acercamos a las Altas Fiestas con temor o indiferencia, ¿cómo podemos esperar que nuestros hijos sientan excitación y alegría?

Entonces, el problema es que muchos de nosotros nos sentimos desconectados. Creemos que las festividades son "lo mismo de siempre". No podemos delegar nuestro judaísmo a las escuelas judías, a los maestros o a la sinagoga.

Tenemos que involucrar a nuestros niños. Tenemos que asumir la responsabilidad y transmitir la belleza de nuestro legado a nuestros hijos e hijas. Nosotros tuvimos el privilegio de traer estas almas al mundo; ahora, debemos nutrirlas con fe y tradiciones.

Haciendo que las festividades sean relevantes para nuestros niños

1. Redescubre la emoción de las tradiciones

Si estudiamos más y evitamos quedarnos estancados, entonces podremos volver a encender nuestra pasión por el judaísmo. Yo todavía siento excitación cuando estudio y encuentro sabiduría espiritual. Después, me encanta compartir mis pensamientos con mi familia. No permitas que pasen las festividades sin que aprendas algo nuevo de ellas, y asegúrate de que tu familia sea parte de tus nuevos conocimientos. Busca artículos, asiste a grupos de estudio, baja clases en audio; hoy en día hay muchísimas oportunidades para estudiar.

Si repetimos todos los años el mismo mensaje sin encontrar un conocimiento más profundo, nuestros hijos sentirán que nos han superado y nosotros no estaremos motivados para crecer; estaremos espiritualmente congelados en el tiempo.

2. Actividades familiares

Cuando nos reunimos, nos unimos como familia. Maximizamos nuestros días y aumentamos nuestra conexión. Las festividades nos permiten disfrutar de nuestro tiempo juntos mientras fortalecemos el santuario en miniatura que todo hogar judío puede llegar a ser.

Aquí hay algunas ideas para niños de todas las edades:

  • Crea tarjetas de festividades para los amigos y la familia. Nuestro mundo está tan acostumbrado a los emails y los mensajes de texto que ya nadie se toma el tiempo para escribirle un mensaje especial a otra persona. Imagina la alegría que les darías a los abuelos, a tus vecinos solitarios y a tus amigos y parientes que tanto apreciarían una conexión personal. Un cálido mensaje en una tarjeta hecha a mano iluminaría la vida de muchas personas.

  • Piensa en objetivos a los que tu familia pueda aspirar este año. Es un buen momento para la introspección. En nuestra acelerada cultura, muchos de nosotros no nos tomamos el tiempo para detenernos y pensar. Podemos idear formas que nos ayuden a ser más amables con los demás, como no usar el teléfono o la blackberry mientras cenamos en familia. Podemos asignar tiempo para estar en familia y conversar. Podemos hablar sobre ponernos algún objetivo respecto al cumplimiento de mitzvot, como bendecir antes de comer o recitar el Shemá antes de ir a dormir. Podemos prohibirnos hacer lashón hará (chismear) en nuestras comidas y tratar de ser más sensibles a la gran cantidad de ocasiones en que denigramos a los demás sin advertir el daño que estamos causando.

  • Establece una tradición de jésed (bondad) para que tu familia haga este año. Quizás tienes un vecino que vive solo o amigos que no han descubierto la belleza de Shabat. Puede que haya gente en tu vida que está teniendo dificultades económicas o emocionales. ¿No haría una gran diferencia una invitación a tu mesa de Shabat o que le lleves jalá, jugo de uvas y galletitas a alguien necesitado?

También puedes alentar a tus hijos a llenar bolsas con su ropa usada para ayudar a niños necesitados. Explícales cuánto apreciará otro niño su cálido buzo en un día de invierno o sus bonitas ropas cuando vayan a la escuela con chicos de su edad que visten a la moda. Si les dedicas un tiempo podrás enseñarles a tus hijos cómo pueden hacer una diferencia en este mundo.

  • Todo hogar debería tener una caja de tzedaká (caridad). Los niños pueden decorar sus cajas como deseen. Algunas familias tienen una tradición de poner una moneda en la caja de tzedaká cada viernes antes de encender las velas. Conversa sobre a quién te gustaría dar la tzedaká este año cuando la caja esté llena. Habla sobre la mitzvá de tomar de los ingresos propios y del dinero recibido por el bar/bat mitzvá y dar una parte a caridad. Siempre debemos apreciar lo que Dios nos dio y nunca debemos volvernos arrogantes y olvidar a quienes necesitan nuestra ayuda.

  • Se acostumbra pedirle perdón al resto en la época previa a las Altas Fiestas. Pide disculpas de forma verbal. No dejes que los hermanos se guarden rencor ni que se tengan odio; eso no es lo que enseña la Torá. Asegúrate de que los niños vean a sus padres comenzar el año con paz y tranquilidad. Si tuviste un año difícil con uno de tus hijos, explícale que tal como le pedimos a Dios que nos perdone y que nos permita comenzar desde cero, debemos hacer lo mismo el uno con el otro. Bendice a tus hijos. Puedes encontrar la bendición a los hijos aquí.

Cuando era niña, siempre visitábamos a mis abuelos maternos —mi bobe y mi zeide— antes de las Altas Fiestas. Recuerdo que cuando entraba por la puerta, sus rostros se iluminaban. El ánimo se volvía solemne cuando nos alineábamos en orden de edad para que nuestros abuelos nos bendijeran. Zeide ponía su mano sobre mi cabeza levemente agachada y yo sentía sus cálidas lágrimas mientras él murmuraba las palabras. Bajo el refugio de su larga y blanca barba me sentía segura; sabía que estaba en presencia de una increíble santidad.

Luego iba donde la bobe y ella también me bendecía llena de lágrimas. Recuerdo a mi madre llevar la mano de su padre hacia sus labios para besarla. Ella lloraba y le pediría, en idish, perdón por cualquier daño que le hubiera causado el año anterior. Las lágrimas fluían abundantemente. Todos sentíamos cómo se aproximaban imponentemente las Altas Fiestas.

A medida que se van acercando Rosh Hashaná y Iom Kipur, estos son los recuerdos que permanecen grabados en mi alma. Han pasado muchos años; yo sólo era una niña, pero cuando cierro mis ojos, aún puedo oír las voces de mi bobe y mi zeide.

Tenemos en nuestro interior la capacidad de crear recuerdos para la próxima generación. La pregunta es: cuando se aproximen las Altas Fiestas y tus hijos miren hacia atrás, ¿qué imagen verán?