Para la mayoría, respirar es algo obvio, algo que damos por sentado. Después de todo, es algo que ocurre de forma automática. Pero al acercarnos a Rosh HaShaná y mirar hacia atrás a lo que ocurrió en el año judío 5780, es obvio que la 'respiración' ocupó un lugar especial.

Este año será recordado como el año del COVID-19, el año de respiradores y de máscaras que nos dificultan respirar. Este año será recordado como el año en que nos vimos obligados a detener el ritmo vertiginoso de nuestras vidas diarias y simplemente respirar. Y con cada inspiración y espiración nos volvimos más humildes, cedimos el control, enfrentamos cada día a medida que llegaba y vivimos un poquito más en el presente.

Para todos los que sufrieron pérdidas, traumas y desilusiones, 5780 será recordado como un año de desafíos y dolor. Pero muchos recordarán este año como el año que los sacó del trance de una vida repetitiva y les dio la oportunidad de aprender a enfocarse en lo que realmente importa, en llegar a conocer un poco mejor a sus familias y a ellos mismos, un año que les enseñó realmente cómo "respirar".

En Rosh HaShaná tenemos el mandamiento de tocar el shofar, un mandamiento singular que se cumple utilizando nuestra respiración. El sonido del shofar representa el nacimiento de la humanidad, cuando Dios "sopló" en la nariz del hombre su alma y le dio un "espíritu vivo" (Génesis 2:7). La respiración simboliza el alma, y las dos palabras comparten la misma raíz en hebreo. La palabra para 'alma' es neshamá, que es casi idéntica a la palabra neshimá, que significa 'respiración'. No es de sorprender que uno pueda tomar conciencia de los niveles más elevados de su alma al detenerse y prestar atención a su respiración.

Tocar el shofar nos enseña cómo descubrir nuestra alma. El shofar es simplemente un caparazón vacío; sin embargo, él transforma un soplo fugaz en un poderoso grito de victoria. Sólo cuando nos "vaciamos", cuando soltamos nuestro ego y cedemos la falsa sensación de control, sólo entonces podemos experimentar por completo la esencia espiritual que hay en nuestro interior.

Rav Abraham Jaim de Zlotchov, uno de los primeros maestros jasídicos, más conocido como el Oraj LeJaim,, al comentar el versículo "Eleva tu voz como un shofar" (Ieshayahu 58:1), escribió: "Cuando nos vemos a nosotros mismos como un shofar que no tiene ninguna voz fuera de la que soplan en él, y entendemos que no tenemos ningún poder fuera del que Dios nos da, entonces podemos despertar el amor Divino y atraer hacia nosotros gran bondad y compasión".

Este último año aprendimos a hacer exactamente eso. Vimos con qué rapidez puede cambiar toda nuestra vida, y cómo todo el mundo puede entrar en un caos. Vimos que la mayoría de las estructuras externas que construimos en verdad son vacías e indefensas, como un shofar. Aprendimos que, sin respirar, sin una conexión espiritual, sin relaciones significativas, sin crecimiento personal, nuestras vidas pueden vaciarse rápidamente.

Cuando el virus comenzó a propagarse, muchos notaron que su nombre era 'corona' y señalaron que este virus iba a despertar al mundo para que entendiera cuánto dependemos del Rey de reyes para que nos proteja y mantenga el mundo en orden. La tradición judía enseña que el shofar es el instrumento que usamos para coronar a Dios como Rey, proclamando que todo lo que tenemos depende de Dios, Quien constantemente nos otorga vida y nos mantiene con Su energía Divina.

Al mirar hacia atrás y evaluar este año en el cual aprendimos cómo prestar atención a nuestra respiración, en el cual vimos el vacío y la fragilidad de nuestro supuesto control, en el cual la palabra 'corona' se convirtió en una palabra famosa a nivel mundial, quizás podemos ver todo el año como un "gran toque de shofar", un gran recordatorio de Quién tiene realmente el control.