Antes de analizar los aspectos específicos de cualquier festividad en particular, es importante entender la singular perspectiva judía sobre el tiempo así como sobre las festividades en general. El mundo ve al tiempo esencialmente con una línea recta. El momento presente es un punto único a lo largo de esta línea, algo que nunca existió antes y nunca volverá a existir. El pasado terminó por completo y el futuro todavía no ha ocurrido.—

El modelo judío del tiempo es un espiral. Si bien el tiempo por cierto avanza hacia adelante, también progresa a través de un ciclo de estaciones. Cada año pasamos a través de las mismas coordinadas estacionales que están imbuidas con el potencial espiritual que inicialmente se estableció en ellas.

Este es el significado de las festividades judías. Ellas sirven como señales en el espiral del tiempo para enseñarnos qué cualidades específicas fueron embebidas en esa estación en particular. Por ejemplo, cuando el pueblo judío salió de Egipto en la época de Pésaj, esto nos enseña que cada primavera tanto la libertad física como espiritual están incorporadas dentro del tiempo. Cada vez que nuestro viaje cíclico a través del tiempo encuentra una festividad, volvemos a experimentar directamente la calidad de esa época. Además, aquello que originalmente ocurrió en esa época de hecho vuelve a ocurrir cada año. Por lo tanto, cada festividad es una ventana de oportunidad metafísica.

En consecuencia, la pregunta clave respecto a cada festividad es: ¿Cuál es la oportunidad particular que esta festividad nos presenta? Hay tres pistas que nos ayudan a descubrir el significado de cada festividad.

En primer lugar, ¿cuál fue el evento histórico que ocurrió la primera vez que este día fue significativo? ¿Cuál fue su impacto metafísico sobre el pueblo judío y sobre el mundo? Esta es la pregunta más obvia que debemos formularnos. Como explicamos, es específicamente este impacto metafísico lo que retorna cada año en la misma época. En verdad de eso se trata la festividad.

En segundo lugar, ¿cuáles son las diversas mitzvot, directivas rabínicas y costumbres de la festividad?

Si la Torá y los Sabios nos dicen hacer ciertas actividades o evitar otras durante la festividad, claramente estos “hacer” y “no hacer” están diseñados para ayudarnos a acceder a esta oportunidad. Incluso las costumbres, desarrolladas por el subconsciente del pueblo judío a lo largo de los siglos, están enraizadas en una consciencia del potencial singular de estos días. Mientras más entendemos las herramientas particulares que son apropiadas para cada festividad, más entenderemos las oportunidades mismas a las cuales nos permiten acceder estas herramientas.

Finalmente, ¿cuál es el nombre de la festividad?

El judaísmo considera que los nombres hebreos tienen enorme significado. Lejos de servir solamente como rótulos convenientes, los nombres hebreos identifican y expresan la esencia subyacente de aquello que describen.

Con estos tres puntos claves, ahora podemos comenzar a develar las diversas capas de significado de cada una de las festividades judías.

Rosh HaShaná

Comencemos pensando en algunos aspectos curiosos de las Altas Fiestas. Vamos a plantear tres preguntas y luego intentaremos resolverlas con la ayuda de nuestras tres pistas claves.

¿De qué se trata Rosh HaShaná? Además de su significado de ser “la cabeza del año”, también nos referimos a este día como el “Día de Juicio”. En Rosh HaShaná, cada persona del mundo es juzgada de forma individual.

De hecho, el Talmud nos dice que en Rosh HaShaná se abren tres libros: el Libro de la Vida, para quienes son juzgados como completamente rectos; el Libro de la Muerte, para quienes son juzgados y hallados completamente malvados; y el Libro de los Medianos, para quienes se encuentran en el medio.

Si Rosh HaShaná es realmente el día en que cada persona es evaluada para la vida o la muerte, ¿cómo debería comportarse la gente en este día? ¿No esperaríamos que pasen el día tratando de arreglar los errores del pasado, suplicando por su caso personal y rezando a Dios para que les otorgue un buen juicio?

¿Qué es en verdad lo que los Sabios nos dicen que debemos hacer en Rosh HaShaná? Curiosamente, en las plegarias de Rosh HaShaná virtualmente no se menciona nuestro juicio personal. En cambio, las plegarias son sobre la condición general del mundo. Rezamos pidiendo que el mundo reconozca a Dios como su Rey exclusivo, Quien tiene consciencia de todo lo que ocurre, y que el shofar del Monte Sinaí demuestre el amor y la preocupación de Dios por toda la humanidad. Sin duda estas plegarias son bellas y muy significativas. La dificultad es por qué nos centramos exclusivamente en la situación general del mundo en el momento en que juzgan nuestra vida. Esta es la primera dificultad.

Ahora pensemos sobre Iom Kipur. ¿Por qué es un día tan significativo? Es el “día de kapará”- el momento de limpieza espiritual. Es el día en que somos capaces de corregir el daño causado por todos nuestros errores del pasado. Siendo así, ¿no hubiera sido más lógico que Iom Kipur tuviera lugar antes que Rosh HaShaná? Es decir, ¿no sería más lógico que el “día de limpieza” precediera al “día de juicio”? Esta es nuestra segunda dificultad

La tercera pregunta surge de una discusión en el Talmud en el tratado de Rosh HaShaná sobre la naturaleza del juicio de Rosh HaShaná. La lectura de la Torá del primer día de Rosh HaShaná presenta la historia de Ishmael (el padre del pueblo árabe) cuando suplicó por su vida (en Rosh HaShaná). El versículo nos dice que: “Dios oyó la voz del joven donde estaba”. El Talmud explica que las palabras “donde estaba” no se refieren a la ubicación física de Ishmael. Eso hubiera sido completamente superfluo. ¿En qué otro lugar le iba a responder Dios, fuera del lugar en el que estaba? Más bien el versículo habla en términos temporales. Basado en esto, Rabí Itzjak (en el Talmud) dice: “(En Rosh HaShaná) la persona sólo es juzgada de acuerdo con sus actos en ese mismo momento”.

Los comentaristas explican que Ishmael se salvó en ese momento a pesar de que sus descendientes estaban destinados a dañar al pueblo judío más tarde en la historia. En otras palabras, los actos negativos de sus descendientes en el futuro no cambiaron su juicio en ese momento.

Sin embargo, en el Talmud de Jerusalem se cita una fuente diferente que parece ir todavía más lejos. Allí nos dicen que incluso si un individuo no fue puro y recto en el pasado, mientras sea puro y recto en el presente, en Rosh HaShaná mismo, tendrá un juicio favorable.

Estas dos fuentes juntas (es decir, el juicio positivo de Ishmael en Rosh HaShaná a pesar de que sus descendientes provocarían sufrimiento posteriormente al pueblo judío, e ignorar el hecho de que la persona juzgada no haya sido pura y recta en el pasado), nos enseñan algo destacable. Pareciera que el juicio de Rosh HaShaná no tiene que ver con el pasado ni con el futuro, sino exclusivamente con la situación particular en el día mismo de Rosh HaShaná. Esto significa que incluso si la persona juzgada fue malvada durante el año previo, mientras que sea recta en Rosh HaShaná será juzgada como una persona recta. Esto parece contrariar cualquier noción de lógica y justicia en la naturaleza del juicio. Esta es nuestra tercera dificultad.

Para resumir, las tres preguntas son:

  1. Si todos somos juzgados en Rosh HaShaná para la vida o la muerte, ¿por qué no hacemos teshuvá ni defendemos nuestro caso personal?

  2. ¿Por qué Iom Kipur (el “día de limpieza”) no precede a Rosh HaShaná (el “día de juicio”)?

  3. ¿Cómo es posible que el juicio de Rosh HaShaná dependa exclusivamente del mismo día de Rosh HaShaná, sin ninguna relevancia del futuro ni del pasado?

Previamente mencionamos que cada festividad tiene tres pistas para ayudarnos a descubrir su significado oculto. Vamos a comenzar con la primera, su significado histórico, para tratar de resolver estas dificultades.

¿Qué fue lo que ocurrió en el primer Rosh HaShaná? Aunque en las plegarias de Rosh HaShaná nos referimos a este día como “iom harat olam” (el nacimiento del mundo), no fue de hecho el día de la creación del mundo sino el día de la creación de la humanidad. El primer Rosh HaShaná fue el sexto día de la creación, el día en el cual fue creado Adam, el primer ser humano.

El nacimiento del libre albedrío

Vamos a formular una pregunta que puede parecer extraña: ¿cuál es el gran significado de la creación de la humanidad? Antes del sexto día, la Torá nos dice que Dios ya había creado todo el mundo físico, así como una vasta cantidad de diferentes formas de vida. ¿Qué fue entonces lo que la humanidad trajo al mundo que antes no existía?

Cuando la Torá describe la creación de la humanidad, nos dice que el hombre fue creado “betzelem Elokim”(a imagen de Dios). Uno de los principales significados de este concepto fundamental es que los seres humanos tienen la capacidad de ejercer libre albedrío respecto a las decisiones morales.

Para entender debidamente esto, necesitamos valorar la perspectiva judía sobre el ser humano. Cada persona tiene un cuerpo y un alma. El cuerpo desea lo material; el alma desea espiritualidad. El cuerpo está interesado en su propia gratificación a corto plazo, al alma le interesa la eternidad. ¿Qué es lo que decide qué parte prevalece?

El judaísmo entiende que en el sistema hay un tercer componente: el libre albedrío. El libre albedrío es lo que arbitra esta existencia en pugna entre el cuerpo y el alma. Específicamente, lo que celebramos y revivimos cada Rosh HaShaná es la creación del libre albedrío, que epitomiza nuestra misma humanidad. Como dijo mi maestro, Rav Berkowitz, Rosh HaShaná es el nacimiento del libre albedrío.

El libre albedrío sólo existe en el presente

Es significativo que de estos tres componentes diferentes del ser humano (el cuerpo, el alma y el libre albedrío), es específicamente el libre albedrío el que sólo existe en el momento presente. Por ejemplo, una persona puede vivir su vida de acuerdo con un grupo particular de lineamientos morales durante muchos años y de pronto, en un instante, decidir cambiar completamente de camino. Por definición, el estado del libre albedrío es aquello que uno decide en ese momento en particular.

En contraste con el libre albedrío, que existe sólo en el presente, el estado tanto del cuerpo como del alma es casi por completo una función del pasado. Por ejemplo, la salud física de una persona en determinado momento está prácticamente determinada por su dieta y los ejercicios que hizo en el pasado, incluso si eso es diferente de lo que hace en el presente. Asimismo para el alma, por lo general la acumulación de los comportamientos del pasado son los que determinan la salud espiritual y no los ocasionales cambios que tienen lugar posteriormente.

El foco en Rosh HaShaná

Si unimos este punto (que el libre albedrío existe exclusivamente en el presente) junto con la críptica descripción del Talmud respecto a que “la persona sólo es juzgada (en Rosh HaShaná) de acuerdo con sus actos en ese mismo momento”, entendemos algo remarcable: el juicio de Rosh HaShaná es específicamente sobre el estado de nuestro libre albedrío. Tratemos de entender qué es lo que esto significa.

Generalmente asumimos que el foco de Rosh HaShaná es el estado de nuestra mente, es decir el repositorio espiritual de nuestros actos durante el año previo, y no lo que nuestro libre albedrío elige en ese momento particular. Esto explicaría por qué parece tan obvio que el juicio de Rosh HaShaná sería una evaluación acumulativa basada en nuestros actos del año pasado.

La salud espiritual del alma como resultado del comportamiento pasado obviamente tiene critica importancia, pero no es el foco en Rosh HaShaná.

Todo lo que alguna vez hemos hecho, tanto positivo como negativo, afectó a nuestras almas. Si esto se deja de esta manera, esos diversos impactos nos acompañarán para siempre, tanto en este mundo como en el próximo. Afortunadamente, el judaísmo dice que hay una manera de minimizar e incluso eliminar el impacto negativo de nuestros errores del pasado para la eternidad. Este mecanismo es la teshuvá (retorno) y el resultado se llama kapará (limpieza espiritual). Este objetivo de kapará es tan importante que tenemos una festividad especialmente dedicada a lograrlo: Iom Kipur (el día de kapará). En Iom Kipur tratamos de revisar nuestros actos del año previo y de corregir todos nuestros errores.

Si específicamente en Iom Kipur revisamos nuestro comportamiento y situación del año previo, ¿cuál es entonces el propósito de Rosh HaShaná? Antes mencionamos que una de las pistas para descubrir la esencia de una festividad es examinar su nombre. Por la manera en que a menudo se entiende a Rosh HaShaná, hubiera sido más apropiado que se llamara “sof HaShaná” (el fin del año) y que tuviera lugar al finalizar el año previo. Sin embargo, se llama Rosh HaShaná (la “cabeza del año”), y, por supuesto, tiene lugar al comienzo de un nuevo año. Además de reforzar que el foco principal de Rosh HaShaná no son nuestros actos del año previo, ¿Qué más nos enseña el nombre?

Potencial en el presente para el futuro

La esencia de Rosh HaShaná es específicamente este punto: que es el comienzo mismo del nuevo año. Así como Dios originalmente creó a la humanidad como una pizarra completamente en blanco en el primer Rosh HaShaná, así también Él nos crea nuevamente a cada uno de nosotros como una pizarra en blanco al comienzo de cada nuevo año. Rosh HaShaná es una oportunidad anual para establecer una nueva dirección y una realidad fresca en nuestras vidas. No te quedas atascado en el pasado. Pregúntate a ti mismo: “Si naciera en este mismo instante, sin las limitaciones de mis hábitos y patrones del pasado, ¿qué haría? ¿Cómo viviría de forma ideal este nuevo año?”.

Esto es lo que significa que el juicio de Rosh HaShaná es un juicio sobre nuestro libre albedrío, o en otras palabras, sobre las elecciones y los valores que expresamos en el mismo día de Rosh HaShaná. Dado que el nuevo año es una pizarra completamente en blanco para cada uno, Dios nos presenta la oportunidad de establecer qué valores y parámetros nos gustaría que gobiernen nuestro nuevo año. Y entonces Dios nos da la clase de año que de hecho nosotros mismos elegimos. En otras palabras, Dios nos da para este nuevo año tanto como nosotros queremos hacer, no tanto como hemos hecho.

El temor y la aprensión que comúnmente se siente en Rosh HaShaná no es sólo temor a que Dios sea duro con nosotros, sino que también se debe a que la oportunidad del día es enorme. Imagina ganar un concurso que como premio te permite permanecer cinco minutos dentro de una gran tienda y quedarte con todo lo que puedas sacar afuera. El temor que probablemente sentirías justo antes de que comiencen esos cinco minutos es no poder obtener todo lo que podrías ganar ante semejante oportunidad.

Ahora regresemos a nuestras tres preguntas originales. Nuestra primera pregunta era: “¿Por qué no debemos pasar el día tratando de corregir nuestros errores del pasado para recibir el mejor juicio posible?”. Esto claramente se basa en nuestra asunción de que el juicio en Rosh HaShaná es un juicio sobre nuestros actos durante el año previo.

La clave para entender esto en verdad surge de la tercera pregunta, la sorprendente declaración del Talmud respecto a que el juicio de Rosh HaShaná es exclusivamente sobre el mismo día de Rosh HaShaná. Esto nos dice que el juicio de Rosh HaShaná no es sobre el estado de nuestras almas sino más bien sobre nuestras elecciones de libre albedrío. Una vez que entendemos que el juicio de Rosh HaShaná es básicamente una evaluación de lo que nosotros mismos queremos para el nuevo año, es obvio que nuestro comportamiento del pasado aquí no es el punto. Lo relevante es si apreciamos lo que realmente es valioso y si tomamos las elecciones adecuadas para el nuevo año. Esto también explica por qué nuestras plegarias en Rosh HaShaná son que todo el mundo llegue a una valoración profunda de la existencia de Dios, de Su consciencia y Su supervisión. Al establecer esto como las plegarias de Rosh HaShaná, los Sabios nos enseñan la siguiente lección: reconocer las necesidades de los demás, vernos a nosotros mismos como responsables por otros, y entender que la mayor necesidad de cualquiera es valorar con más profundidad la realidad. Estos son los valores más importantes sobre los que debemos basar nuestro nuevo año.

El cambio para el futuro debe preceder a la corrección del daño del pasado

Esto nos deja sólo con la segunda pregunta: ¿Por qué Iom Kipur, el día de purificación, no precede a Rosh HaShaná, el día de juicio? En un nivel simple, esta pregunta también se basa en la asunción errónea de que el juicio de Rosh HaShaná es un juicio sobre nuestros actos durante el año previo. En consecuencia, parece lógico que Dios nos permita una oportunidad de limpiarnos de nuestros errores previos antes de juzgarnos por ellos. Sin embargo, incluso ahora que reconocemos que el juicio de Rosh HaShaná es sobre las elecciones que tomaremos en este primer día del nuevo año, todavía sigue siendo necesario entender la lógica por la que Rosh HaShaná precede a Iom Kipur.

Todos somos capaces de elegir un nuevo camino en la vida, independientemente de nuestra situación hasta ese momento, en cualquier momento que deseemos hacerlo. Esto se puede hacer en cualquier momento a lo largo del año, y mucho más en Rosh HaShaná. Pero, ¿cuán probable es que ocurra? Todos cargamos con una vida completa de hábitos y patrones del pasado. En vista de esto, ¿cuántas personas serán suficientemente fuertes como para simplemente tomar la decisión de comenzar a marchar en una nueva dirección en sus vidas? Teniendo en cuenta esto, también tendría más sentido que la purificación de Iom Kipur ocurriera primero y de esta forma ayudara a que nuestras elecciones para el nuevo año en Rosh HaShaná se vieran menos impedidas por los errores del pasado.

Para explicar el error de esta forma de pensamiento utilizaremos una analogía. Imagina que conoces a alguien que es un alcohólico o un drogadicto. Esta adicción ha dañado cada aspecto de su vida: su familia, su situación laboral, sus amistades, etc. Un día viene y te dice que decidió corregir todo el daño que ha causado. Él compiló una lista extensiva de todos los errores que cometió durante los últimos años y planea acercarse a cada una de las personas que dañó con esos errores y pedirles disculpas. Tan admirable como puede ser esto, hay una circunstancia obvia en la que probablemente tratarías de disuadirlo con fuerza: si todavía no comenzó a trabajar sobre el alcoholismo o la adicción misma. Le dirías que primero dirija su energía a la situación y la dirección de su vida personal. No sólo porque esto es mucho más fundamental, sino también porque si no trabaja primero sobre eso, lo más probable es que termine lastimando nuevamente a muchas de esas personas en el futuro. Tan importante como es que vaya a pedirle perdón a todas esas personas, eso sólo tiene sentido una vez que primero corrigió su vida.

Veamos una segunda analogía para que quede todavía más claro. Imagina una persona que tiene un auto repleto de rayones y abolladuras porque es un pésimo conductor. Él va a un taller de chapa y pintura para que arreglen todo el auto. El dueño del taller le dice que no vale la pena hacerlo, que será una pérdida de dinero y le recomienda que primero aprenda a conducir mejor. Simplemente reparar los daños de su auto sin cambiar primero sus malos hábitos de conducción no tiene ningún sentido, porque es inevitable que vuelva a chocar. Sólo una vez que mejore la forma en que conduce, tendrá sentido que haga arreglar el auto.

Todos los seres humanos cometen errores. Por lo menos una vez al año necesitamos evaluarnos y trabajar para mejorar. Nuestro crecimiento espiritual debe ocurrir en dos partes diferentes de nuestro ser: en nuestro libre albedrío y en nuestra alma. Necesitamos examinar nuestro libre albedrío, lo cual implica nuestros valores y cómo esos valores se traducen a una visión y dirección para el futuro. Además, debemos evaluar el daño que nuestros valores y nuestra dirección previa causaron a nuestra alma y al alma de quienes nos rodean. Ambas tareas son críticas. Trabajar sobre nuestros valores y elecciones determinará la calidad de nuestro nuevo año, mientras que trabajar sobre el daño de nuestros errores del pasado determinará la naturaleza de nuestra alma. Al colocar a Rosh HaShaná antes que Iom Kipur, la Torá nos dice claramente que el primer paso debe ser trabajar sobre nuestros valores y nuestra visión. Sólo entonces podemos estar seguros de que el trabajo que hagamos para corregir el daño de nuestros errores del pasado será duradero.

Una nueva dirección

Es interesante que la gente por lo general asuma que el esfuerzo requerido para corregir su alma (es decir, para reparar el daño de sus errores del año previo) llevará mucho más tiempo que el que será necesario para trabajar sobre su libre albedrío (es decir, sobre mejorar sus valores y su dirección para el nuevo año). Al fin de cuentas, reparar el alma requiere primero identificar y después rectificar cada error que cometieron durante el último año. En contraste con esto, podemos imaginar que mejorar nuestro libre albedrío sólo requiere un poco de introspección básica y adoptar unas pocas resoluciones diferentes para el nuevo año.

Sin embargo, el judaísmo nos dice que la realidad es exactamente la opuesta. Tenemos todo el mes de elul para prepararnos para Rosh HaShaná, y sólo una semana después de Rosh HaShaná para prepararnos para Iom Kipur. Recuerda las dos analogías previas. ¿No es obvio que el trabajo involucrado para quebrar una adicción es mucho mayor que rectificar el daño resultante de esa adicción? Lo mismo respecto a cambiar la forma en que uno conduce versus hacer arreglar los rayones del auto. Cambiar nuestros valores y nuestra visión implica cambiar lo que somos. Por otro lado, corregir los errores del pasado, básicamente es un proceso mecánico. Es críticamente importante, pero de todas maneras es algo mecánico. Además, mientras más somos capaces de convertirnos en una persona nueva para el nuevo año, más fácil será rectificar nuestros errores del pasado a través de este proceso.

Uno de los mayores errores que todos cometemos es permitir que nuestro pasado gobierne y determine nuestro futuro. La calidad que define a nuestro libre albedrío, que en realidad es lo que nos define como seres humanos, es que es libre y no tiene impedimentos. Y quizás más que ninguna otra cosa, no está limitado por el pasado. Si bien esto es importante durante todo el año, Rosh HaShaná es el momento más ideal para implementarlo. Por lo menos una vez al año, a su comienzo, debemos tomarnos el tiempo para pensar no sobre lo que ya hemos hecho, sino más bien sobre lo que queremos hacer; no sobre lo que ya fuimos sino dónde queremos llegar con nuestras vidas. Esto nos dará la capacidad no sólo de corregir el daño de nuestros errores del pasado sino que también nos permitirá vivir un nuevo año que sea verdaderamente nuevo, no sólo en nombre sino en realidad.