David entró relajado a su evaluación de trabajo anual en septiembre, esperando pedir un aumento. Así que imagina su preocupación al ver sobre la mesa un informe con pestañas encuadernado profesionalmente, con su nombre y letras grandes en negrita: DETALLE DE HORAS TRABAJADAS.

Se sentó nervioso al otro lado de la mesa mientras su jefe hojeaba el informe, el cual estaba repleto de párrafos destacados y anotaciones escritas a mano. Después de lo que pareció una eternidad, el jefe lo miró con severidad, se aclaró la garganta y, con voz firme y llena de irritación, le explicó a David cómo la compañía había estado monitoreando su computadora y su teléfono.

“El departamento de TI rastrea cada tecla que presionas en el teclado, cada clic del mouse y cada sitio web visitado”, explicó. “El teléfono celular de la empresa nos dice cómo y dónde pasas tu tiempo ... y dónde no deberías pasar tu tiempo. Y David, quiero que sepas que consideramos cada momento perdido como un robo total a la empresa”.

David quiso explicar, pero no pudo encontrar las palabras adecuadas para hacerlo. Su mente se aceleró con pensamientos de las interminables horas que había perdido en redes sociales, los largos almuerzos, los sitios web inapropiados que había visitado y los jugosos chismes a través del teléfono de la empresa.

“Ah. Una cosa más”, dijo el jefe de David. “Revisé el contrato de trabajo que firmaste cuando te contratamos y nos otorga permiso para publicar este informe completo en línea para que cualquiera pueda verlo”.

¡Oh no! Esa vergonzosa exposición sería un destino peor que la muerte. Los amigos de David lo verían. ¡Su esposa! ¡¡Sus hijos!! La vergüenza sería literalmente el infierno en la tierra.

David le rogó a su jefe una segunda oportunidad. “Por favor. No publique el informe. Esto no es lo que realmente soy. ¡Le demostraré que soy una persona muchísimo mejor!”.

El jefe vaciló por un momento. ¿Serían las cosas realmente diferentes? Después, le ofreció a David un trato: “Tienes diez días para probar que el informe está equivocado. Después de diez días, generaremos un nuevo informe. Si el informe muestra el mismo David que el anterior, estás despedido y publicamos el informe”.

Luego, la expresión de enojo del jefe cambió a una de compasión. “Sé que este informe parece duro y lo que te pido que hagas parece aterrador. Pero no te daría la oportunidad de hacerlo si no creyera en ti. Sé que tienes lo que se necesita para tener éxito, y tienes todo mi apoyo. Ahora, sólo depende de ti”.

David dejó la oficina con gratitud en su corazón, agradecido por la oportunidad de comenzar de nuevo y probarse a sí mismo. La revisión de trabajo anual fue la “llamada de atención” que él necesitaba para convertirse en la persona que realmente quiere ser.

Así también en Rosh HaShaná, cada uno de nosotros tiene una oportunidad increíble de estar ante el “Jefe” y de comprometernos a convertirnos en la persona que sabemos que podemos ser. Todo comienza con un balance personal y luego comprometerse con un cambio positivo.

Buena suerte en tu revisión de trabajo anual de este año. ¡Sé que puedes hacerlo!