Sé que parte de mi trabajo como madre es enseñarle valores a mis hijos. Y como buena madre judía pienso mucho sobre este aspecto de mi maternidad y me lo tomo muy en serio.

Por eso siempre me estresaba cuando llegaban las Altas Fiestas. Era la época en que pensaba en el arrepentimiento. ¿Cómo se suponía que debía transmitirles la importancia de los Iamim Noraim?

Pero después de muchos años de pensar (y de preguntarle a mucha gente sabia) me di cuenta que el arrepentimiento —y esta época del año en general— no tienen que ser tan atemorizantes como parecen. La esencia de todo es el crecimiento personal y dar pasos pequeños hacia objetivos significativos y razonables.

Entonces, cuando llega la temporada de las Altas Fiestas y escucho la palabra arrepentimiento, lo tomo como una señal de que es hora de pararme frente al espejo durante un rato, analizarme gentilmente y pensar:

¿Cuáles son los logros que más me enorgullecen?

¿Qué errores cometí y qué puedo aprender de ellos? (Si evaluamos los errores de esta manera, ¿son realmente errores?).

¿Qué quiero hacer diferente el año que viene?

Hacerme estas preguntas me ayuda a que el proceso de arrepentimiento sea mucho más práctico y manejable. Esas son preguntas que mi mente puede tolerar e incluso disfrutar.

Después de unos años de seguir esta práctica y ver realmente una mejora en todos los aspectos de mi vida, supe que quería compartir esta idea con mis hijos.

Desafortunadamente, cuando entramos en el “modo maestro” tendemos a sermonear y a criticar.

El sermón:

"Sabes que Rosh HaShaná es la semana que viene y que es importante reflexionar sobre el año pasado y hacer planes para el próximo año".

La crítica:

"Eres perezoso y siempre postergas todo. Este año deberías esforzarte más".

¿Puedes notar cómo tus hijos desvían la mirada y no te prestan atención? ¿Quizás se avecina una lucha de poderes? Quieres evitar eso a toda costa.

En mi travesía como madre, aprendí que hay tres simples reglas para transmitirles valores a nuestros hijos y para enseñarles cualquier cosa que sea importante:

  1. Escoge un momento calmo y tranquilo para hablar con ellos.

  2. Adopta una postura no agresiva y regula tu tono de voz.

  3. Habla sobre ti mismo.

Por ejemplo, para enseñarles a los niños sobre arrepentimiento podrías decir:

"Sabes que Rosh HaShaná está por llegar. Yo trato de hacerme un poco de tiempo para pensar sobre el año que termina y sobre qué quiero hacer en el próximo año".

"Durante esta época generalmente me asusto, pero ahora voy a tratar de pensar en cómo los errores que cometí me ayudaron a crecer y en cómo puedo usarlos para aprender a ser una mejor persona".

También podemos contarles sobre las cosas de las cuales nos arrepentimos en el año que finaliza:

"Este año siento que me estresé mucho y grité demasiado por la mañana antes de que fueras a la escuela".

Podemos mostrarles que queremos organizar un plan y hacer mejor las cosas:

"Realmente pensé en el tema y el año que viene quiero esforzarme para mejorar en eso. Tengo dos ideas que creo que me ayudarán: preparar mi ropa la noche anterior y tomarme 15 minutos para limpiar la cocina después de que todos se hayan ido a la escuela en lugar de tratar de hacerlo mientras todos están estresados antes de salir".

También podemos explicarles por qué creemos que va a funcionar: "Creo que esto me ayudará a estar más calmada y a dejar de gritar en las mañanas".

Cuando hablamos en un tono pacífico sobre lo que estamos haciendo para mejorar (arrepentimiento) generamos una gran impresión en nuestros niños. Ellos escuchan nuestras opiniones clara y sucintamente. A nadie le gustan los sermones y a nadie le gusta que lo critiquen.

En medio de un sermón o de una crítica, los niños no están pensando "Mmm, ¿cómo puedo hacer para mejorar?", sino que están pensando "¿Cuándo se va a callar? ¿Qué hice para que se ponga así?".

Los niños escuchan mejor cuando hablamos sobre nosotros mismos, ya que de esta forma no sienten que necesitan defenderse ni que los están obligando a hacer algo que quizás no tienen deseos de hacer.

Es más probable que piensen "Huau, supongo que incluso los adultos tienen que mejorar. Quizás yo no sea tan malo después de todo…", o "Me estaba preguntando de qué se trataba realmente Rosh HaShaná; esto es muy interesante".

Entonces aquí vamos por un año en el que sermonear y criticar a nuestros niños sea una cosa del pasado. Hablar sobre nosotros mismos será nuestra nueva herramienta de paternidad para este nuevo año.