Todos conocemos el chiste sobre el clásico mensaje de texto de una madre judía: "Comienza a preocuparte desde ahora. Ya te daré detalles más adelante".

La verdad es que en estos días hay mucho de lo que podemos preocuparnos:

Preocuparnos por la economía y la inflación

Preocuparnos por los huracanes y el clima

Preocuparnos por el Covid y otros problemas de salud

Preocuparnos por Israel y sus enemigos

Preocuparnos por el incremento del antisemitismo

Preocuparnos por las divisiones y las polarizaciones dentro del país

Y, por supuesto, preocuparnos por Rosh Hashaná y las Altas Fiestas. Algunos se preocupan por tener que presentarse ante Hashem para ser juzgados y otros se preocupan por sus asientos en la sinagoga, cerca de quién estarán, y también están quienes se preocupan por cuán largo será el sermón del rabino.

Tenemos muchas cosas por las cuales estar preocupados, ansiosos y asustados, especialmente en esta época del año.

Curiosamente, dentro de la liturgia de Rosh Hashaná, introduciremos en nuestras plegarias la expresión: "Dios, por favor, infunde miedo dentro de nosotros". Rav Soloveitchik cuenta que en cierta ocasión un eminente psiquiatra le dijo que las personas deben trabajar para liberarse del miedo, la preocupación y la ansiedad, no rezar pidiendo tener más.

Rav Soloveitchik le respondió: "Todos luchan con un miedo. Algunos temen no tener éxito en su carrera, otros temen perder la salud, el estatus o la prominencia. Algunos temen a la enfermedad, otros temen a las alturas, hablar en público o al clima. Yo no soy un psiquiatra, pero conozco una gran fuente de temor que puede borrar todos esos otros temores menores, y es el temor al Cielo. Nosotros rezamos pidiendo que nuestro temor a Dios supere y desarraigue todos los otros miedos que nos acechan y amenazan nuestra vida".

En esencia hay dos clases de ansiedad y temor. Nos preocupamos por cosas que no están bajo nuestro control, porque no podemos controlarlas. Nos preocupamos por la enfermedad, el clima, el tráfico, vuelos retrasados, etc. También hay cosas por las que nos preocupamos precisamente porque están bajo nuestro control. Para algunos, tener libre albedrío es a la vez algo liberador y aterrorizador. Nos preocupamos por cómo vamos a comportarnos, si podremos ejecutar lo que se espera de nosotros, si cumpliremos las expectativas, lograremos sobrepasarlas o no llegaremos a satisfacerlas. ¿Podremos soportar y manejar cualquier cosa que se nos presente en el camino? ¿Qué ocurrirá si fracasamos?

Necesitamos silenciar ambas voces de preocupación y para lograrlo hay que comenzar por creer que podemos hacerlo. Como ya hemos dicho en el pasado, cuando esos pensamientos golpean a la puerta, podemos decidir si los dejamos entrar. Y podemos hacerlo al elegir reemplazar esos pensamientos negativos y ansiosos con otros más positivos y confiados.

Si tan sólo…

Estamos finalizando el mes de elul, un mes dedicado a prepararnos para el nuevo año. Si leemos la palabra elul de atrás hacia adelante, obtenemos lulei, lo que significa "si no" o "si no fuera por". Esta palabra sólo aparece una vez en la Torá.

Tenemos que trabajar para llegar a sentir y a ver a Dios en nuestras vidas, saber que hay un Ser infinito, omnipotente, que dispone la coreografía de nuestra vida.

Cuando los hijos de Iaakov trataban de convencer a su padre de enviar a Biniamín con ellos a Egipto, para que Iosef liberara a Shimón, le dijeron: "Pues si no nos hubiésemos demorado (lulei), ahora ya hubiéramos regresado una segunda vez". Rashi explica: "Ya hubiéramos regresado con Shimón y no te hubieses angustiado todos estos días". Lulei se asocia con la ansiedad, con "¿qué hubiera pasado si…?", "¿qué hubiera podido ocurrir?", "¿qué pasará?".

También recitamos la palabra lulei en el Salmo que decimos cada día durante el mes de elul: Lulei heemanti… Si no hubiera creído en Ti, Dios, y que vería la bondad de Dios en la tierra de los vivos".

Podemos calmar nuestra preocupación cambiando un lulei por el otro. En vez de sentir que "si tan sólo esto" y "qué será con aquello", tenemos que trabajar para llegar a sentir y ver a Dios en nuestras vidas, saber que hay un Ser infinito y omnipotente que organiza la coreografía de nuestra vida.

¿Pero qué pasa con la preocupación cuando se trata de nosotros mismos y cuán bien nos desempeñaremos?

La Torá nos dice que cuando comenzamos a sentir pánico y cuando hacer lo que hay que hacer o ser lo que debemos ser parece estar demasiado lejos de nuestro alcance, al otro lado del océano, tenemos que saber que "está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, hacerlo". Dios no nos pide nada que esté fuera de nuestro alcance. Sí, el lunes a la noche nos presentaremos ante Él, se nos pedirá que reflexionemos y que rindamos cuentas. Pero el hecho mismo de que Él perdone y sea tolerante debe ser reconfortante y alentador.

De pie ante nuestro Padre

Quienes tienen pánico y ansiedad por presentarse en Rosh Hashaná ante la Corte Celestial se imaginan que la corte está compuesta por jueces duros y crueles. Pero tenemos que saber que de hecho el juez es nuestro Padre. Él entiende nuestras dificultades y quiere que tengamos éxito. Por eso en Rosh Hashaná nos vestimos con prendas bellas y tenemos comidas festivas, porque nuestro día de juicio es el día en que nos presentamos ante nuestro Padre.

Por lo tanto, resulta que literalmente no hay nada por lo que debamos preocuparnos. Mark Twain dijo: "En mi vida me preocupé por muchas cosas, y la mayoría de ellas nunca ocurrieron". Los estudios demuestran que más del 85% de las cosas por las que nos preocupamos nunca ocurren. Y respecto al 15% que sí ocurren, preocuparse nunca hace que desaparezcan, nunca hace que sean mejores y nunca logran nada más que comprometer nuestra propia salud y felicidad.

Deja de preocuparte y recuerda que todo lo que ocurre debía ocurrir y que contamos con lo que hace falta para enfrentar cualquier cosa que se nos presente en nuestro camino.


Crédito de la foto: Ernest Brillo, Unsplash.com