Para setiembre los paseos familiares de las vacaciones de mediados de año son historia. Y si bien los niños en general olvidan algunos detalles de estos paseos, mi sentido de orientación siempre es un tema de discusión. Soy uno de esos hombres que leen mapas de rutas imprecisos y con confianza deciden qué rutas serán las mejores para llegar al destino deseado. Casi siempre me equivoco. De hecho, quizás sería mejor si eligiera el camino que pareciera ser el equivocado.

Pero todo eso quedó detrás. Ahora tengo una voz amable que nos guía por los traicioneros caminos rurales y por las salidas mal marcadas. Su nombre es GPS.

Sólo debo indicar el punto de partida y el destino y listo. Con su gentil voz me lleva por los caminos diciéndome la distancia que queda hasta mi próximo giro. En ocasiones aconseja rutas alternativas para evitar obstáculos. Cuando hago mi inevitable giro equivocado, ella no pierde el control, sino que anuncia estoicamente “RECALCULANDO”. Ah, música para mis oídos. Ya no estoy a la deriva, dependiendo de la piedad de molestos empleados de gasolineras que no me dan direcciones claras. Estoy yendo a mi destino.

La vida también tiene un punto de partida y uno de destino. Los puntos de destino son los objetivos. El camino está formado por los obstáculos que Dios pone ante nosotros, desafíos para crecer y fortalecernos. Los bloqueos son muchos, algunos pequeños y otros grandes. Todos cometemos errores. De eso se tratan las festividades de Rosh HaShaná y Iom Kipur. Son la forma en que una persona puede RECALCULAR lo que hizo durante el año. Pero, en realidad, eso no es suficiente. Si estás viajando de Tel-Aviv a Jerusalem, no te gustaría que tu primer RECÁLCULO fuera en Beer-Sheva. Puede ser hecho, pero es un poco tarde y el esfuerzo para volver es sustancial.

La solución a este problema es considerar cuál es el punto de destino y monitorear el camino hacia él. Tu GPS personal, conocido también como “alma”, puede RECALCULAR cualquier situación; pero tú tienes que presionar el botón y estar dispuesto a escuchar el mensaje.

Algunos ejemplos:

Mejor Esposo/Padre: Puedes enojarte por algo trivial. ¿Quieres gritar, discutir, expresar tu frustración? ¿Cuál es tu objetivo verdadero? ¿Quieres ganar una tonta batalla o estar más cerca de tu familia? ¿Quieres la satisfacción de un knock-out técnico o la paz interna de saber que has derrotado a tu inclinación negativa?

Piensa antes de reaccionar. ¡RECALCULA! Incluso si te equivocas, siempre puedes RECALCULAR. Si no lo puedes hacer ahora, quizás estés listo para la próxima vez. Eventualmente lograrás el éxito, porque estarás listo antes de que la pasión por responder te consuma.

Comida: ¿Realmente quieres otra porción de pizza? ¿Debes probar todos los tipos de chocolate? RECALCULA. Tu objetivo es entrenar tu autocontrol. No se trata sólo de medir la cintura y el colesterol; debes ser tú quien controle tus deseos, no dejar que ellos sean el jefe. ¿Cuál es tu objetivo? Piensa, no sigas ciegamente a las masas.

Auto Desarrollo: ¿Qué quieres hacer con tu vida? ¿Qué tipo de persona quieres ser? ¿Es lo que estás haciendo conducente o perjudicial para ese objetivo? Por supuesto que a veces tenemos que parar un poco y relajarnos, pero, ¿estás haciendo algo que te desvía de tu destino?

Escribe tus objetivos y planea una ruta para llegar allí. Revisa periódicamente (a diario, semanalmente, mensualmente) tu lista y RECALCULA. Toda empresa exitosa utiliza este proceso, y todo ser humano exitoso debería hacerlo también. En el judaísmo le llamamos Jeshbón HaNefesh, "Balance Espiritual".

No esperes hasta estar perdido. RECALCULA en el camino. Tu viaje será mucho más tranquilo y eventualmente llegarás a destino. Además, los niños en el asiento de atrás tendrán menos de lo que quejarse.