Después de años de planificar y ahorrar, nuestra familia estaba finalmente materializando su sueño: pasar un verano en Israel.

Nuestros amigos nos pidieron que mandáramos fotos y que publicáramos actualizaciones en las redes sociales, y yo estaba feliz de cumplir. “¡Ensalada de desayuno!”, posteé un día, con una foto de mi hijo resplandeciente con su plato lleno hasta arriba. Los “me gusta” y los comentarios positivos entraron por montones. “Flores del mercado” produjo una respuesta aún más entusiasta. Ningún detalle era demasiado mundano como para no publicarlo: me encantaba el vitoreo nuevo para mí, ya que cada foto o publicación recibía comentarios, respuestas y “pulgares arriba” en las redes sociales.

Parecía como que todos mis conocidos también estaban blogueando y posteando sobre su verano. Una conocida hablaba con entusiasmo sobre lo bien que les iba a sus hijos en el campamento de verano, otra mostraba fotos de sus hijos resplandecientes disfrutando del verano en casa. Una amiga publicó fotos de la imponente playa francesa en la que estaba, y otra compartió fotos de su hermosa familia disfrutando del atardecer. Una noche, revisando mi bandeja de entrada, pensé que todos parecíamos ejecutivos de publicidad en lugar de personas reales.

¿Por qué buscaba con tanto empeño crear una imagen perfecta de nuestras vacaciones?

Mi publicación sobre el Museo de Ciencia Bloomfield fue el punto de quiebre. “¡Diversión en el increíble Museo de Ciencia Bloomfield de Jerusalem!”. Mis amigas me felicitaban por la creatividad para encontrar lugares a los que llevar a mis hijos; sus comentarios me incomodaron mucho. ¿Por qué había compartido fotos de nuestra supuestamente “mágica” visita? En realidad, ese día mis hijos habían estado demasiado enojones y cansados como para apreciar las atracciones del museo, y nos fuimos después de que mi hijo tomó un juguete sin cuidado, se le cayó sobre un dedo y comenzó a gritar. Obviamente nada de eso llegó a mi brillante post de Facebook.

Estas son otras cosas que jamás llegaron a mis emails ni a mis posts en las redes sociales:

  • Nuestra primera visita a la sala de emergencias después de que mi hijo se hizo un corte en el pie.
  • Nuestra segunda visita a la sala de emergencias, la semana siguiente, después de que se infectó el corte.
  • Mi tarjeta del banco no funcionó y nos quedamos sin dinero.
  • Un comerciante amable les regaló a mis hijos papas fritas después de verme contar monedas para comprar comida.
  • Nuestra tercera visita a la sala de emergencias, esta vez en una ambulancia, después de que otro hijo se hizo un corte en el pie.
  • Extrañé muchísimo a mi marido después de que volvió a casa para trabajar.

El peor momento del verano para mí fue la noche después de la tercera visita a la sala de emergencias. Gracias a Dios mi hijo estaba bien, pero yo tuve que hacer dedo por todo Jerusalem en una noche muy cálida para conseguir una prescripción para él, yo estaba exhausta, enojada y muerta de hambre.

Invierte tiempo para analizar aquello que muchos de nosotros no nos tomamos el tiempo de analizar: la vida real, versión no editada.

 

“¡Esas son las vacaciones que deberíamos estar teniendo!”, le escribí a una amiga que había publicado fotos de sus vacaciones en Francia. “¡Caminé kilómetros en la calle! ¡Estoy cansada! ¡Hoy fue un día horrible!”. Me sentí tan bien de informar con honestidad que nuestro viaje no fue solamente bendición y buenas fotos. Mi amiga me contó que su viaje también había tenido grandes problemas, y ahora que ya estaba de vuelta en su casa en Londres, nada estaba saliendo bien. Mientras intercambiábamos mensajes esa noche, sentí la primera conexión real que tuve en todo el verano.

“¡Ojalá hubiera un Facebook donde postear estas cosas!”. Le envié, y ella me respondió con el mejor consejo que había escuchado en todo el verano: “Estoy de acuerdo. ¡Se llamaría ‘La vida real’!”.

Ahora que el verano ya terminó estoy preparándome para Rosh HaShaná, y es el antídoto perfecto para Facebook. En Rosh HaShaná nos paramos ante Dios completamente desnudos, analizando nuestra vida como es en realidad, libre de ilusiones y distorsiones. En lugar de pulir nuestra imagen, cuestionamos nuestras acciones sin piedad; en lugar de pasar tiempo enfocándonos en cómo nos ven los demás, nos damos una mirada honesta y prolongada a nosotros mismos.

Este Rosh HaShaná, trata de mirar tu pasado no cómo hubieses querido que sea, tampoco como se lo hubieses mostrado al mundo, sino como fue en realidad. Invierte tiempo para analizar aquello que muchos de nosotros no nos tomamos el tiempo de analizar: la vida real, versión no editada.