Los días de las Altas Fiestas, que incluyen Rosh Hashaná, los Diez Días de Teshuvá y Iom Kipur, son llamados los Iamim Noraim - los Días Temibles o los Días de Penitencia.

Cada festividad judía nos nutre con otra energía espiritual. La perspectiva judía del tiempo no es circular, como una carrusela, sino más bien un espiral. La idea es que no sólo pasamos por las festividades, sino que crecemos a través de ellas. Los Iamim Noraim, como el resto de las festividades judías, tiene su propio poder y deseamos poder acceder al mismo.

Aquí hay tres aspectos sorprendentes sobre los Iamim Noraim.

1. Rosh Hashaná: entrar al juego.

Todos sabemos por qué celebramos Pésaj: porque en ese Dios liberó a los judíos de Egipto. En Shavuot recibimos la Torá. ¿Qué es exactamente lo que celebramos en Rosh Hashaná?

Hace algunos años participé en un programa para las Altas Fiestas y el Rabino desafió a la congregación preguntando: "Judíos, ¿qué celebramos hoy?". Se levantaron las manos y comenzaron las propuestas: "El año nuevo judío", "Manzanas y miel", y, mi favorito: "Ganamos, vamos a comer". Claramente yo no era la única que no sabía la respuesta. ¿Qué es exactamente lo que celebramos?

La festividad nos lleva de regreso al comienzo mismo de la creación, cuando todo existía únicamente como potencial. ¿Qué es lo que dio propósito a todo ese potencial? ¡Nosotros! Rosh Hashaná es el nacimiento de la humanidad. ¡Feliz cumpleaños humanidad!

En esta época del año tenemos la capacidad de nutrirnos de la energía de renovación y liberarnos de un pasado que puede estar reteniéndonos. Dado que en este día regresamos al mismo comienzo, no hay ningún pasado que pueda detenernos.

La clave de esta época del año es aprovechar la oportunidad que Dios coloca ante nosotros, y entender cuál es el rol específico que deseas tener en el nuevo año.

Rosh Hashaná es llamado Iom HaDin, el Día del Juicio. ¿Pero precisamente sobre qué somos juzgados?

¿Qué clase de persona, padre, hijo, empleado, judío deseo ser este año?

En Rosh Hashaná, nos enfocamos en nuestros objetivos personales para el nuevo año. ¿Qué clase de persona, padre, hijo, empleado, judío deseo ser este año? Hay un nuevo año, un nuevo mundo que es creado, y la pregunta que todos debemos formularnos es: ¿Qué puesto quiero jugar en el partido de la vida? Ese es el juicio que Dios efectúa en Rosh Hashaná.

Yo observo mi propio crecimiento en el judaísmo en términos de un partido de beisbol. Durante mucho tiempo, fui una espectadora mirando los partidos desde mi casa, por televisión. No estaba en el partido ni tenía ninguna relación con mi comunidad judía. Estaba orgullosa de ser judía, alentaba a mi "equipo", pero no estaba en el campo de juego: no tenía ninguna participación real en el partido.

Pero quise aprender más sobre el judaísmo, así que compré una entrada al estadio. Comencé a experimentar lo que era ser parte del equipo, aprendiendo más sobre la sabiduría judía y comenzando a cumplir algunas mitzvot.

De todos modos, las hemorragias nasales no me afectaban. Quería acercarme más, pero seguía en las tribunas, y la grandeza no tiene lugar en la tribuna. Necesitaba entrar al juego.

En esta época del año, Dios nos mira y nos dice: "¿Quieres entrar al equipo? Decide qué posición quieres jugar… ¡y adelante!". En Rosh Hashaná, reconocemos que estamos aquí con un propósito y es el momento de entrar a escena.

Dios nos alienta. Él está aquí para ayudarnos a hacerlo.

2. Coronar a Dios como Rey

El tema de Rosh Hashaná es coronar a Dios como Rey, y volver a dedicarnos a Su reinado. ¿Qué tiene esto de maravilloso? Bueno, para mí, si Dios es el Rey entonces yo no estoy a cargo, sino Él. Reconocer esto es un gran cambio para el nuevo año. Podemos ceder a esa sensación de que todo está bajo nuestro control y que todo el mundo se apoya sobre nuestros hombros.

Dios tiene Su trabajo y nosotros tenemos el nuestro, pero a veces nos confundimos entre ambas cosas. Pensamos que controlamos todo, y cuando las cosas no parecen correctas ante nuestros ojos (alguien tiene más dinero, alguien es más inteligente, más exitoso, más talentoso que yo), entonces pensamos: "Eso debe ser mío. Dios debe haberse equivocado".

Observamos el mundo tratando de entender todo lo que marcha mal, nos estresamos, nos sentimos ansioso, envidiamos, nos deprimimos, nos frustramos… Todo porque tratamos de hacer el trabajo de Dios.

Nuestra tarea no es entender por completo por qué le pasan cosas malas a las personas buenas. Nuestra tarea es ayudar cuando a la gente buena le pasan cosas malas.

Parte de coronar a Dios como Rey es ser humildes. A pesar del rol poderoso e increíble que tengamos en este mundo, no somos Dios.

Nuestra tarea no es perfeccionar el mundo de acuerdo con nuestra propia visión. Nuestra tarea es hacer lo que podamos para corregir el mundo de acuerdo con la visión de Dios.

Parte de coronar a Dios como Rey es ser humildes. A pesar del rol poderoso e increíble que tengamos en este mundo, no somos Dios.

Es maravilloso tener un Dios, porque mientras más grande hagamos a Dios en nuestra vida, más pequeñas se volverán nuestras preocupaciones.

3. Iom Kipur. El Día del Perdón

Durante cuarenta días, Moshé le suplicó a Dios en la cima del Monte Sinaí que perdonara al pueblo por haber idolatrado al Becerro de Oro. Ese período de 40 días comenzó el primer día del mes de elul y culminó en Iom Kipur, cuando Moshé descendió con las segundas Tablas, implicando que Dios había perdonado al pueblo judío.

Iom Kipur es un día increíble para obtener el perdón Divino. Podemos acercarnos a Dios y expresar nuestro remordimiento por haber fallado. Aceptamos la responsabilidad por nuestros errores, nos comprometemos a corregirlos y hacemos teshuvá, nos arrepentimos, lo que implica corregir las cosas y retornar al camino correcto. Es una forma de recalibrar el alma.

Como cualquier padre cuyo hijo se acerca a pedirle disculpas y acepta que se equivocó, Dios nos perdona de inmediato y, todavía algo más increíble, Él borra el pasado como si nunca hubiera ocurrido. Nuestro registro queda limpio.

Pero si nuestro error implicó lastimar a otras personas, también tenemos que arreglar las cosas con esas personas y pedir disculpas.

Iom Kipur nos recuerda que Dios siempre está aquí para nosotros. Él nos ama y lo que más desea es tener una relación con nosotros. Y cuando nos equivocamos, y todos se equivocan a veces, tenemos la oportunidad de corregirlo. ¡Totalmente increíble!

Los Iamim Noraim nos ofrecen una singular oportunidad para recalibrarnos y, con ayuda de Hashem, retornar a lo que debemos ser en el mundo, porque no se trata de ser otra persona, sino sólo de volvernos lo mejor que podemos ser.