El tema principal de Rosh HaShaná es Maljut, convertir a Dios en nuestro Rey. Esto implica el reconocimiento y la sumisión a una autoridad superior. Toda la temporada genera un sentimiento de “No puedo hacer lo que tengo ganas, porque hay Alguien que dirige este lugar”.

¿A qué nos estamos sometiendo? Y, ¿qué demanda este sometimiento de nosotros?

La Torá cita a Dios diciendo “He puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal; escoge la vida”. Asombrosamente, Dios nos dice que la elección de la vida ¡depende de nosotros!

¿Dios es Rey pero la elección es nuestra? Es paradójico, pero hay una manera de entenderlo: En términos generales, sumisión significa impotencia y renunciar al control. Sin embargo, aquí estamos en realidad sometiéndonos a un sentido de responsabilidad - somos responsables por nosotros mismos. “Todo depende de mí”.

El tema constante de la confesión de Vidui es: “No cumplí con mi responsabilidad y no hice lo que pude”. Nos lamentamos por haber sido infantiles e irresponsables. Rosh HaShaná es el día en el que celebramos la madurez y el hecho de que somos responsables de hacer lo que sabemos que es verdadero y bueno, en lugar de hacer lo que tenemos ganas en el momento.

Humilde frente a Dios

Convertir a Dios en Rey no significa rendirse y dejar que todo dependa de Él. Es darse cuenta de que Dios quiere lo mejor para ti. Esto es obvio si entiendes lo que Él está diciendo: “Utiliza tu cerebro. Despiértate, crece, y date cuenta hacia dónde estás yendo y qué estás haciendo. Sé responsable por tu vida”.

La responsabilidad principal es descifrar qué es lo correcto a través del estudio, la meditación y el entendimiento. Descubre para qué estás viviendo, cuáles son tus objetivos y cómo llegarás a ellos, y entiende las consecuencias de la estupidez y de la impulsividad. Esto no significa rendirse ante una fuerza exterior sumisamente. Todo lo contrario. ¡Es estimulante y se siente muy bien!

La gente se confunde acerca de la definición de humildad. Hacerte a ti mismo “pequeño ante Dios” no significa decirte a ti mismo que eres un “don nadie”. Significa que te estás liberando de cada aspecto de ti mismo que pueda distanciarte de Dios. Significa que todas tus distracciones y deseos son puestos en su lugar apropiado. Es hacerte cargo de tus asuntos y darte cuenta de que un lado es positivo y saludable, mientras que el otro lado es “la nada”.

Maimónides explica la mitzvá de “temer a Dios”: “Después de que te das cuenta de la grandeza de Dios, te llenas espontáneamente de humildad y de profundo sobrecogimiento. Te preguntas a ti mismo “¿Quién soy yo -un ser bajo- para pararme frente a Él?”.

Esto no significa decir, “No soy nadie”. Significa reconocer que Dios es la única fuente del éxito. No te creas importante, pensando que puedes obtener éxito de manera independiente y ser realmente feliz. Esta es la sumisión: someterse a la realidad de que hay un solo camino, y que no hay atajos para la grandeza, para la felicidad y para el éxito. No hay otra alternativa.

Madurez significa elegir

Ahora podemos entender correctamente el rezo de Vidui. Decir “he pecado” no significa alabar al tirano con falsedad esperando que sea amable contigo a cambio. Decir “he pecado” es el reconocimiento intelectual de que has descuidado la responsabilidad. Es admitir que el crimen no paga y que ser irresponsable no te llevará a ningún lado. Claro, es divertido ir por la vida siendo un niño y jugando con juguetes, pero ¡¿es eso realmente lo que quieres?!

Vidui significa reconocer que hasta ahora has seguido tus impulsos, sin haber ‘elegido’ realmente, dejando que tu vida se desarrolle y siendo un observador más que un participante activo. Es la comprensión de que la realidad sigue su camino y no va a esperarte. Y si no creces ahora, te la vas a perder.

El tema de la “madurez” abarca todos los aspectos del judaísmo. Por ejemplo, el Bar/Bat Mitzvá es el día en que un judío asume responsabilidad. Un niño a la edad de 13 años no lo sabe todo, pero tiene la edad suficiente para empezar a preguntar. Empiezas a darte cuenta de que hay personas mayores y más sabias que pueden guiarte en la dirección correcta. Hasta este punto, hacerte entender era el trabajo de los adultos. De pronto, a los 13 años, el responsable eres tú. Y lo celebras, porque en el judaísmo estamos orgullosos de la madurez, y es algo que se espera con ansiedad.

Es por esto que un niño no es contado en un minián. ¿Cómo puede ser parte de un modelo a escala de la nación judía, si el judaísmo implica madurez y él aún no es maduro? Esto es lo que representa un Bar Mitzvá, de aquí en adelante eres un ser humano responsable.

No ser superficial

En Rosh HaShaná volvemos a clarificar y a reiterar nuestro compromiso con la responsabilidad: Nos hemos descarriado, pero hemos recapacitado. Y lo celebramos.

Pero ten cuidado de no perder de vista el objetivo. Es fácil someterse y rendirse ante el “gran tirano en el cielo”. Asegúrate de no ser culpable por hacer cosas superficiales para “apaciguar a los dioses”.

En Rosh HaShaná hay muchas distracciones posibles: poner todo el significado en untar la manzana con miel, golpear tu pecho más y más fuerte, hacer resoluciones poco realistas que ni siquiera tienen relación con tu vida, elegir el lugar correcto para rezar y la ropa adecuada para vestir, y leer libros de Vidui en los que el autor escribe todos los pecados que él piensa que tal vez has cometido.

Esto no es asumir responsabilidad. Es escapar. No seas superficial. Que tengamos un proceso de crecimiento significativo en esta temporada de las Altas Fiestas.