En el año 2010, Ellen Latham fundó un estudio de ejercicios en Ft. Lauderdale llamado Orangetheory ('la Teoría naranja'). Lo que en ese momento comenzó como un pequeño negocio hoy es un movimiento con 1.200 estudios en 22 países, más de 800.000 miembros y más de mil millones en ventas. Hace poco leí un artículo que explicaba la filosofía y la ciencia de esta popular tendencia.

A diferencia de la mayoría de las clases de ejercicios, el entrenamiento no es igual para todos los que participan en la clase y los participantes no compiten contra nadie más que ellos mismos. Cada persona usa un monitor cardíaco que captura cuán duro trabaja su cuerpo y se ejercita de acuerdo a diversos factores que incluyen entre otras variables su edad.

Los fundadores de la compañía ponen énfasis en crear una sensación de comunidad. Su objetivo es que los miembros se sientan parte de un grupo que se alienta mutuamente, celebran las victorias de los demás y se apoyan en sus dificultades.

También diseñaron la franquicia para que tenga consistencia: los miembros pueden asistir a cualquier sede en cualquier país y tener una idea de cómo se verá su clase de Orangetheory, qué ocurrirá en la clase y en cada parte de la experiencia de entrenamiento.

Lo que Orangetheory es para el entrenamiento físico, debería ser la vida comunitaria judía para el ejercicio espiritual de nuestras almas. También nosotros nos vemos alentados a no compararnos en la profundidad de nuestro estudio ni en la capacidad de nuestra entrega con ninguna otra persona. Nuestra misión debe estar motivada por llegar a desarrollarnos y llegar a ser lo mejor que podemos ser, esforzarnos para desarrollar todo nuestro potencial, y no el de cualquier otra persona.

Algo fundamental para la vida judía es crear un sentido de comunidad. Estamos mejor posicionados para ejercitar nuestras almas cuando nos conectamos con una comunidad y encontramos aliento, apoyo y estructura. Nuestros estudios para el alma también proveen una sensación de consistencia: podemos entrar en cualquier sinagoga del país con la expectativa de saber más o menos qué encontraremos en el rezo, en una clase de Torá, etc.

Pero lo que más me llamó la atención fue otra característica de Orangetheory y pienso que de ella podemos aprender algo útil para crecer en nuestros estudios para el alma. El éxito de Orangetheory se debe en gran medida al formato de sus clases. El entrenamiento está diseñado como un entrenamiento de intervalos de alta intensidad. En un entrenamiento típico de intervalos de alta intensidad, los participantes repiten series breves de ejercicios de alta intensidad entremezclados con tramos más largos de actividades de menor intensidad, diseñadas para recuperarse. En un entrenamiento de 60 minutos, el objetivo es mantener la frecuencia cardíaca elevada al nivel "naranja" sólo durante 12 minutos.

Hay una sabiduría fascinante detrás de los beneficios del entrenamiento en intervalos de alta intensidad, incluyendo el hecho de que la alta intensidad estimula al cuerpo a continuar quemando calorías incluso cuando está en modo de recuperación. Pero lo que me atrajo no fue la ciencia sino más bien la psicología que lo apoya. En esencia, si le dices a alguien que comience un entrenamiento difícil que mantendrá su frecuencia cardíaca elevada y el nivel de dificultad por mucho tiempo, la mayoría ni siquiera comenzarían. Sin embargo, si sabes que la recuperación está incluida en el programa y que sólo deberás esforzarte al máximo por breves instantes, es mucho más probable no sólo que comiences el entrenamiento, sino que lo completes y obtengas los beneficios.

En cierta medida, el calendario judío está diseñado como un entrenamiento en intervalos de alta intensidad. Nos vemos desafiados a esforzarnos espiritualmente, aprovechar diferentes temas o energías en base a las festividades, y llevarnos la experiencia durante el período de "recuperación", donde continúa enriqueciéndonos.

Elul es el intervalo de máxima intensidad en un entrenamiento espiritual en intervalos de alta intensidad. No es falso ni poco auténtico esforzarnos por un momento, incluso si sabemos que la intensidad necesariamente no durará. La ley judía (Shulján Aruj, Oraj Jaim 603) registra una práctica y nos dice que incluso aquellos que no son estrictos de comer sólo productos horneados por un judío durante todo el año, deben ser estrictos al respecto en los diez días entre Rosh HaShaná y Iom Kipur. ¿Por qué? ¿A quién tratamos de engañar comportándonos mejor durantre diez días si sabemos que retornaremos a nuestro viejo comportamiento apenas termine Iom Kipur?

La respuesta es que no tratamos de engañar a nadie. En esta época del año estamos en medio de un intervalo intenso de nuestro ciclo espiritual. Tendremos plegarias más largas, nos alentarán a estudiar más, a adoptar practicas positivas y, en general, nos esforzaremos un poco más de lo habitual. Saber que la intensidad disminuirá y que regresaremos a un período de recuperación no nos transforma en mentirosos, sino que nos motiva.

Aprovecha la ocasión y desafíate a ti mismo durante las próximas semanas. Esfuérzate por ser mejor y para hacer más, sabiendo que el intervalo de intensidad muy pronto será reemplazado por un período de recuperación en el cual nuestras almas se seguirán beneficiando del duro trabajo que hayamos hecho.