Muchos judíos que se encuentran en una sinagoga durante las Altas Fiestas pasan su tiempo allí esperando con ansias el momento en el que finalmente se podrán ir de vuelta a sus casas; otros, en cambio, hacen un esfuerzo real para tener una experiencia transformadora y disfrutar un viaje a nuevas alturas del auto-crecimiento e intimidad con Dios. Si estás en el primer grupo, este artículo es para ti.

Entre las tradiciones más conocidas de las Altas Fiestas se pueden contar el sumergir una manzana en miel, hacer sonar un shofar y ayunar; pero hay una práctica sumamente crucial que por lo general es pasada por alto: el "arrepentirse". Quizás al leer esta palabra sientes que no tiene nada que ver contigo, ya que te evoca imágenes de un sacerdote medieval exhortando a sus devotos; pero en realidad, esta práctica sí aplica a los judíos, y puede ayudar a todo tipo de personas a lograr una gran mejoría en sus vidas.

El significado verdadero de la palabra hebrea teshuvá es "regreso", a pesar de ser normalmente traducida como "arrepentimiento". Todo judío puede regresar a su "verdadero yo". La pregunta es: ¿Quién es tu verdadero yo? Eres real cuando no ignoras y rechazas a alguien que amas. Eres real cuando le hablas directamente a una persona que te ha hecho enojar en lugar de hablar a sus espaldas. Eres real cuando no te ves como un fracaso absoluto cuando tus acciones no logran la perfección total. Esos escenarios garantizan teshuvá, un regreso a tu yo verdadero.

El proceso de cuatro pasos para la teshuvá está disponible para cualquiera, pero con una advertencia: tal como dijo el cantante Bruce Springsteen, "la puerta esta abierta, pero el viaje no es gratis". Requiere compromiso, gran honestidad e introspección.

Cuatro pasos

Considera el siguiente ejemplo práctico: Alguien normalmente menosprecia a su pareja/colega/vecino/hijo. Sabe que está mal, pero continúa haciéndolo.

Paso 1: Interrumpe el comportamiento destructivo. Si piensas "realmente debería parar", pero justificas el menospreciar a otros vía email, entonces eso no es ser serio respecto a cambiar dicho comportamiento.

Paso 2: Siente remordimiento. Si la persona deja de denigrar pero no cree que estaba mal hacerlo, entonces lo único que hizo fue dar lugar a un fugaz pensamiento de decencia. Pasar tiempo pensando en cómo debe sentirse ser denigrado te ayudará a lograr un remordimiento genuino.

Paso 3: Confesión verbal. No anónimamente ni en un encuentro cara a cara con un líder religioso, sino con Dios. ¿Por qué es necesario hacer una declaración verbal? Porque hay un poder metafísico en el hecho de expresar audiblemente tus pensamientos más interiores. Restringidos a tu mente, los pensamientos positivos carecen el poder necesario. A pesar de que no vemos a Dios delante nuestro, cuando nos confesamos en voz alta nos incomodamos al decir nuestros errores, y nos sentiremos cada vez más tontos repitiendo nuestras malas acciones otra vez mañana y la semana siguiente.

En el momento de la confesión, di en voz alta: "Declaro ante Dios, Quien conoce mis pensamientos más profundos: Me he equivocado, he hecho X cosa (con detalles – las generalizaciones no cuentan) y me arrepiento profundamente de mis acciones".

Paso 4: Decide no repetir el comportamiento destructivo. Di en voz alta: "Nunca lo volveré a hacer". Si no puedes hacer este progreso, debes admitir que todavía tienes un problema.

Este proceso no es para las personas poco serias. Es para gente que quiere alcanzar la grandeza que viene de un trabajo mental/psicológico/emocional/espiritual. Al igual que el trabajo en el gimnasio puede ser desafiante pero placentero, el crecimiento personal es un proceso riguroso que produce placer. Pese a que las Altas Fiestas se acercan cada vez más, ahora sabemos que no estamos esclavizados a las fuerzas que nos separan de ser nuestro "verdadero yo".

Separa una hora en tu ajetreada agenda. Ve a algún lado en el que puedas pensar sin distracciones – un cuarto cerrado o un bosque, cualquier lugar que no tenga un teléfono o Internet para distraerte.

Piensa en las relaciones principales de tu vida – con los demás, con Dios y contigo mismo – y trata de obtener una claridad global. Trata de aislar uno o dos puntos en donde estás perdiendo terreno, y luego recorre los cuatro pasos de la teshuvá.

Asume la responsabilidad por tus comportamientos destructivos. Las mentiras que te dijiste en el pasado sobre no poder cambiar pertenecerán a alguien a quien ya no reconoces. Transfórmate. Este es el tiempo para la teshuvá, un regreso a tu verdadera esencia. "La puerta está abierta".