¡Qué año el que acabamos de vivir!

Tantas cosas salieron mal. La economía está en crisis, los fondos de retiro bajaron su valor y los trabajos son cada vez más escasos. La Madre Naturaleza se empecinó con nosotros y nos golpeó con huracanes, terremotos y temperaturas insoportables. Las rebeliones y las revoluciones se desparraman por todo el mundo y la visión de la paz universal parece cada vez más lejana.

Y además de todo eso, estamos viviendo un visible cambio cultural que no puedo recordar que nos haya afligido alguna vez en el pasado.

El cambio político más grande que viví es que la gente dejó de asumir que sus hijos tendrán una vida mejor que la de ellos.

Peggy Noonan lo expresó con precisión en un perspicaz artículo que escribió en el periódico “Wall Street Journal”. Ella dijo:

"El cambio político más grande que viví es que la gente dejó de asumir que sus hijos tendrán una vida mejor que la de ellos… el país en el que fui criada era un país que había existido firmemente por al menos dos siglos como una nación en la que todos pensaban – independientemente de su procedencia o circunstancias personales – que sus hijos tendrían una vida mejor que la tuvieron ellos. Eso fue lo que mantenía a la gente tirando hacia adelante cada mañana: ‘mis hijos la tendrán más fácil’… Los padres actualmente temen que algo ha cambiado… ahora nuestra perspectiva del futuro es fundamentalmente pesimista".

Antes la gente solía ser optimista y tenían la esperanza de un futuro que mejoraría constantemente. El crecimiento, la prosperidad y el éxito creciente eran asumidos casi como si hubiesen sido parte de un merecido derecho de nacimiento.

Podía asumirse que cada año nuevo sería mejor que el anterior.

Pero eso ya no es cierto.

Mientras continuamos con nuestra tradición anual de desearnos un feliz año nuevo antes de Rosh HaShaná, esta vez tenemos que detenernos y preguntarnos si el saludo es quizás irrealista. ¿Podemos y debemos realmente esperar tiempos felices en el futuro? En tiempos como estos, ¿es racional continuar siendo optimista?

Creo que la respuesta es que ser optimista no está simplemente permitido, ¡es una mitzvá y es obligatorio!

¿Es Dios Optimista?

¿Qué es el Creador del universo, optimista o pesimista? Si creemos en la Torá, todo lo que tenemos que hacer es mirar el primer capítulo para encontrar la respuesta. Cada día Dios creó algo diferente y luego dio un paso atrás para evaluar aquello que había traído a la existencia. Lo que veía lo complacía mucho, y día a día dio su veredicto de que "era bueno". Luego, cuando finalmente completó Su trabajo con la creación de Adán y Eva, la Torá nos dice: "Y Dios vio todo lo que había hecho y vio que era muy bueno" (Génesis 1:31).

Es por eso que William James, el famoso psicólogo y filosofo estadounidense, tenía razón cuando dijo que: "El pesimismo es esencialmente una enfermedad religiosa". Un pesimista no está de acuerdo con el juicio divino. Un pesimista cree que vivimos en el peor de todos los mundos posibles. ¡Lamentablemente no se toma en serio la opinión de Quien lo hizo!

El psicólogo Martín Seligman, de la Universidad de Pensilvania, concluyó que el pesimismo puede ser cambiado; la gente puede alterar su pensamiento sobre los malos eventos y mejorar así su salud.

El optimismo puede ser cultivado.

Muchos profesionales de la salud han llegado a concordar con él; el optimismo puede ser cultivado. Robert Thayer, profesor de psicología de la Universidad Estatal de California, dice en su libro “The Origin of Everyday Moods” (“El Origen de los Estados De Ánimo de Todos los Días”) que la mayoría de la gente cree erróneamente que el optimismo y el pesimismo son rasgos inalterables. Pero él y sus colegas encuentran que esos sentimientos, incluso en la misma persona, tienden a ir y venir. Son como los estados de ánimo, que usualmente son asociados con momentos específicos.

Incluso cuando el mundo que nos rodea pareciera estar derrumbándose y nuestras vidas parecieran estar llenas de presagios de desastre, siempre hay maneras de evitar que caigamos en depresión y que asumamos que Dios nos ha abandonado.

  • El Dr. Robert Fox, siquiatra en el campus de Portland del hospital St. Francis Care, dice que ayudar a los demás ayuda considerablemente a construir el optimismo. Al parecer, amar a tu prójimo como a ti mismo no sólo es bueno para tu prójimo, sino que también sería una poderosa medicina para ti. "Los optimistas", de acuerdo a Fox, "descubren que la cooperación es mejor que la competición".

  • El psicólogo Michael Mercer, autor del libro “Spontaneous Optimism Proven Strategies for Health, Propserity, and Happiness" (“Estrategias Comprobadas de Optimismo Espontáneo para tener Salud, Prosperidad y Felicidad”), aconseja que el camino al optimismo es concentrarse en lo que quieres en la vida y no en lo que no quieres. Los optimistas, explica él, se enfocan en las soluciones y no en los problemas. En otras palabras, en vez de pensar "odio a mi jefe", piensan en "¿qué puedo hacer para ser una mejor persona?".

  • Mercer destaca también la importancia del entorno. Pasar tiempo con gente que vive quejándose influenciará negativamente tu pensamiento. Tener amigos que disfrutan la vida y se ríen mucho hará maravillas. El desarrollar un sentido de comunidad afiliándote a una sinagoga y el fortalecer los valores positivos ayudan a crear un mundo interior completamente diferente, más allá de lo malos que parezcan ser los eventos externos.

  • También sugiere aprender a utilizar un lenguaje positivo. Nunca digas que estás cansado; di que necesitas recargar las baterías. Lo mejor de todo es utilizar la plegaria para resaltar tu conexión con un poder superior y tu continua esperanza en el futuro.

  • Martin Seligman, autor del libro “Learned Optimism” (“Optimismo Aprendido”), señala que podemos elegir cómo pensar. Los estilos de pensamiento se convierten en hábito. Podemos controlar nuestros pensamientos al igual que podemos controlar nuestros músculos. Los pesimistas tienden a tener pensamientos desesperados. Se dicen a sí mismos cosas como "nunca lo voy a hacer bien" y "siempre lo arruino", o peor aún, se describen con una etiqueta negativa como "soy un estúpido". La gente debe aprender a hablarse a sí misma con más amabilidad, como esperarías que te hablara un amigo cercano. Si actuaste como un idiota, no te describas de esa forma en tu mente, sino en cambio puedes decir: "A veces no soy tan considerado como quisiera, pero en general sé que soy una persona amable". Su consejo, creo yo, resuena en la profunda admonición del gran sabio Jafetz Jaim, que advirtió que hablar mal de uno mismo es un pecado tan grande como hablar mal de los demás.

  • Acepta la sabiduría de William James, quien afirmó que: "El descubrimiento más grande de mi generación es que los seres humanos pueden alterar sus vidas por medio de alterar su actitud mental". Los sobrevivientes de campos de concentración explican a menudo que su estrategia más importante para seguir con vida era imaginar en sus mentes que estaban comiendo una comida completa, incluyendo aperitivo y postre. Ellos no recibían ninguna caloría extra por esto, pero sí reafirmaban su creencia en que algún día sus vidas serían normales de nuevo. Deja que tu mente piense pensamientos santos, aconsejaron nuestros sabios, y así es como llegarás tú a ser santo.

  • Aprende a mirar a la gente y pensar en sus cualidades positivas en lugar de en sus fallas. Si lo primero que adviertes sobre tu cita es que es calvo, y te pierdes ver su hermosa sonrisa y su amable rostro, quizás estés destinada a una vida de soledad porque nadie será lo suficientemente bueno para ti.

  • Y, lo más importante de todo de acuerdo a los científicos sociales, es apegarte a un sistema de valores que te inspire y le dé significado a tu vida – un empuje emocional que asegurará tu felicidad más allá de las desafiantes circunstancias que aparezcan en la vida.

Lo que todas estas reveladoras ideas tienen en común es que nos debemos a nosotros mismos ser optimistas, más allá de lo que esté pasando a nuestro alrededor – y que los valores espirituales de la fe tienen el potencial más grande para alcanzar ese objetivo.

Todo esto es otra forma de decir que cuando nos consagremos nuevamente a Dios en las Altas Fiestas, tendremos una mayor posibilidad de asegurar que – a pesar de todo – tendremos un muy feliz año nuevo.