Este es el tema de Shavuot – estamos celebrando la entrega de la Torá a nosotros, el Pueblo Judío, en el Monte Sinai. Y ya que cada uno de nosotros, esperando este regalo al pie de la montaña con expectante entusiasmo, es único, todos recibimos la Torá en la manera en que mejor podemos entenderla. Eso es lo que le estaba explicando a mi clase de 7mo grado de estudios judaicos antes de invitarlos a mi tercera cena anual de Shavuot y a una sesión nocturna de estudio.

Por cuatro años, fui maestra de estudios judaicos en una escuela comunitaria de Los Ángeles (los estudiantes son principalmente de escuelas primarias reformistas y conservadoras), donde comencé la tradición de invitar estudiantes para una gran comida de Shavuot que dura hasta las 11:45 p.m. Lo más destacado de la noche incluye mis diversas tortas de queso caseras (una comida tradicional de Shavuot) y los invitados especiales que traigo para aprender con nosotros.

Comencé esta tradición accidentalmente durante mi primer año en esta escuela, cuando le explicaba a la clase sobre la costumbre de estar despierto toda la noche estudiando Torá en Shavuot como un tikun (reparación) por los judíos que se quedaron dormidos en la mañana en que la Torá fue entregada, en vez de estar despiertos toda la noche con anticipación. Creo que hice que lo de estudiar toda la noche suene bastante interesante, porque cuando pregunte en forma de broma si alguien quería unirse a mis amigos y a mí, tres estudiantes me preguntaron si podían.

Aquel primer año, tenía seis alumnos, dos ex estudiantes de otro colegio y unos 18 amigos. Más amigos fueron llegando a lo largo de la noche, y cuando los padres vinieron a buscar a sus hijos, ¡se interesaron en el estudio y se quedaron también! Eventualmente, los niños y sus padres se fueron, y mis amigos y yo fuimos a nuestro shul a aprender con nuestros maestros por el resto de la noche. Fue una noche inolvidable.

San Francisco 1995

Mientras le explicaba todo esto a mi clase actual, una misteriosa sonrisa se formo sigilosamente en mi cara, al acordarme la primera vez que celebré Shavuot...

Era 1995, y aunque ya estaba pensando acerca de si hacía parte de mi vida a la práctica judía, todavía no había hecho un compromiso completo con la observancia de la Torá. En esa época estaba trabajando en la industria del cine en Los Ángeles, sin nunca siquiera pensar en convertirme en maestra. Apenas podía hervir agua, ¡mucho menos preparar una torta de queso!

Estaba en San Francisco para ver a mi banda favorita, los Grateful Dead. Y era Shavuot.

Me dijeron que fuera después del concierto, sin importar la hora, ellos estarían despiertos estudiando.
Durante aquel año, había hecho muy buenas amigas que también eran fans de la banda, pero que también eran observantes de la Torá. Ellas obviamente no tenían planeado ir a los conciertos, pero estaban yendo a San Francisco ese mismo fin de semana por Shavuot para aprender con uno de sus rabinos favoritos. Querían que yo fuera con ellas, pero yo estaba decidida a ver el recital. Así que me dijeron que fuera después del concierto, sin importar cuán tarde fuera, ellas de todas maneras estarían estudiando toda la noche, y tal vez yo podía estudiar un poco con ellas.

Después de un concierto increíble, le pedí a la amiga que había ido conmigo si podíamos pasar por lo del rabino para estudiar un poco. A pesar de que eran las 2:30 de la mañana, ella estuvo de acuerdo (¡después que le dije que ahí podía haber algunos lindos chicos judíos!).

Yo esperaba que sólo hubiese algunas amigas mías sentadas de modo informal con el rabino, pero cuando llegamos en nuestros jeans, camisetas de manga corta y con nuestras mejillas pintadas con dibujos, nos avergonzamos mucho. La casa estaba llena de gente, la mayoría gente que yo no conocía, vestidos muy bien e inmersos en el sagrado espíritu de Iom Tov.

Mortificadas, miramos a nuestro alrededor y rápidamente fuimos a refugiarnos a la cocina. Nuestro suspiro de alivio cambió a consternación cuando notamos que no estábamos solas en la cocina. Un tipo joven con barba, sombrero negro, ¡Oy! ¡Lo único "sagrado" que tenía eran mis jeans!

Justo cuando estábamos por irnos no sólo de la cocina, sino que de toda la experiencia, el hombre terminó lo que estaba haciendo y dijo, "¿Y? ¿Cuál fue el repertorio? ¿Quién comenzó cantando, Jerry o Bobby?".

Es estupendo que estén estudiando Torá; ¡no se preocupen por cómo están vestidas!

¡Mi amiga y yo sonreímos la más grande de las sonrisas! Sabíamos que no estaba solamente preguntando que canciones tocaron en el concierto o si Jerry García o Bob Weir cantaron la primera canción. Entendimos en nuestros corazones que nos estaba diciendo, "es estupendo que hayan venido a estudiar un poco de Torá y no deberían preocuparse por cómo están vestidas". Nos sentimos mejor. Después de todo, ¡este religioso entusiasta también era un fan de la banda!

Así que nos fuimos a un cuarto más pequeño con algunas de mis amigas que habían venido de L.A. y comenzamos a aprender la belleza de la Torá. Escuchamos lo que teníamos que escuchar. Lo entendimos de la manera en que pudimos y en la que debíamos, justo en ese momento.

Cada año en Shavuot, estoy en un lugar distinto conmigo misma y en mi relación con Dios, y cada "recibimiento" de la Torá parece mágicamente calzar en el lugar en el que estoy.

Mi cena anual de Shavuot con mis estudiantes es siempre muy especial. Recibo muchos alumnos, ex estudiantes y amigos con torta de queso, lasaña y risas. Vamos según el orden de la mesa y cada uno habla de porqué la Torá es importante para él. Yo miro con una sonrisa al ver las expresiones de mis amigos que revelan sobrecogimiento por las lindas y profundas respuestas de mis alumnos. Y me doy cuenta que para cada judío, "recibir" la Torá es el mayor de todos los regalos.