El Midrash dice alegóricamente, que cuando Dios estaba preparándose para entregar la Torá, todas las montañas se ofrecieron y declararon el porque pensaban que la Torá debería ser entregada sobre ellas.

"Yo soy la montaña más alta", dijo una. "No", dijo otra, "Yo soy la montaña más empinada y por lo tanto la Torá debería entregarse sobre mi". Una a una, todas declararon sus argumentos. Pero al final, Dios eligió al Monte Sinai – no porque era el más alto o el más grande (ya que no lo es, como cualquiera que haya viajado por el Desierto de Sinai puede atestiguar), sino porque, dice el Midrash, es el más humilde.

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El Verdadero Carisma

¿Qué es esta noción de "humildad" y qué relación tiene con la Torá?

Primero, clarifiquemos que no es humildad. Humildad no significa una sumisa falta de entusiasmo por hablar o ser asertivo. Humildad no es encorvar tus hombros y tener baja auto-estima. La Torá (Números 12:3) se refiere a Moisés como "la persona más humilde que ha vivido" – y sin embargo, él confronta agresivamente al Faraón, pelea la guerra contra Amalek, y se levanta para reprender al Pueblo Judío.

El judaísmo define la humildad como "vivir con la realidad de que nada importa excepto hacer lo correcto". Esto significa que la persona humilde no depende de la opinión de los otros. Porque algunas veces, hacer lo correcto es popular (y concuerda con las necesidades personales del ego), y a veces no lo es. Pero la persona humilde puede apartar este ego, si es necesario, para consecuentemente hacer lo correcto.

En el mundo secular, las grandes personalidades son comúnmente las más arrogantes. Imagina a una estrella de cine entrando a una fiesta: presumiéndose, engreído, nariz en alto. Su estilo grita: "Soy espectacular y no te necesito a ti o a nadie más". La habitación está silenciosa de temor.

¿¡Carisma!?

El judaísmo dice que este es falso carisma. A la persona arrogante no le preocupa el bien o el mal. Si es necesario, avergonzará a alguien, mentirá, o incluso robará para satisfacer las necesidades de su ego.

  • "Arrogancia" = Yo soy lo único importante.
  • "Humildad" = Lo que es más grandioso que yo es lo importante.

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Un Paso hacia Adelante, un Paso hacia Atrás

La humildad es la habilidad de ser objetivo con respecto a la posición de uno mismo en relación con los demás. Si estoy en la posición de guiar, entonces debo hacerlo. Si no, debemos dejar el puesto a alguien más. Debo saber donde estoy parado, y no tomarme libertades que no me fueron entregadas. Si estoy en presencia de alguien más instruido, debo pensar dos veces antes de hablar. No hay nada más molesto que un contador en una habitación llena de doctores aseverando sobre la ciencia médica.

El Rabino Simja Bunim de Pshisja (Europa siglo XIX) siempre traía consigo dos papelitos – uno en el bolsillo derecho y el otro en el izquierdo. En un papel estaba escrita la frase Talmúdica, "El mundo entero fue creado sólo para mí" (Sanedrín 38a). En el otro papel estaban escritas las palabras de Abraham, "Soy tan sólo polvo y cenizas" (Génesis 18:27). De esta forma, él se recordaba que hay momentos para dar un paso hacia delante, y momentos para dar un paso hacia atrás.

Mientras más alto llega una persona espiritualmente, más humilde es. Mientras más nos acercamos a Dios, nos volvemos más realistas acerca de nuestras limitaciones, vulnerabilidad y mortalidad. Interiorizamos la realidad de que la posición de cada ser humano no es infinita y que sólo Dios es eterno. Moisés fue llamado "el más humilde" porque cuando estuvo frente a Dios él supo su lugar. Todo lo demás le resta lugar a Dios. Es por esto que el Talmud compara la arrogancia con adorar ídolos; ambos alejan la presencia de Dios.

El Rabino Rafael de Barshad (Europa siglo XIX) lo resumió de la siguiente forma: "Cuando llegue al cielo, me preguntarán, ¿Por qué no estudiaste más Torá? Y yo les diré que yo soy torpe. Entonces me preguntarán, ¿Por qué no hiciste más actos de bondad por los demás? Y yo les diré que soy débil físicamente. Entonces me preguntarán, ¿Por qué no diste más tzedaká? Y yo les diré que no tenía suficiente dinero. Pero luego me preguntarán: ¿si eras tan estúpido, débil y pobre, por qué eres tan arrogante? Y para eso no tendré una respuesta".

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Herramientas para la Humildad

¿Y cómo alcanzamos la humildad? La primera cosa que un judío hace al despertarse por la mañana es decir el rezo "Modé Aní": "Yo Te agradezco, Dios, por gentilmente haberme devuelto mi alma por otro día más. ¡Gracias!".

El primer paso de la humildad es poner nuestra relación con Dios en perspectiva. Debemos profundizar nuestra relación con Él, y no darle lugar a la energía negativa que proviene del desenfreno. Como resultado estaremos más relajados, calmados y flexibles. Y esto sucesivamente, se transmitirá a todas nuestras relaciones interpersonales: sociedad de negocios, matrimonio, comunidad y la sociedad civil en general.

Más herramientas para conseguir la humildad:

  • Leer obituarios. Son una buena dosis de humildad. Ellos nos ayudan a ver en perspectiva el verdadero significado de la vida. Intenta escribir tu propio obituario. ¿Por qué quieres ser recordado?
  • Usa la humildad para sobreponerte a argumentos. No tienes que responder a cada insulto.
  • Pídele a un amigo cercano que te haga críticas. Mientras más claramente vemos nuestros defectos, menos arrogantes seremos con los demás.

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Deja Lugar a Dios

Un paso crucial hacia la humildad se encuentra en el versículo con que comienza el libro de Números. "Y Dios habló a Moisés en el Desierto de Sinai". Los sabios hacen una pregunta fundamental: ¿Por qué la Torá fue entregada en el desierto? Porque el desierto es vacío. Lo que esto significa es que para adquirir la Torá – recibir la sabiduría de Dios – primero debemos estar dispuestos a desocupar espacio interno.

Mientras nos preparamos para la fiesta de Shavuot, y para revivir la experiencia en Sinai, el mensaje para nosotros es que sepamos cual es nuestro lugar, que hagamos algo de espacio, y dejemos que la verdad de Dios y Su Torá ingresen profundamente.