Cada nuevo momento de vida trae con él nuevas oportunidades a medida que nos movemos a lo largo del espectro del tiempo. En medio del constante movimiento del tiempo, las festividades judías son puntos únicos que cuentan con una especial energía espiritual. Cada festividad es una oportunidad para aprovechar el tema inherente a ese momento. Antes de sumergirnos en el tema específico de Shavuot, necesitamos entender el tiempo de forma general.

La naturaleza del tiempo

En la Hagadá de Pésaj hay un poema litúrgico que dice que nuestro patriarca Abraham les sirvió matzá a los tres ángeles que lo visitaron, porque en ese momento era Pésaj. Rashi, un famoso comentarista de la Torá del siglo XI, cita esta opinión sobre los versículos de Génesis (Génesis 19:3) y dice que Lot hizo lo mismo con los ángeles que llegaron a Sodoma. ¿Cómo es posible? ¡El mandamiento de comer matzá se origina en el éxodo de Egipto, un evento que ocurrió varios siglos más tarde!

Para entender por qué Abraham y Lot sirvieron matzá a sus huéspedes antes de que Pésaj ocurriera, debemos desarrollar un profundo entendimiento del tiempo. El tiempo no se mueve en una línea recta continua, sino que gira en círculos en un ciclo anual repetitivo. Rav Moshé Jaim Luzzato, filósofo y kabalista del siglo XVIII, explica que Dios creó ciclos temáticos de tiempo, donde cada punto del año cuenta con singulares energías espirituales. Rosh HaShaná, Iom Kipur, Sucot y todas las festividades, se asocian con su singular tema espiritual en el tiempo.

Las festividades no conmemoran simplemente un evento histórico; podemos aprovechar las profundas energías inherentes a ese momento en el tiempo.

Este entendimiento transforma nuestra percepción del tiempo. No celebramos cada año Pésaj el 15 de nisán porque ahí fue cuando los judíos fueron liberados de Egipto, sino que los judíos fueron redimidos de Egipto el 15 de nisán porque es zmán jeruteinu, la 'época de liberación'. Esa fuerza de liberación fue lo que permitió que los judíos escaparan de la esclavitud de Egipto. Por eso Abraham y Lot comieron matzá mucho antes de que tuviera lugar el éxodo. La matzá representa la libertad, y Abraham y Lot se conectaron con las ondas espirituales de libertad inherentes a ese punto en el tiempo. Ellos no estaban conmemorando un evento histórico, sino que se conectaron con las profundas energías del tiempo inherentes a ese punto en el ciclo.

Asimismo al experimentar cada festividad no conmemoramos simplemente un evento histórico, sino que nos conectamos con las profundas energías inherentes a ese punto en el tiempo. De esta forma queda claro que el tiempo no es una línea continua sino un círculo.

Espirales en el tiempo

Sin embargo, incluso la analogía del círculo es limitante. Si el tiempo de hecho fuera un círculo, cada punto del año simplemente sería una recreación y repetición de ese punto del año previo, de ese momento previo alrededor del ciclo. Eso no tendría ningún sentido. No buscamos volver a experimentar el pasado cada año. Nuestro objetivo es expandirnos sobre lo que creamos año tras año. Por lo tanto este año, cuando regresamos al mismo punto en el ciclo como el año pasado, estaremos en un lugar fundamentalmente diferente. Cada Rosh Hashaná debe ser más elevado que el anterior, cada Shavuot debe ser un nuevo Shavuot. A través de nuestro crecimiento y ascensión somos capaces de convertir el círculo bidimensional en un espiral tridimensional, atravesando el mismo círculo pero a nuevas alturas, en otro peldaño. Mantenemos la circularidad pero logramos ascender.

Volver a experimentar Shavuot cada año

¿Cuál es el poder y el potencial inherente en Shavuot y cómo podemos aprovecharlo para crecer en nuestro camino en espiral ascendente?

En Shavuot, revivimos la experiencia y aprovechamos el poder espiritual de la entrega de la Torá.

En Shavuot se acostumbra a permanecer de pie durante la lectura de la Torá. Rav Iosef Dov Soloveitchik, un destacado pensador del siglo XX, explica que en este día permanecemos de pie durante la lectura de la Torá porque recreamos la experiencia del momento en que todo el pueblo judío estuvo de pie alrededor del Monte Sinaí para recibir la Torá. No nos limitamos simplemente a repetir este proceso cada año, sino que también volvemos a aceptar la Torá en un nivel completamente nuevo como seres más elevados que crecieron a través de cada revelación de Torá del último año. Este año recibimos la Torá en el mismo punto a lo largo del círculo como el año pasado, pero en un escalón más alto del espiral. En un sentido, recibimos la Torá nuevamente, en una nueva dimensión de tiempo y de energía espiritual.

Si Shavuot es el tiempo de la entrega de la Torá, para entender realmente lo que tratamos de experimentar en Shavuot primero necesitamos entender qué es la Torá. Los eruditos pueden referirse a ella como un libro histórico; otros pueden pensar que es un libro de leyes o una fuente de sabiduría judía. Sin embargo, la Torá es algo más profundo que todas estas cosas.

La Torá no es simplemente una guía para vivir una vida de verdad dentro del mundo en el cual vivimos, sino que es el plano y el ADN de este mundo físico. En otras palabras, nuestro mundo físico es una proyección y una emanación de la profunda realidad espiritual descrita en la Torá. Este es el significado de la antigua enseñanza rabínica que dice: “Dios observó la Torá y creó el mundo”. La Torá es el plano del mundo. El mundo físico es una emanación y una expresión de la Torá, la raíz espiritual de la existencia.

Para ilustrar este concepto, imagina un proyector. La imagen que ves en la pantalla emana del film en el proyector, por lo que todo lo que ves en la pantalla es simplemente una expresión de lo que contiene el film. Así también cada cosa que vemos y experimentamos en el mundo físico surge de una raíz espiritual, la dimensión trascendente de la Torá.

Similarmente, los árboles que ves afuera se originaron de una sola semilla. Cada persona se originó de un cigoto, un código genético que es mitad masculino y mitad femenino. A partir de esa célula finalmente se manifestará un ser humano completamente desarrollado. Tú eres la expresión de tu semilla originaria, tal como el mundo es la expresión de su semilla y de su raíz: la Torá.

Por lo tanto, el mundo en que vivimos de hecho es un camino para lo espiritual. Podemos acceder al mundo espiritual, trascendente a través de este mundo porque los dos están íntima e intrínsecamente conectados.

Para ilustrar este concepto, piensa en la manera que otros seres humanos te experimentan y te entienden. Todo lo que ven de ti es tu cuerpo físico. No pueden ver tus pensamientos, tu consciencia, tus emociones, tu alma. Todo lo que pueden ver son tus palabras, tus actos, tu expresión facial, tu lenguaje corporal… Es decir, la forma en que te expresas a ti mismo dentro del mundo. Ellos no pueden ver tu mundo interior, pero pueden acceder a él a través de las expresiones externas que tú proyectas.

Lo mismo es cierto respecto a los seres humanos que desean experimentar a Dios y la espiritualidad. No podemos ver lo espiritual, no podemos ver lo que es etéreo y trascendente. Sólo podemos ver aquello que es físico. Sin embargo, podemos usar lo físico para acceder a la raíz espiritual, podemos estudiar la expresión de la Torá en este mundo para entender su raíz espiritual.

El regalo de la Torá

Dios nos dio la Torá para guiarnos en nuestro camino espiritual en este mundo. Por lo tanto, Shavuot no es una convocatoria para ser seres angelicales, trascendentes, elevados y perfectos, por encima de las luchas innatas a la condición humana. Es una convocatoria para traer trascendencia y espiritualidad a este mundo. No buscamos escaparnos de este mundo, buscamos transformarlo. La verdadera santidad no es trascendencia ni escapismo, es unir lo trascendente con lo inmanente. Esto es lo que viene a enseñarnos la Torá, cómo elevar nuestra experiencia física y conectarla con lo espiritual. Cuando lo hacemos correctamente, la Torá nos permite elevar cada aspecto de nuestra experiencia terrenal con algo más elevado, más sagrado y más significativo.

Nuestra tarea en Shavuot es dar el siguiente paso en nuestra espiral evolutiva a través del tiempo. No sólo debemos volver a aceptar lo que ya hemos aceptado, debemos llevarlo a un nuevo nivel, subir el siguiente peldaño. No nos limitamos a recordar, construimos; no repetimos, ascendemos. Pensemos cómo podemos hacer que nuestra aceptación de la Torá en este Shavuot sea la mayor hasta el momento.