Ahora que la pandemia global parece estar retrocediendo gracias a las maravillas de la vacunación mundial, los psicólogos y los expertos de la salud mental nos alertan sobre la presencia de un significativo trastorno de estrés post traumático.

Extrañamente, esto afecta a las personas que fueron suficientemente afortunadas y se salvaron de la muerte, así como de las terribles torturas de aquellos que sufrieron los síntomas de esta enfermdad que no tiene la más mínima misericordia de sus víctimas.

Para aquellos que de alguna manera tuvimos la gracia Divina de no vernos afectados por el COVID-19 —aunque cada día sufrimos la pérdida de amigos y parientes—, hay otra realidad que ahora salió a la luz. Como lo expresó Nadine Kaslow, profesora de psiquiatría y ciencias del comportamiento en la escuela de medicina Emory en Atlanta: "Cuando la tragedia afecta a quienes están cerca, pero nos deja ilesos, algunos agradecemos nuestra buena suerte, pero otros se sienten culpables. "¿Por qué no yo?", nos preguntamos. "¿Por qué yo me salvé y ellos no?". Estas preguntas son la marca distintiva de un fenómeno no oficial pero muy real llamado "la culpa del sobreviviente".

"Cuando un individuo cree que hizo algo malo al sobrevivir un evento trágico en el cual otros murieron o sucumbieron, tiene lugar el fenómeno de la culpa del sobreviviente. Esto puede manifestarse a través de todo un espectro, desde sentimientos agridulces hasta la desesperación total. Por lo general, la culpa del sobreviviente tiene lugar después de una gran catástrofe (como las muertes en un campo de batalla o en un accidente aéreo), o una pandemia".

Ellen Hendriksen, una psicóloga clínica del Centro de Ansiedad y Trastornos Relacionados de la Universidad de Boston, dice que la culpa del sobreviviente a menudo enmascara sentimientos más profundos y más dolorosos. Ella cree que sentirnos responsables por una pérdida es una manera de afirmar el control sobre situaciones aleatorias. Esto puede aplicarse cuando alguien piensa en los cientos de miles de personas que murieron o en algo más personal, como la pérdida de un padre o de un cónyuge.

"Si bien la culpa es incómoda, es menos incómoda que el duelo, el sufrimiento y los sentimientos de tristeza", afirmó Hendriksen, quien escribió sobre la culpa del sobreviviente en Psychology Today.

"¿Por qué Dios me eligió para darme más vida?"

Sin embargo, hay una forma muy potente y extremadamente productiva no sólo de enfrentar la culpa del sobreviviente sino de transformarla de un trastorno psicológico a una benéfica bendición. "Lo que realmente ayuda es enfatizar actividades constructivas y positivas", afirmó Hendrickson. La culpa del sobreviviente se alivia al asegurar que la vida del sobreviviente esté repleta de significado y propósito, proveyendo una respuesta personal satisfactoria si no a la pregunta respecto a por qué otra persona falleció, por lo menos a la sensación más personal de asombro: "¿Pero por qué yo fui elegido por Dios para recibir más vida?".

He conversado con muchísimos sobrevivientes del Holocausto. Uno de los problemas más desconcertantes que muchos de ellos compartieron conmigo se refiere a la realidad existencial de haber sido seleccionados, como dicen muchos de ellos, "por Dios o por increíble casualidad", para salvarse en varios momentos de una muerte segura. Los estudios demuestran que aquellos que encontraron una mejor resolución personal a este dilema sobre la razón por las que se les concedió el regalo de la vida, asumieron el compromiso de convertir su inesperada recompensa en años de logros significativos: familias, logros profesionales, legados personales, valores para sus seres queridos y para el pueblo judío.

No me parece que sea una coincidencia que el Holocausto terminó en 1945 y que el estado de Israel haya sido fundado en 1948, cuando la potencial "culpa del sobreviviente" de los sobrevivientes actuó como un poderoso impulso para los "logros de los sobrevivientes". La creación de una patria judía fue parcialmente en respuesta a aquellos que pudieron haber llegado a sentir culpa por haber sobrevivido, pero eligieron en cambio dedicar sus vidas a justificar la decisión Divina de otorgarles la vida.

La culpa del sobreviviente que se transforma en una bendición tiene un antiguo precedente.

Si la tragedia nacional (la inexplicable muerte de algunos y la supervivencia de otros) es la fuente de lo que la Asociación Norteamericana de Psicología denomina el "síndrome de la culpa del sobreviviente", el pueblo judío en la época bíblica por cierto tuvo varios ejemplos durante su esclavitud en Egipto. Los inocentes bebés varones fueron arrojados al Nilo. Para construir las pirámides, usaron niños en vez de ladrillos. Los esclavos hebreos a menudo eran asesinados.

Quienes llegaron al Sinaí eran los sobrevivientes del Holocausto egipcio. Ellos fueron quienes aceptaron la Torá en el día que hasta la actualidad celebramos cada año la festividad de Shavuot.

El mensaje de los Diez mandamientos es claro: "Yo soy Hashem, tu Dios, quien te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre". El hecho mismo de haber sobrevivido te obliga a asegurarte que el resto de tu vida sea significativa. Vivir con esperanza, con propósito y con un compromiso divino.

Por eso Shavuot viene a continuación de Pésaj. Y por eso la respuesta colectiva de todos los que nos salvamos de los horrores del COVID-19 debe ser reemplazar cualquier vestigio de la "culpa del sobreviviente" y aferrarnos en vez con devoción a las verdades universales que fueron reveladas en el Sinaí.