Siempre fui una persona nocturna. Tengo un trastorno de retraso en la fase del sueño en la que mi reloj interno me dice que las 2, 3 o 4 AM es una hora completamente aceptable para irse a dormir, incluso si al día siguiente tengo que levantarme a las 8 AM.

Funciono mejor de noche. Después de las 10 de la noche siento que mi cerebro se acelera. Trabajo más rápido. Soy más creativa. Genero ideas y planeo preparar recetas, limpiar la casa y tener mis (sumamente necesarias) tazas de café listas para la mañana siguiente.

Y sí, hay otra cara: me he quedado despierta hasta las 5 de la mañana mirando películas, perdiendo tiempo en Internet y comiendo comida chatarra. Esto pasó muchas veces al comienzo del coronavirus, cuando estaba en pánico, preocupada y estresada.

De noche, cuando estamos solos y ocultos del mundo exterior, mostramos quiénes somos realmente. Cuando se abre el cielo, revelando su escenario de estrellas, podemos dejar emerger nuestra verdadera alma.

Se acostumbra a celebrar Shavuot, que conmemora la entrega de la Torá en el Monte Sinaí, quedándose despierto toda la noche estudiando Torá. Al estudiar hasta el alba, expresamos nuestro entusiasmo por el estudio de la Torá. Es una especie de rectificación por el error de nuestros antepasados que se quedaron dormidos la mañana en que recibieron la Torá.

El Talmud enseña: "Quien estudia Torá de noche, durante el día atrae sobre sí una hebra de bondad" (Avodá Zará 3b). ¿Cuál es la bendición especial del estudio nocturno? Durante el día, la persona puede estudiar para que otros la vean, pero el estudio nocturno tiene lugar con recato y reclusión. Es una expresión del estudio de la Torá por el estudio mismo. Es una expresión de amor.

Durante el día cumplimos nuestras obligaciones y hacemos lo que debemos hacer para trabajar, cuidar a nuestros hijos, ir a la escuela. De noche, hacemos lo que nosotros queremos hacer; las cosas que amamos, como quedarnos despiertos toda la noche devorando una novela que no podemos dejar.

En Shavuot, le mostramos a Dios cuán emocionados estamos de recibir la Torá. Como conversa, empecé a estudiar Torá cuando tenía 20 años. Me sentía vulnerable sólo por estar comenzando mi vida. No sabía en qué iba a trabajar, dónde debía vivir ni quién era. Estaba increíblemente ansiosa porque sentía que si daba un mal paso, arruinaría toda mi vida.

Ahora, diez años después de haber comenzado mi camino de conversión y cinco años después de haberme convertido oficialmente en judía, encontré muchas respuestas para esas preguntas. Soy una persona mucho más calma y centrada. No podría haber dado rumbo a mi vida sin la Torá. Ella me da las pautas necesarias para vivir una vida significativa y plena. La Torá me da la fórmula para la felicidad y me enseñó la importancia de tener fe incluso en las circunstancias más difíciles.

Este año, incluso si tenemos que estar solo en la noche de Shavuot, Dios sigue estando con nosotros. Al mostrarle nuestro entusiasmo por la Torá, recibiremos una luz que nos sacará de esta oscuridad e iluminará a todo el mundo.