“Yo creo que la Biblia es el mejor regalo que Dios le ha dado a la humanidad”, dijo Abraham Lincoln.

Shavuot es la festividad que conmemora la entrega de ese regalo al pueblo judío. De acuerdo con la tradición judía, Dios ofreció la Torá a toda la humanidad, pero todos se negaron a aceptarla. Ellos no estaban preparados para someterse a sus leyes ni para ser guiados por sus valores. Esta es en parte la razón por la que el mundo se ve de la forma en que lo conocemos, todavía muy lejos de concretar su potencial para la paz, el amor y el perfeccionamiento mesiánico.

Pero nosotros, los descendientes de aquellos que estuvieron en el Monte Sinaí, asumimos un compromiso eterno de valorar las palabras de la Torá y vivir de acuerdo con sus enseñanzas.

La Torá no es solamente un libro de leyes. También está repleta de narrativas. Allí encontramos la historia de muchas personas, algunas cuyas vidas son inspiradoras y otras que personifican el engaño y la maldad.

La Torá fue entregada primordialmente no para nuestra 'información' sino para nuestra 'transformación'.

Ningún otro libro legal conjuga con tanta gracia leyes con historias, reglas y regulaciones con las vidas de personalidades históricas.

¿Cuál es el significado de esta notable fusión? La Torá fue entregada primordialmente no para nuestra 'información' sino para nuestra 'transformación'; y para poder transformarnos realmente a través de sus ideales necesitamos modelos a seguir, historias sobre aquellos que tuvieron éxito para inspirarnos e historias de aquellos que fallaron para servir como advertencia sobre la posibilidad de desperdiciar la vida y dejar malos legados.

Warren Buffet, el brillante pronosticador de Wall Street, compartió una profunda predicción más allá del mercado de valores. Él declaró: “Dime quiénes son tus héroes, y yo te diré cómo terminará tu vida”.

De acuerdo con un destacado artículo de Psychology Today, en la actualidad los héroes son casi una especie en extinción. En una encuesta reciente a más de mil norteamericanos, más de la mitad no pudieron nombrar ni una figura pública a quien admiraran o consideraran un héroe. Fácilmente podían mencionar a decenas de celebridades. Pero las celebridades no son héroes. Una celebridad es creada por los medios de comunicación; los héroes se crean por sus propios actos. Las celebridades crean tendencias de moda; los héroes crean valores. Las celebridades sólo se interesan en la fama y la gloria; los héroes están motivados por la moral, el coraje e ideales universales.

En una encuesta reciente, más de la mitad de los encuestados no pudieron nombrar ni una figura pública a quien admiraran o consideraran un héroe.

Pero el precio que pagamos es muy alto cuando la sociedad convierte a sus celebridades en modelos a seguir y (quizás por desear verdaderos ejemplos) ignora a los héroes de carácter, de virtud y de nobleza ética. La fuerza de la Torá en nuestras vidas y en las vidas de nuestros hijos es la fuerza del ejemplo, la influencia de los gigantes de nuestro pasado para dar forma a los sueños y las aspiraciones para nuestro futuro. Las narrativas de la Torá son las ilustraciones necesarias para la posibilidad de su cumplimiento.

Hay una historia famosa sobre el Jafetz Jaim, Rav Israel Meir Kagan (1838-1933), el erudito talmúdico, maestro ético y religioso, venerado por los judíos de todo el mundo por su santidad y su sabiduría. Una vez convocaron al Jafetz Jaim a dar testimonio en una corte de justicia, y el abogado quiso explicarle a la corte el grado de honestidad del Rabino. Él dijo que una vez el Jafetz Jaim atrapó a un ladrón robando algo de su pequeña casa. Para que el ladrón no fuera culpable de un crimen tan grave condenado en los Diez Mandamientos, el Jafetz Jaim corrió detrás del ladrón gritándole: “¡Es tuyo! ¡Te perdono!”.

El juez miró fijamente al abogado y le preguntó si él realmente creía esa historia. El abogado le respondió: “No estoy seguro, su señoría. Pero sé que no cuentan historias similares sobre mí ni sobre usted”.

El hecho es que la gente cuenta esa clase de historias no sólo sobre el Jafetz Jaim sino sobre muchas otras figuras judías sagradas y piadosas. Esto se debe a que aquellos que estudian la Torá se convierten en ejemplos vivos de la Torá. La ley se transforma en la narrativa de sus vidas. La Torá no es una lista de “hacer y no hacer”, sino una emocionante historia de grandes hombres y mujeres, nuestros patriarcas y matriarcas, de Moshé y de Aharón, y de la gente común y corriente que cuando el mundo dijo que no podía, ellos respondieron con confianza que podían y que lo harían.

Los judíos no sólo han amado la Torá desde el Sinaí, sino que la han vivido. Los judíos demostraron que es posible vivir de acuerdo con la voluntad Divina, no sólo estudiar la Torá sino esforzarse por imitar a su autor.

Y por eso es que celebramos Shavuot con tanta pasión y fervor. Los Sabios tienen una imagen fascinante del momento en que recibimos el mayor regalo de la historia. El Midrash cuenta que Dios levantó la montaña sobre nuestras cabezas. Una de las interpretaciones más bellas es que el propósito fue crear una jupá simbólica, el palio nupcial que se utiliza para santificar un matrimonio. El Sinaí fue un "matrimonio hecho en el cielo" que metafóricamente nos unió a Dios como marido y mujer.

Es un matrimonio que seguimos celebrando cada Shavuot. Nosotros valoramos la Torá que Él nos confió en ese momento. Le agradecemos por darnos la oportunidad de desafiarnos a nosotros mismos para vivir a la altura de nuestro potencial de grandeza, porque esa es la razón por la cual no nos faltan modelos a seguir ni héroes magníficos.