Cuando nuestra hija se casó, yo sabía que su boda sería una experiencia especial para muchos de nuestros amigos quienes nunca habían visto un matrimonio judío ortodoxo, pero no me había dado cuenta lo especial que sería. David me dijo de antemano que había escuchado que los hombres y las mujeres bailan separados, y yo le había descrito a él cómo la gente va a los matrimonios ortodoxos no solamente para disfrutar ellos mismos, sino que también para alegrar al novio y a la novia. Pero nada lo preparó realmente para la intensa emoción que parecía impregnar todo el ambiente.

Él estaba impresionado de cómo el ánimo de la gente podía subir tan rápido, de un minuto a otro. Ojos llorosos y lloriqueos acompañaron la solemne música mientras la novia lentamente caminaba por el pasillo hacia su futuro esposo. Podrías haber escuchado un alfiler caer mientras ella daba siete vueltas alrededor del novio bajo el palio, sosteniendo con fuerza las manos de mi esposa y de su nueva suegra. Pero entonces, momentos después, cuando la ceremonia llegó a su fin y el novio rompió la copa en recuerdo de la destrucción del Templo, los alarmantes sonidos del vidrio rompiéndose abrieron paso a un éxtasis eufórico, mientras la animada música marcaba los sonidos del canto, los aplausos y el baile.

Malabarismos, volteretas y caras transpiradas envueltas en alegría llenaban el lugar mientras el animado cantar y bailar continuó sin disminuir durante toda la noche. La liberación de tal torrente de emociones era algo que David nunca había experimentado en otro lugar. Me puse a pensar. ¿Qué exactamente tiene una boda que puede generar tantos sentimientos?

Lo que distingue al casamiento de cualquier otra relación es el nivel de compromiso. El casamiento representa la más profunda conexión entre dos partes. El nudo familiar es tan difícil de romper – en un sentido emocional y legal, como así también espiritual – porque el esposo y la esposa han invertido mucho en su compromiso con el otro. Éste es el compromiso que es celebrado tan alegremente en un matrimonio.

El Talmud describe a Shavuot, el día que celebra la entrega de la Torá, como el matrimonio entre el Todopoderoso y el Pueblo Judío. La nación parada a los pies del Monte Sinai representa a la pareja parada bajo el palio, mientras que la entrega de la Torá de Dios a la nación representa al novio poniendo el anillo en el dedo de su novia.

¿Cuál es exactamente el paralelismo entre el matrimonio y la entrega de la Ley?

Shavuot también marca un compromiso total; el compromiso entre Dios y el Pueblo Judío. La declaración del pueblo de "Na'ase Ve'nishma", – "Haremos y entenderemos," fue una promesa de seguir la ley bajo cualquier circunstancia. Y de la misma manera que el novio acepta sobre sí mismo amar y apreciar a su novia para siempre, Dios se comprometió a nunca abandonar al Pueblo Judío.

Nosotros celebramos Shavuot como el aniversario del compromiso original hecho en el Monte Sinai. Pero no sólo se conmemora una historia antigua; es también una renovación de los votos matrimoniales originales. La palabra "Shavuot" tiene la misma raíz que la palabra "shevua" en hebreo – un juramento. Cada año en Shavuot renovamos nuestros votos nupciales con nuestro Amado Creador.

Mucha gente tiene la costumbre de quedarse despierto toda la noche estudiando Torá. Esto reconstruye la gran emoción y amor de la noche de bodas. La Torá, como ya explicamos, está comparada con el anillo de matrimonio, y es admirada y querida a través de nuestro estudio, expuesta con gran orgullo como un signo de nuestro eterno compromiso.

Shavuot es verdaderamente la temporada de matrimonios del Pueblo Judío. ¡Mazel tov!