Es tradicional en Shavuot quedarse despiertos toda la noche estudiando Torá. ¿Por qué? Porque ésta es una declaración de nuestra prioridad: ¡La Torá vale estar despiertos toda la noche!

El estudio de la Torá está considerado como la más importante de todas las mitzvot, porque abre la puerta a la observancia de otras mitzvot. El Talmud dice (Shabat 127a): "El estudio de la Torá es equivalente a la suma total de todas las otras mitzvot".

El Rabino Emanuel Feldman, en su libro "On Judaism" (Sobre Judaísmo) (Shaar Press, 1994), explica maravillosamente la importancia del estudio de la Torá:

El estudio de la Torá es una mitzvá específica en Deuteronomio 6:7 (que recitamos diariamente en Shemá): "Deberás enseñarles cuidadosamente a tus hijos" –con lo que nos ordena transmitir la Torá a la generación siguiente... "y deberás hablar de ellas (palabras de Torá) mientras estés sentado en tu hogar, mientras camines en el camino, cuando te vayas a acostar y cuando te levantes" – con lo que nos ordena estudiar Torá. Esta necesidad de dedicarnos a conocer la Torá, trabajar sobre ella, esforzarnos por comprenderla, darle primera prioridad – se repite una y otra vez a lo largo de la Biblia...

Nuestra historia nos demuestra que en el momento que el estudio de la Torá es descuidado, se abre el camino hacia la asimilación del Pueblo Judío en los pueblos que le rodean. Sin equivocación, históricamente, cada comunidad judía que no enseñó ni estudió Torá como su primera prioridad gradualmente desapareció de la escena.

Más allá de todos los buenos motivos racionales, la Torá es el puente misterioso que conecta a los judíos con Dios, a través del cual ellos interactúan y se comunican, y por medio del cual Dios cumple con Su pacto con Su pueblo de mantenerlos y protegerlos.

Por ello no es sorprendente que el estudio de la Torá sea tan central para nosotros. Es la primera bendición que un recién nacido recibe: "...así ingrese a la Torá, al palio nupcial, y a las buenas acciones". El libro de rezos está lleno de peticiones a Dios para ayudarnos a entender Su Torá...

Esto explica porqué, en una comunidad judía tradicional, el que es respetado y mirado con mayor admiración es el erudito de Torá – no el artista, o el atleta...

Cuando estudiamos Torá, no estamos estudiando un texto abstracto y arcano del mundo antiguo. Estudiamos el camino que Dios quiere que vivamos en esta tierra... (Nosotros) estamos de hecho ocupados en descubrir la esencia del judaísmo, en otras palabras, la esencia de nosotros mismos.

Como un Pez Fuera del Agua

A través de los tiempos, los judíos han realizado tremendos sacrificios personales para no perder el estudio de la Torá. El Talmud describe el destino de Rabi Akiva:

En el siglo primero, los romanos intentaron aniquilar al judaísmo e hicieron que el estudio de la Torá fuese ilegal. Rabi Akiva no pudo soportar la idea de abandonar la Torá, así es que juntó a sus discípulos y les enseñó Torá. Pappus ben Yehudá vino y encontró a Rabi Akiva enseñando Torá públicamente. Él le preguntó: "Akiva, ¿no tienes temor del gobierno?".

Rabi Akiva contestó: "Se lo voy a explicar con una parábola:"

Un zorro iba una vez caminando a lo largo de un río, y vio peces pululando de un lado a otro. El zorro les dijo: "¿De qué están escapando?".

Los peces contestaron: "De las redes de los pescadores".

El zorro dijo: "¿Les gustaría venir a la tierra seca?".

Los peces contestaron: "¿Son ustedes los llamados animales más inteligentes? ¡Ustedes son tontos! Si tenemos miedo en el elemento en que vivimos ¡Cuánto más tendremos en el elemento en que moriremos!".

Rabi Akiva explicó: "Así es también con los judíos. Está escrito: ‘(La Torá) es tu vida y el largo de tus años'. Si la descuidamos, cuanto peor estaremos".

Muy pronto, Rabi Akiva fue arrestado y puesto en prisión, y Pappus ben Yehudá también fue arrestado y encerrado junto a él. Rabi Akiva dijo: "Pappus, ¿Qué estás haciendo aquí?". Él contestó: "¡Afortunado eres, Akiva, que has sido atrapado por mantenerte ocupado con la Torá! ¡Infortunado Pappus, quien ha sido agarrado por mantenerse ocupado con cosas ociosas!". Los Romanos ejecutaron a Rabi Akiva a través de rasgar brutalmente la piel de su cuerpo con tenedores de hierro. Mientras él era torturado, Rabi Akiva alegremente recitaba el Shemá –"Escucha Oh, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor es Uno".

Sus perplejos alumnos preguntaron, "Rabino, ¿cómo puede usted alabar a Dios en medio de esta tortura?".

Contestó Rabi Akiva: "Toda mi vida creí que una persona debe dar el 100 por ciento a Dios. ¡Ahora que tengo la oportunidad, yo alegremente lo hago!".

Por supuesto que Rabi Akiva quería vivir. Pero para él, la vida sin Torá no valía la pena ser vivida. Es como esperar que un pez viva sin agua. Como el Talmud señala: "Una voz resonó del cielo y proclamó: ‘Afortunado eres tú, Akiva, quien murió mientras pronunciaba el Shemá'".

De hecho, la Torá es la esencia del Pueblo Judío, nuestra propia vida y alma. Sin ella, literalmente no tenemos existencia.