El “tono mosquito” es una onda sinusoidal de 17 KHz que los adolescentes usan en sus teléfonos celulares como aviso de que han recibido un mensaje de texto sin que los maestros lo puedan oír. Los estudios afirman que la mayoría de los adultos no oyen por encima del rango de 13-14 KHz, pero los adolescentes pueden hacerlo. Nuestra capacidad de oír frecuencias altas decae a medida que envejecemos.

Encontré el tono mosquito en internet y lo puse a funcionar. Yo no oí nada, pero mis hijos empezaron a gritar desde la otra habitación: “¿Qué es eso? ¡Apágalo!”

Ahora los adultos han contraatacado utilizando la tecnología de los adolescentes en su contra. El inventor Howard Stapleton creó el “repelente de mosquito adolescente” (no, no es broma). Él asegura que sólo unas pocas personas de más de 30 años pueden oír el sonido del mosquito. Las tiendas en Inglaterra y Japón comenzaron a usarlo para evitar que los adolescentes estén merodeando. El repelente emite de forma continua a una frecuencia de sonido elevada que los adultos no oyen pero que los adolescentes no soportan.

El momento más trascendental de la historia humana fue cuando Dios se dirigió a millones de personas en el Monte Sinaí en un acto de suprema revelación. De hecho, este momento no tuvo precedentes, fue incomparable e irrepetible. La Torá dice: “Estas palabras habló Dios a toda su congregación en la montaña de en medio del fuego, la nube y la espesa oscuridad, con una Voz grandiosa que no volvió a oírse… [veló iasáf]” (Deuteronomio, 5:19).

El significado simple de las palabras veló iasáf, como lo explican el Ibn Ezra y otros comentaristas, es que la voz y la experiencia “no iban a repetirse”. Este era un acuerdo de una sola vez, un momento excepcional y trascendente en la historia humana, que nunca se repetiría.

Por un lado, la singularidad del evento es significativa y especial. Eternamente reflexionamos y reconocemos que fue un momento inimitable y único, distinto y singular. Por otro lado, su singularidad nos obliga a considerar que sin importar cómo vivamos o qué elecciones hagamos, nunca podremos volver a experimentar la revelación como en el Monte Sinaí. Esto genera una sensación de pérdida e incapacidad y desinfla nuestra ambición espiritual. Si Dios sólo habló una vez y nos lo perdimos, ¿cómo nos conectamos hoy en día? ¿Cómo accedemos a la ratificación que sólo la voz de Dios puede proporcionarnos respecto a Su existencia y a nuestra misión en el mundo?

Los comentaristas enfrentaron este dilema y nos ofrecen otro nivel de interpretación de la frase veló iasáf. Onkelos, el famoso converso que vivió en el periodo de los tanaítas, traduce veló iasáf no como que nunca se repetirá, sino como veló psak: la voz de Dios nunca terminó o cesó. El Rambán trae varias frases como evidencia de que la raíz en hebreo (iud, samej, fei) puede significar “nunca cesó”. De acuerdo con esta interpretación, Dios habló en el Monte Sinaí hace miles de años y Su voz y Su mensaje continúan vigentes hasta hoy en día y para el futuro.

¿Consideramos la entrega de la Torá en el Monte Sinaí como parte del pasado, un evento histórico y algo que terminó, o la voz de Dios nos habla a nosotros, hoy en día? La elección es nuestra.

Entonces, ¿cuál es la respuesta? ¿Veló iasáf significa que la voz de Dios no se repetirá o significa que la voz de Dios nunca cesó?

Yo creo que la respuesta depende de cada persona. Cada uno tiene que efectuar una elección critica. ¿Consideramos la entrega de la Torá en el Monte Sinaí como parte del pasado, un evento histórico y algo que terminó, o la voz de Dios nos habla a nosotros, hoy en día?

Cada año, en Shavuot, recordamos la experiencia del Sinaí y nos preguntamos cuál interpretación refleja mejor nuestra vida. ¿Vamos a escoger la interpretación que dice que la voz de Dios ya no se oye, o vamos a continuar escuchando con atención la repercusión del mensaje de Dios en nuestras vidas? ¿Los eventos del Monte Sinaí representan una relación continua y en desarrollo con Dios, o son un evento aislado?

En realidad, la voz de Dios está a nuestro alrededor. Como el tono mosquito, la frecuencia suena, la pregunta es si podemos oírla.

Cada vez que abrimos un libro y nos desafiamos a estudiar Torá, a expandir y ampliar nuestra sabiduría, entendimiento y percepción, resuena la voz de Dios. Con cada plegaria en la cual no sólo estamos presentes de forma física sino que invertimos nuestra espiritualidad, resuena la voz de Dios. Con cada increíble amanecer o atardecer que nos detenemos a observar, resuena la voz de Dios. Con cada acto de bondad que compartimos con otros, resuena la voz de Dios.

Sin ninguna duda, la grandiosa y poderosa voz de Dios está a nuestro alrededor. Shavuot nos obliga a considerar si estamos sintonizados con la frecuencia del Sinaí o si simplemente hacemos los movimientos requeridos y consideramos la voz de Dios como algo del pasado.

La elección es nuestra.