Es irónico que de todas las festividades judías, solamente Sucot sea señalada como la “temporada de nuestra felicidad”. ¿Por qué no Pesaj, cuando fuimos finalmente liberados del yugo Egipcio? ¿Por qué no Purim, cuando el complot genocida de Haman en nuestra contra fue frustrado? ¿Cómo puede ser que se nos ordene ser felices en esta festividad, especialmente cuando se nos dice que dejemos nuestras cómodas casas y vivamos en una sucá?

De hecho, Sucot revela que nunca encontraremos verdadera felicidad incluso en las posesiones materiales más resistentes, como nuestras casas. Y sabemos de eventos económicos dolorosos y tumultuosos cuando rápidamente la riqueza material puede desaparecer. Durante Sucot, celebramos la única “riqueza” que es permanente: nuestra conexión espiritual con Dios y Su perdurable amor por el pueblo judío. Esto nos ayuda a entender que la felicidad no depende de “tener”; sino que depende de nuestras actitudes.

Durante Sucot, recordamos las Nubes de Gloria de Dios que protegieron a los judíos durante 40 largos años de deambular por el desierto. Estas Nubes de Gloria, y el maná que nos alimentaba, eran una prueba tangible del cuidado y la protección de Dios. Esa conexión cercana y personal entre el pueblo judío y Dios es la fuente de felicidad real y trascendental, y tenemos una oportunidad especial de aprovecharla, incluso cuando estamos sentados en una endeble sucá.

¿Es posible aferrarnos a la felicidad de Sucot y hacerla parte de nuestras vidas durante todo el año? Tal Ben-Shahar, Doctor en Filosofía, un experto en felicidad quien enseña psicología positiva y educación en el Centro Interdisciplinario en Hertzlia, Israel, piensa que es posible.

Como estudiante universitario en Harvard, Ben-Shahar era destacado académicamente, deportivamente y socialmente. Sin embargo, no era feliz. Teniendo en cuenta todo lo que tenía a su favor, de todas maneras “no tenía sentido”, recuerda él. “Debería haber sido feliz, y estaba desconcertado. Me di cuenta que algo estaba faltando, y decidí inspeccionar mi vida”. Como parte de su búsqueda, Ben-Shahar se cambió de especialidad de ciencia computacional a filosofía y psicología. En el proceso, encontró no solamente la clave para la felicidad, sino una carrera de ayudar a otros a encontrarla también.

Ben-Shahar continuó estudiando para obtener un doctorado en conducta organizacional de Harvard y durante cuatro años enseñó uno de los cursos electivos más populares de la universidad, sobre psicología positiva. Como profesor en Harvard, Ben-Shahar encontró que los estudiantes hoy en día comparten las mismas luchas que él tuvo alguna vez, y que ser próspero y suficientemente inteligente para asistir a una de las universidades más prestigiosas del mundo no era garantía para la felicidad.

“La felicidad y la infelicidad no discriminan”, explica él. “Están distribuidas equitativamente a lo largo de la sociedad, edad y sectores económicos. Pero Estados Unidos lidera el paquete en términos de la presión que se les pone a los estudiantes para que obtengan buenas calificaciones y para que piensen siempre en el futuro. Los adultos en el mundo laboral enfrentan una presión similar. Pero con todo este énfasis en el futuro, muchas personas terminan perdiéndose el presente”.

Además de sus cursos, Ben-Shahar es el autor de The Pursuit of Perfect (La Búsqueda de la Perfección). A través de sus libros y charlas, él comparte lo que ha aprendido alcanzando la escurridiza meta de la felicidad. Muchos de sus consejos van en contra de aclamados valores de la sociedad Estadounidense, como el éxito material.

“Paga adicional y elogios profesionales no nos hacen más felices. Más tiempo de calidad para saborear la alegría que tenemos, si lo hace”.

“Trabajar más horas puede darnos más dinero, pero pagaremos el ‘precio más alto’ si lo hacemos”, explica él. “La realidad es que, paga adicional y elogios profesionales no nos hacen más felices. Más tiempo de calidad para saborear la alegría que tenemos si lo hace. Todos sentimos más presiones de tiempo hoy en día, y parte de ello es por factores económicos, pero parte de ello también involucra las decisiones que tomamos sobre como pasamos nuestro tiempo”.

Numerosos estudios han consistentemente confirmado muchos de los secretos para alcanzar la felicidad, y Ben-Shahar indica que todos ellos están incorporados en la estructura de la vida judía. Uno de ellos es un día de descanso. “Sabemos que las personas que se toman un día de descanso son más felices y más productivas que aquellas que no lo hacen, porque tenemos que “recrearnos” si queremos crear. Esto no es solamente un valor, sino también una herramienta para el éxito”.

La segunda es la gratitud. “Investigaciones muestran que personas que expresan hakarat hatov, gratitud por lo que tienen, son más felices y también más generosas”, observa él. Y desde el momento en que un judío se despierta, tiene oportunidades ilimitadas de expresar gratitud, desde decir “modé aní” al levantarse de la cama, hasta hacer una bendición después de ir al baño por un cuerpo saludable, bendiciones por alimentos, e innumerables otras bendiciones incluidas en las bendiciones diarias, incluso por cosas “pequeñas” como ser capaces de ver y pararnos derechos.

Practicar rituales y tener un sentido de espiritualidad también hace a las personas más felices, indica Ben-Shahar. “Ir a la sinagoga es valioso, tanto como lo es pasar tiempo con la familia alrededor de la mesa del comedor. Los rituales son parte de la vida de la mayoría de las personas felices”.

Algunos filósofos en generaciones anteriores predijeron erróneamente que la ciencia y la innovación tecnológica se convertirían en el nuevo dios. Y si bien estas cosas trajeron riqueza, no trajeron felicidad para aquellos que compraron la idea. “Viktor Frankel llamó a vivir sin Dios un ‘vacío existencial’”, dice Ben-Shahar, agregando que los seculares a los que les gusta destacar la famosa cita de Nietzche que “Dios está muerto” malinterpretan completamente su significado. “Nietzche no dijo esto con satisfacción, sino con angustia. Él se dio cuenta de que una vida sin Dios significaba para muchos un profundo vacío existencial”. Rav Najum Braverman, Director Ejecutivo de Jerusalem Partners y autor de The Bible for the Clueless but Curious – A Guide to Jewish Wisdom for Real People (La Biblia para los Que no tienen Idea de Nada pero son Curiosos – Una Guía de Sabiduría Judía para Gente Real), observa que estos indiscutidos ingredientes para la felicidad: gratitud, comunidad, cuidar un día de descanso, y una base espiritual, están todos comprendidos en un marco de vida que trasciende el yo. “Vivir solamente por ti mismo y para ti mismo es una torcida y rebajada forma de vivir”, explica él. “Es por eso que la felicidad no es una meta, es una consecuencia de vivir bien. Cuando se trata de una meta, es solamente otra forma de egoísmo: es todo acerca de mí, y si ese es el caso, nunca podrás encontrarla. Los valores y las prácticas judías mantienen a las personas enfocadas en algo más amplio que sus propios egos, y de vivir tan impetuosamente como sus propias emociones puedan dictar. Vivir en una comunidad que proporciona contexto y ofrece relaciones interpersonales significativas con valores compartidos, es un camino asegurado a la felicidad”.

Una vida feliz no es una vida sin dolor.

Pero una vida feliz no es una vida sin dolor, concuerdan ambos profesores. “Las únicas personas que no experimentan emociones dolorosas son los muertos o los psicópatas”, explica Ben-Shahar. “Una vida llena tiene tristeza, enojo, envidia, miedo y decepción. Si no nos damos a nosotros mismos permiso para vivenciar emociones dolorosas, ellas se intensifican, se vuelven tóxicas y nos enferman. Cuando las dejamos fluir a través de nosotros, se debilitan y se disipan”.

Sin embargo, la vivencia de la felicidad es algo muy subjetivo, en parte porque nosotros escogemos como responder ante el dolor y la decepción. “Yo creo que las personas deben aprender a obtener lo mejor de las cosas que ocurren”, indica Ben-Shahar. “Las personas fuertes buscan y crecen a partir de situaciones difíciles. Tú puedes escoger estar destrozado por los eventos, o puedes obtener beneficio de ellos”.

A la larga, Ben-Shahar dice, la felicidad es el resultado de innumerables decisiones que tomamos, incluyendo estar agradecidos incluso durante tiempos difíciles: “¿Me enfoco en el hecho de que tengo mi salud y comida en la mesa, o me enfoco en el hecho de que tengo que vender mi Ferrari? Enfócate en el yesh versus el ein (lo que tengo versus lo que no tengo)”. Hay pocas oportunidades mejores para este tipo de enfoque que durante Sucot, cuando comemos, y posiblemente también dormimos, en pequeñas cabañitas que fueron construidas para la contemplación, y no para obtener premios de construcción.

El Rav Braverman agrega que vivir una vida con sentido nos ayuda a sobrellevar las pérdidas, incluso las pérdidas incomprensibles. “Cuando la Mishná formula la famosa pregunta, ¿Eize hu ashir? (¿Quién es rico?) significa que a cada uno le han asignado una porción diferente en la vida, con pruebas individuales y oportunidades. Cuando dejas de pelear en contra de tu porción, puedes verla como la oportunidad que es”.

Si quieres asegurarte de que la alegría de Sucot dure más que la decoración de tu sucá, prueba alguna de las herramientas para la felicidad de Ben-Shahar: agradece, ejercítate, medita, aprende técnicas de terapia cognitiva, simplifica tu vida, fíjate metas, identifica tus fortalezas y encuentra tu pasión. ¿No es suficiente? Aquí hay algunas más de su sitio web:

1. Date permiso para ser humano. Aceptando emociones tales como el miedo, la tristeza, o la ansiedad como naturales, tenemos mejores posibilidades de superarlas. Rechazar nuestras emociones nos lleva a la frustración y a la infelicidad.

2. La felicidad está en la intersección entre placer y significado. Ya sea en el trabajo o en la casa, la meta es realizar actividades que sean tanto significativas personalmente como agradables. Asegúrate de que tienes reforzadores de felicidad a lo largo de la semana que te provean placer y significado.

3. La felicidad depende mayormente de nuestro estado de ánimo, no de nuestro estado financiero o social. Nuestro bienestar es como elegimos interpretar los eventos externos. Por ejemplo, ¿vemos el fracaso como catastrófico, o lo vemos como una oportunidad de aprendizaje?

4. ¡Simplifica! Estamos intentando incorporar más y más actividades en menos y menos tiempo. Hacemos concesiones de nuestra felicidad intentando hacer demasiado.

5. Recuerda la conexión mente-cuerpo. Ejercicio regular, sueño adecuado, y hábitos alimenticios saludables llevan tanto a la salud física como mental.

6. Expresa gratitud, cada vez que sea posible. Demasiado a menudo damos por sentado nuestras vidas. Aprende a apreciar y saborear las cosas maravillosas de la vida, desde las personas hasta la comida, desde la naturaleza hasta una sonrisa.