La Fiesta de Sucot es denominada como "el tiempo de nuestra alegría". La Torá, al describir esta fiesta, nos insta particularmente:

"Y deberás ser feliz ante el señor vuestro Dios durante siete días". (Levítico 23:40)

Cada fiesta tiene una energía espiritual especial que sintetiza mejor el día -- Pesaj es "el tiempo de la libertad" y Shavuot es "el tiempo de la entrega de la Torá". La esencia de Sucot es la alegría.

¿Qué es tan especial acerca de esta fiesta que se conecta con la alegría más que cualquier otra fiesta? No cabe duda de que es algo más que la sensación de alivio que sentimos después de la seriedad de "los días de sobrecogimiento" y el ayuno de Iom Kipur.

Sucot en el Desierto

La Torá da la siguiente razón para construir y vivir en la sucá:

"... para que sus generaciones sepan que en Sucot he puesto al pueblo judío cuando los saqué de la tierra de Egipto". (Levítico 23:43)

En la superficie, parece que esta es otra fiesta que conmemora el Éxodo de Egipto y el modo particular de alojamiento y protección que recibimos. Algunos comentaristas dicen que no eran cabañas reales, sino que era las nubes de gloria que protegían al pueblo judío de los elementos, y eso es lo que estamos experimentando y representando cada año durante la semana de Sucot.

Siendo así, ¿no se debería celebrar la fiesta en la primavera boreal, junto con Pesaj -- el momento en que realmente salimos de Egipto? ¿Por qué celebrar este milagro particular relacionado al Éxodo en Tishrei, el primer mes del año? (¡ya está bastante lleno de fiestas!) ¿Y por qué este elemento especifico en la relación de Dios con su pueblo -- las cabañas y /o las nubes de gloria -- inducen tal felicidad?

La Fuente de la Felicidad

"La felicidad proviene de un sentimiento de realización. Lo contrario también es cierto -- si uno pierde a alguien con quien tenía una relación, y siente una falta, que algo está perdido, entonces se pone triste y llora". (Maharal, Netivot Olam, Cáp. 18)

Cuando sentimos que nos falta algo, estamos descontentos.

Tal vez Sucot es el momento de alegría porque es ahí que nos sentimos completos:

"Cuando coseches los cultivos de tu granero y tu viñedo, deberás ser feliz en tu fiesta, tú y tus hijos..." (Deuteronomio 16:13).

¿Acaso nuestra alegría proviene de la sensación de que tenemos tanto grano y fruta, y hemos logrado tanto en el año pasado, que no nos falta nada?

Parece una manera extraña de celebrar nuestra riqueza al dejar todo el sentido de estabilidad material detrás, y pasar a un refugio temporal de madera cubierto por un techo de ramas que ni siquiera nos protegen de los elementos. ¿Dónde está toda la riqueza que debería estar haciéndonos felices?

Este es exactamente el punto:

"Nadie deja este mundo con la mitad de sus deseos cumplidos". "Una persona que tiene cien quiere doscientos". (Kohelet Rabá 1:13)

Nunca sentimos que tenemos suficientes bienes materiales. Cuanto más "cosas" tenemos, más necesitamos. Los placeres físicos por sí mismos, nos dejan ansiosos, sintiéndonos vacíos y carentes. Incluso tu comida favorita rápidamente se volverá en tu contra y será detestable si comes demasiado de ella.

El Rabino Moshé Jaim Luzzatto, en su libro Daat Tevunot, explica porqué esto es así. Él compara nuestra alma con una fina princesa casada con un humilde campesino. Cuanto más el campesino intente apaciguarla y llenarla con los tipos de placeres a los cuales él está acostumbrado, más triste ella se pondrá. Ella no puede obligarse a comer los "repugnantes" alimentos que su marido le ofrece, y todo lo que ella recuerda es cuán fina y sofisticada solía ser su vida en comparación.

Así también, cuando tratamos de llenar nuestras vidas con dinero, alimentos, ropa, placeres físicos fugaces -- todos como un fin en sí mismos -- nuestra alma sigue incompleta, ansiando los verdaderos placeres que ella recuerda: la espiritualidad, el sentido y una conexión con Dios.

Si, por otra parte, la princesa lentamente educa a su marido y le provee oportunidades de experimentar las cosas finas de la vida -- las artes, viajes, teatro, la ópera (¡bueno, tal vez está yendo demasiado lejos!) -- ella estará satisfecha, y el campesino sólo será más rico y feliz.

Cuando comemos, bebemos, vestimos ropas bonitas y disfrutamos el mundo físico como medio de relación con Dios, como parte de una mitzvá, elevamos y santificamos este mundo, y creamos una "morada" para Dios entre nosotros. Esto es lo que realmente satisface el alma y produce la máxima serenidad y alegría.

Es como comprar un café con galletas "para llevar" y comer en el automóvil hasta hartarte mientras lidias con el tráfico en el camino al trabajo, contra salir a cenar a un buen restaurante con un amigo querido o con tu alma gemela. El primero es un acto mundano sin ningún tipo de conciencia superior, mientras que el segundo es una experiencia con sentido, memorable y placentera.

Es la diferencia entre el placer rápido y fugaz de comer, y el placer verdadero, de larga duración, como el amor y la amistad.

En Sucot, los actos mundanos y neutrales de comer, beber y dormir se ven santificados y elevados porque se realizan como un medio para cultivar nuestra relación con Dios.

En Sucot, se nos ordena dejar nuestras viviendas permanentes y transferir nuestro modo de vida diario a la sucá. Los actos mundanos y neutrales de comer, beber y dormir se ven santificados y elevados porque se realizan como un medio para cultivar nuestra relación con Dios.

Cuando dejamos nuestras casas estables, con sus sólidos techos sobre nuestras cabezas, y salimos a chozas inestables bajo las estrellas, nos estamos esencialmente poniendo a nosotros mismos bajo la protección de la gloria de Dios, o como el Zohar dice:

"El que se sienta en la sucá, esta en la sombra de la Emuná (creencia) y nadie le puede hacer daño porque Dios está extendiendo sus alas sobre él como una madre protege a sus hijos".

La creencia que nos protege es la confianza en la supervisión directa y eterna de Dios sobre cada uno de nosotros, y Su amor y cuidado constante hacia Su pueblo. Todo lo que tenemos, todas las bendiciones en nuestras vidas, vienen de Él y Él sabe lo que necesitamos y nos lo proporciona. Cuando percibimos eso, no podemos estar carentes.

Esto nos da una pista sobre la causa de la alegría especial de esta fiesta. Es un momento donde reexperimentamos esa protección especial que se nos dio cuando salimos de Egipto.

Puede ser una buena idea sentarse en la sucá con nuestras familias y amigos y compartir verbalmente nuestras bendiciones, recontar historias de la supervisión de Dios y de Su ayuda en momentos de dificultad, y hablar de los numerosos regalos que Dios nos ha dado durante nuestras vidas. Este es uno de los métodos para entrar en contacto con la energía espiritual que es la esencia de la fiesta: nuestra confianza en el cuidado de Dios. Esta es la verdadera felicidad que todos anhelan.

El Palio Nupcial

¿Pero por qué celebramos Sucot ahora, después de las Altas Fiestas?

Uno puede comprender la fecha de esta alegría espiritual particular entendiendo que en las fuentes Cabalísticas, la sucá simboliza el palio nupcial -- la "jupá" que pende sobre los novios al entrar en un pacto de compromiso mutuo y exclusividad. Es el momento al que el Cantar de los Cantares se refiere cuando dice:

"El Rey me ha traído a sus aposentos, seremos alegres y felices juntos" (Cantar de los Cantares).

Después de Rosh Hashaná y Iom Kipur, cuando resolvimos teóricamente comprometernos a Dios y entrar en su pacto con todas las responsabilidades que esto implica, viene la acción -- la alegre celebración de intimidad y comunión -- la boda.

La alegría en una relación también puede ser un barómetro con el cual medimos cuánto amor y cuidado dos personas tienen realmente el uno por el otro.

El Slonimer Rebe, en su trabajo "Netivot Shalom", cuenta sobre un príncipe errante que abandono el palacio del Rey y se distanció a sí mismo por un tiempo, y luego decidió regresar. El Rey, por supuesto, estaba encantado, pero siempre se le aparecía el preocupante pensamiento de que quizás su hijo había regresado por miedo al castigo y no por verdadero amor – en cuyo caso, el podría irse nuevamente en cualquier momento.

Su preocupación continúo hasta el día que notó que su hijo silbaba y tarareaba alegremente mientras se dirigía a sus tareas diarias. En ese momento supo que su hijo estaba feliz de estar en casa y había regresado por amor.

Nosotros también, hemos pasado más de un mes con un espíritu de arrepentimiento, volviendo a Dios, cambiando nuestros rasgos defectuosos y corrigiendo nuestros errores del pasado. Pero fuimos quizás motivados por el temor de ser sellados en "el libro de la muerte" o de recibir un año menos dulce. Cuando nos involucramos en las mitzvot de Sucot, ocupados en las compras y en la decoración, buscando felizmente las "Cuatro Especies" más finas, le mostramos a Dios, y a nosotros mismos, que hemos vuelto a Él por amor, que realmente deseamos una relación con Él y no nos iremos nuevamente.

Sucot es el momento en el que solidificamos a través de la acción todas las resoluciones y compromisos teóricos que tomamos sobre nosotros mismos durante "los días de sobrecogimiento". Agitamos las cuatro especies, que simbolizan las principales fuentes de deseo y acción:

  • El Etrog -- que se asemeja al corazón humano.
  • El Lulav (rama de palmera) -- la columna vertebral, que conecta los mensajes del cerebro al resto del cuerpo.
  • Los Hadasim (Hojas de Mirto) -- que parecen ojos, y simbolizan los deseos visuales: "El ojo ve y entonces el corazón codicia".
  • Las Aravot (sauces) -- que se asemejan a los labios, connotando actividades relacionadas al habla y la alimentación.

En Sucot, santificamos y usamos estos poderes y deseos para crecer y acercarnos a nuestro Creador. Nos deleitamos en Su amor y protección, confiamos en que Él se hace cargo de todas nuestras necesidades y le demostramos lo felices que somos en casa.