Cada civilización y cada sistema filosófico busca el significado de la belleza. En el clásico pensamiento occidental, "la búsqueda de la Belleza" se considera tan básica como la búsqueda del Bien y la Verdad. La cultura contemporánea ha sido profundamente influenciada por esta perspectiva. Hasta estos días, la búsqueda de la belleza es un componente preponderante y deseado por un individuo completo – un ideal que es devotamente perseguido.

A primera vista, parecería que la conservación de la belleza como un valor en sí mismo no es de gran prioridad para el judaísmo. La frase frecuentemente citada, tomada aisladamente, "la belleza es vanidad" (Proverbios 31:30), pareciera, a nivel superficial, proyectar la belleza con una luz negativa.

Me parece a mí, sin embargo, que debería hacerse una argumentación convincente del rol vital y central que la belleza ocupa en la cosmovisión judía. Para hacer eso, debemos mostrar que, para el judaísmo, la belleza es algo único, y que tiene un significado completamente diferente en relación a cualquier otro sistema de pensamiento.

¿Qué es, entonces, distintivo y singular del concepto judío de la belleza? Para contestar esto, uno recurre a la Torá para encontrar las fuentes de la idea judía de belleza. Como toda teoría abstracta en el judaísmo, que finalmente encuentra su expresión en mitzvot concretas, la idea de belleza, también, encuentra una realización tangible en las mitzvot centrales de la festividad de Sucot. La Torá nos pide: "Y tomarás para ti en el primer día (de Sucot) una fruta de un árbol bello (pri etz hadar)".

El Talmud (Sucot 35a) desea definir lo que constituye a un "árbol bello" analizando la palabra hebrea para belleza, "hadar". Los sabios concluyen que es el árbol del etrog, porque la palabra "hadar" es interpretada como una fruta que "existe continuamente todo el año en el árbol" (ha-dar, literalmente, "la que existe"). Es así como, ellos entienden la palabra "dar" como significando lo contrario a una residencia temporaria o intermitente. Por el contrario, esto implica permanencia, un proceso continuo a lo largo del tiempo (similar a la palabra en francés "duree" o en español "perdurar").

La belleza es el poder indomable de la vida, la determinación de vivir a pesar de todas las dificultades, el camino a la eternidad.

El árbol del etrog cumple con este requerimiento de existencia constante, ya que la mayoría de las otras frutas son de estación, pero el etrog crece, florece y produce su fruto a lo largo de todas las estaciones: en el calor y en el frío, con viento y con tormenta – ¡es obstinadamente persistente! ¡Resiste! Y en la visión judía, es por eso que es bello.

La belleza, entonces, en las clásicas fuentes judías, significa el poder indomable de la vida, la determinación de vivir a pesar de todas las dificultades, la afirmación de la victoria por sobre la muerte, el camino a la eternidad.

Belleza Eterna

Bajo esta luz, podemos entender otra notable mitzvá en la Torá. Considerando la obligación de honrar a los mayores, la Torá declara: "ve'HADAR'ta p'nei zaken", que usualmente es traducido como "y honrarás la cara de personas viejas". La palabra hadar, sin embargo, literalmente significa "belleza", entonces lo que el verso nos está diciendo en realidad es que atribuyamos la belleza a la cara vieja.

¿Qué es lo bello de una cara vieja? Esta idea contradice la actitud básica de la civilización occidental la cual, desde los tiempos de la Antigua Grecia, ha asociado siempre la belleza con la juventud. En el mundo occidental contemporáneo, toda la industria cosmética está dedicada a hacer que la gente se vea joven, si quieren verse bellos. El intento es, precisamente, hacer que la cara vieja parezca más joven. Sin embargo, la Torá adscribe la belleza a la cara vieja, precisamente porque expresa el triunfo continuo de una vida que resiste, y persiste, a través del arduo paso del tiempo.

¡Cuánta determinación, valentía y voluntad para vivir vemos en una cara vieja! Con respecto a esto, el Talmud (Kidushin 33a) nos dice: El Rabino Yojanan acostumbraba ponerse de pie incluso ante un anciano arameo pagano diciendo, "Cuantos problemas han pasado sobre él". La Torá, entonces, nos pide que veamos en las personas envejecidas, no que se están perdiendo en el olvido, sino que reconozcamos en ellos las ganas de vivir, y el ansia profunda por la eternidad del alma inmortal que hay dentro de cada individuo.

Por esto, la Belleza en la cosmovisión judía no es un valor para ser entendido aisladamente. No es un intento, como en otros sistemas estéticos, de solamente "capturar el momento", con su concomitante glorificación de la juventud y el intento de conservarla para siempre. En el judaísmo, la belleza es inherente a la sensibilidad histórica judía: la experiencia palpable de entender lo eterno en el flujo del tiempo.

Aceitunas Bellas

En un estilo similar, la Menorá, que es central en el servicio del Sagrado Templo, y la cual ha llegado a ser el símbolo del pueblo judío, es descrita en la Torá como "ner tamid"; una luz eterna. La fuente de la Torá señala: "Y tú (Moisés) debes ordenar a los hijos de Israel que traigan hacia ti aceite de oliva puro extraído para iluminar y hacer que la luz brille constantemente" (Éxodo 27:20).

Los Sabios del Midrash señalan que la aceituna – la aceituna prensada – cuyo aceite se quema constantemente, es el verdadero símbolo de Israel. El Midrash cita el verso en Jeremías (11:16): "El Señor llamó tú nombre (Israel) un olivo frondoso, hermoso con fruta atractiva", y el Midrash pregunta, ¿por qué Israel es identificado con el olivo?

La respuesta dada es que Israel es únicamente similar en muchas de sus características esenciales a la fruta del olivo. La aceituna es golpeada, presionada, triturada, y luego ella produce su aceite que resulta en una luz resplandeciente. De este modo, también, el pueblo de Israel: A pesar de toda la opresión, la crueldad y el exilio infligido sobre ellos, no están destruidos. Mejor dicho, ellos siguen brillando de forma magnífica y brillante.

Es significativo que en el pasaje citado, Jeremías declara no sólo el carácter intrépido de la persistencia de Israel ante cada privación, pero define esta cualidad como siendo la misma fuente de belleza de Israel - "olivo frondoso, hermoso y con una fruta atractiva...".

Persistencia y Realización

Cuando completamos el estudio de un tratado del Talmud, recitamos "HADRAN alaj – regresaremos a ti". Nosotros declaramos que nuestros estudios y el conocimiento ganado no será simplemente olvidado, y que debemos continuamente volver, revivir, rejuvenecer y encontrar nuevos significados en nuestros aprendizajes anteriores. La misma palabra hadran, de la raíz hadar, de esta manera, tiene básicamente el mismo significado de la palabra hadar, como la entendemos hoy. ¡El continuamente persistir y ser bellos, es lo mismo!

La festividad de Sucot nos muestra la paradójica idea que mientras por una parte, debemos reconocer la naturaleza temporaria y transitoria de la existencia humana en la tierra al residir temporariamente en las cabañas de Sucá, al mismo tiempo, debemos afirmar la inmortalidad de la vida y la eternidad de Israel tomando el eterno etrog. La tensión dialéctica de estos elementos contradictorios establece el marco de nuestra comprensión y la experiencia de lo bello. Descubrir, afirmar y luchar ante dificultades implacables, ante la mutabilidad y la muerte misma, para la realización de lo eterno, crea la idea judía de la belleza...

La belleza última de Israel mismo recae en el triunfo de su eternidad.

Reimpreso con permiso de Acción Judía, la revista de la Unión Ortodoxa.