Los expertos en programas de preguntas y respuestas la reconocen inmediatamente como la frase que resultó un record de risa en la historia de la radio. Los judíos lo entienden como el tema subyacente de Sucot, el antiguo festival de la cosecha.

"Tu dinero o tu vida" fue la alternativa que se le dio a Jack Benny, famoso por actuar como un personaje tacaño en su afamado show de entonces, por un asaltante que lo acosó. Cuando Benny no respondió, el asaltante repitió su pregunta. Después de un largo silencio seguido de una tercera orden de responder, Benny contestó, "Estoy pensando, estoy pensando" – y la audiencia del estudio explotó con una larga risa que no ha tenido paralelo desde entonces.

Cuán humorístico es imaginar que alguien pueda en realidad necesitar de tiempo para considerar cuál – el dinero o la vida – es la respuesta más apropiada.

Y cuán trágico es darse cuenta que mucha gente, cuando es confrontada con la misma decisión, toma la decisión equivocada y elige el dinero sobre cualquier otra cosa que le da significado real a sus vidas.

En un nivel simple, la ironía de la vida es que en nuestra juventud dejamos nuestra salud por la riqueza, de modo que en nuestra vejez podamos usar nuestra riqueza para tratar de recobrar nuestra salud.

Pero la realidad es aún más desconsoladora. Dios, en Su infinita bondad, nos concede días en los que podemos crecer espiritualmente, nos ayuda a perfeccionar el mundo, hace que nuestras vidas estén llenas de significado y propósito para que ganemos una monto de inmortalidad de nuestra limitada estancia en la tierra. Y ¿cómo optamos por invertir nuestro tiempo? Persiguiendo la ilusión de éxito que erróneamente confundimos con la acumulación de objetos materiales, como si el slogan de los años setenta "El que muere con la mayor cantidad de juguetes gana" fuera una verdad sagrada en vez de un sarcasmo.

 

Dejamos la comodidad de nuestros hogares y el apego a nuestras "cosas", a cambio de cercanía con nuestra familia y Dios, bajo cuyo cielo encontramos la seguridad extrema.

 

En tiempos bíblicos, había una temporada que permitía a los granjeros sentirse ricos. El tiempo de la cosecha era cuando los graneros estaban llenos, las mesas estaban llenas, la comida era abundante. Quizás precisamente entonces, los judíos podían confundir su dinero con su vida. Así es que Dios decretó que observáramos la festividad de Sucot, dejando la comodidad de nuestros hogares, el lujo de nuestras residencias y el apego a nuestras "cosas", a cambio de cercanía con nuestra familia y la proximidad con el Todopoderoso bajo cuyo cielo encontramos la seguridad extrema y el sentido de nuestras vidas.

Es por esta razón que Sucot es la festividad que habla en la forma más poderosa a nuestra generación. Nosotros, como talvez nunca en la historia, somos bendecidos con la ventaja de una cosecha material abundante. Y nosotros necesitamos reflexionar en cómo hemos tergiversado nuestras prioridades.

Sólo unas cuantas semanas atrás la Revista Fortune sacó su listado anual de las personas más ricas del mundo. A pesar de que Bill Gates de Microsoft aún está primero en la lista, los Waltons están incluidos como la familia más rica del mundo. Cuán instructivo es, entonces aprender de las últimas palabras del fundador de Walmart, el legendario Sam Walton, a medida que se acercaba a su final. Mientras él estaba acostado en su lecho de muerte, luchaba para pronunciar sus últimas palabras en la tierra. Él había dado su vida por su negocio. En esa área, él fue exitoso más allá de cualquier sueño loco. Sin embargo, tuvo un costo. Él casi nunca compartió tiempo con su esposa, sus hijos, ni con sus nietos. Él no se permitió momentos de interacción amorosa, de acurrucar a un nieto en sus piernas, de jugar y reír y regocijarse con sus seres queridos. ¿Sus dos palabras finales? "¡Lo arruiné!". Él tenía billones pero según su propio reconocimiento, falló.

Por supuesto que Einstein era más inteligente. "No trates", dijo él, "de convertirte en un hombre de éxito. Trata, en vez, de llegar a ser una persona con valores". Y eso, incluso para Einstein, no era relativo –sino una verdad absoluta que lo más probable es que lo absorbió de su herencia judaica.

El Pescador Mexicano y Nosotros

Sucot quiere que nosotros entendamos el mensaje que está tan poderosamente resumido en la historia del pescador mejicano. Escuchen esta historia y vean si se relaciona de alguna manera con ustedes.

Un banquero inversionista estadounidense estaba en el muelle de un pueblo costero mejicano cuando un pequeño bote con tan sólo un pescador atracó. Dentro del pequeño bote había varios atunes grandes de aletas amarillas. El banquero felicitó al mejicano por la calidad de sus pescados y le preguntó cuanto tiempo tardó en pescarlos.

El mejicano contestó, "Sólo un poco".

El banquero entonces le preguntó por qué no se quedaba un rato más y pescaba más peces. El mejicano le dijo que con eso tenía suficiente para proveer las necesidades inmediatas de su familia.

El banquero quedó confundido y luego preguntó, "Pero ¿qué hace usted con el resto de su tiempo?".

El pescador mejicano le dijo: "Yo duermo hasta tarde, nado un poco, juego con mis hijos, duermo la siesta con mi esposa, paseo por el pueblo cada atardecer donde bebo un poco de vino y toco la guitarra con mis amigos. Yo tengo una vida completa y ocupada, Señor".

El banquero se burló: "Yo tengo un MBA de la Universidad de Harvard y puedo ayudarte. Tú debes dedicar más tiempo a pescar y con los ingresos comprar un bote más grande. Con los ingresos del bote más grande tú podrías comprar varios botes. Algún día tendrás una flota de botes de pesca. En vez de vender tus pescados a un comprador intermedio, lo venderías directamente al procesador, y finalmente abrirías tu propia fábrica de conservas. Tú controlarías el producto, lo procesarías y lo distribuirías. Tendrías que dejar este pequeño pueblo pesquero costero e irte a la Ciudad de Méjico, luego a Los Ángeles, y eventualmente a la Ciudad de Nueva York donde administrarías tú empresa en expansión.

El pescador mejicano preguntó, "Pero, Señor, ¿cuánto tiempo va a demorar esto?".

A lo que el banquero respondió: "De cinco a diez años".

"¿Pero qué pasa después, Señor?".

El banquero se rió y dijo, "Esa es la mejor parte. Cuando sea el momento correcto, tú anunciarás una oferta pública en el mercado de valores y venderás las acciones de tu compañía al público y te reconvertirás en un hombre rico. ¡Tú vas a valer millones!".

"¿Millones, Señor? ¿Y entonces qué?".

El banquero le dijo, "Entonces te vas a jubilar, te irás a un pequeño pueblo pesquero en la costa, dormirás la siesta con tu esposa, jugarás con tus hijos, pasearás por el pueblo al atardecer, donde beberás vino y tocarás la guitarra con tus amigos".

¡Sí, entonces, después de gastar tus años en la búsqueda de dinero, finalmente podrás realizar aquellos mismos sueños que pudieron haber sido tuyos sin ello!

En Sucot, la Festividad de la Cosecha, tal vez podamos obtener la sabiduría del rey Salomón quien lo dijo todo en su libro Eclesiastés que leemos en esta festividad: Vanidad de vanidades, todo es vanidad... El fin de la materia, cuando todo es escuchado: Teme a Dios y observa Sus mandamientos.

No hay duda que la festividad de cuando abandonamos nuestros hogares y nuestra apego a lo material para sentarnos con nuestro seres queridos bajo el cielo se llame "Zman Simjateinu – la Tiempo de nuestro Regocijo".