He aquí una pregunta rápida que me gustaría que medites: ¿Cuántas personas conoces que considerarías “exitosas”?

Ahora la pregunta que sigue: ¿Cuántas personas conoces que considerarías “felices”?

¿Acaso las que enumeraste en la primera categoría son las mismas que incluirías en la segunda categoría?

Acabamos de pasar una cantidad considerable de tiempo durante el período desde Rosh HaShaná hasta Iom Kipur hablando con Dios con nuestras sinceras plegarias. Compartimos con Él nuestras esperanzas y nuestros sueños. Pedimos vidas llenas de bendiciones. Pero, ¿qué es lo que más queremos: éxito o felicidad?
Si crees que estas dos cosas son idénticas, debes aprender la sorprendente lección de Silicon Valley y su eco en la notable proximidad de la fiesta de Sucot a las Altas Fiestas.

Silicon Valley es uno de los lugares más populares para los emprendedores más exitosos del mundo. Steven Jon Kaplan, asesor de inversiones y CEO de True Contrarian Investments, escribió recientemente que se necesita “un patrimonio neto de 10 millones de dólares para estar económicamente cómodo en el Área de la Bahía de San Francisco; esto es un estilo de vida razonable pero ciertamente no lujoso”. El área es hogar de aquellos bendecidos que se ajustan a todos los patrones utilizados para evaluar ‘éxito’ en términos contemporáneos.

Pero Silicon Valley tiene una necesidad apremiante que no está suficientemente satisfecha. En palabras de un destacado psiquiatra local, Adam Strassberg:

“Es sabido que hay una escasez de psiquiatras a nivel nacional; sin embargo, más específicamente, en el área de Silicon Valley, hay una tremenda escasez a nivel local. Es la naturaleza de nuestro sistema económico de oferta y demanda; parte de este desequilibrio ciertamente se debe a la oferta, pero sospecho que en gran medida se debe a una demanda local mucho mayor. Practiqué psiquiatría en Silicon Valley durante casi veinte años, navegué a través del auge de Internet, floté a través de la ‘burbuja puntocom’, fui testigo de fortunas y locuras, todo desde la comodidad de mi silla de cuero, en mi pequeña oficina, a través de una ventana con vista al patio y dos peces dorados en una pecera. Cada día un desfile de multimillonarios estresados de 'clase media' marcha a través de mi oficina, día tras día, hora tras hora... A lo largo de las décadas, como psiquiatra que ejerce en Silicon Valley y como ciudadano que vive en este sector, he sido testigo de mucho éxito y, sin embargo, de muy poca felicidad. En nuestro valle de riquezas materiales y belleza natural, las dos cosas lamentablemente se oponen con demasiada frecuencia”.

Es la tragedia de nuestros tiempos que tantas personas sean bendecidas con un éxito sin medida, pero que al mismo tiempo estén tan llenas de infelicidad y descontento. Ross Douthat escribe sobre “una crisis inmediata, una que está matando a decenas de miles de personas en este momento, más que la epidemia de crack en su peor momento, más que la Guerra de Vietnam. La abreviatura de esta crisis es 'muertes por desesperación', una frase utilizada por los economistas Anne Case y Angus Deaton para describir el aumento repentino de muertes por suicidio, abuso de alcohol y drogas, desde el cambio de milenio. Ahora, un nuevo informe del Comité Económico Conjunto del Senado registra la escala de este aumento: una duplicación de 22.7 muertes por desesperación por cada 100.000 habitantes en 2000 a 45.8 por cada 100.000 en 2017, eclipsando fácilmente todos los máximos anteriores del siglo XX”.

"He sido testigo de mucho éxito y, sin embargo, de muy poca felicidad”

¿Cuál es la fuente de esta crisis de “muertes por desesperación”? Es el resultado de una sociedad que ha confundido trágicamente ‘éxito’ con ‘felicidad’. Hay un mundo de diferencia entre ambas.

Éxito es obtener lo que quieres; felicidad es querer lo que obtienes.

Éxito es tener todo el dinero del mundo; felicidad es tener familiares y amigos para compartir y gastar ese dinero.

El éxito es medible; la felicidad es ilimitada.

Éxito es un auto elegante; felicidad es un viaje alegre.

Éxito es trabajar duro; felicidad es amar tu trabajo.

Éxito es que todos sepan tu nombre; felicidad es saber el nombre de todos.

Éxito es estar en lo cierto; felicidad es ser verdadero.

Éxito es dinero en el banco; la felicidad en cambio, no se puede depositar.

Éxito es aviones privados; felicidad es volar alto.

El éxito nunca es fácil; la felicidad nunca se sentirá difícil.

Éxito es dinero; felicidad es valor.

Éxito es trabajar hasta tarde; la felicidad en cambio es todo el día.

El éxito se mide en ‘segundos hogares’; la felicidad siempre se encuentra en casa.

Éxito es cosas materiales; la felicidad está en los materiales mismos.

Éxito es recibir halagos y elogios; la felicidad nunca los necesita.

Éxito es llegar a la cima; la felicidad en cambio no tiene techo.

Éxito es todo el dinero del mundo; la felicidad es no necesitar nada de eso.

Éxito es hacer lo que amas; felicidad es amar lo que haces.

El éxito es envidiado; la felicidad es compartida.

Y lo más importante de todo: El éxito se mide en términos humanos; la felicidad en cambio, es un regalo divino para aquellos que viven bien según los estándares espirituales.

Sucot es la fiesta de la alegría. En hebreo se llama zman simjateinu, la ‘época de nuestra alegría’. Su lugar en el calendario no es un accidente. La verdadera felicidad sólo puede ser una consecuencia directa de nuestro crecimiento espiritual en las Altas Fiestas. La felicidad es un regalo de Dios para todos los que permiten que ésta brote naturalmente como consecuencia de nuestra búsqueda de perfección espiritual, no el logro del éxito mundano como muchos piensan equivocadamente.