Pareciera ser que Sucot siempre llega inesperadamente. Pasamos muchas semanas preparándonos para Pesaj. Las Altas Fiestas tienen todo un mes preliminar que nos permite revisar nuestras acciones pasadas y hacer resoluciones para el futuro. Januca y Purim son oasis largamente esperados durante los largos meses de verano.

Pero Sucot no nos ofrece tal lujo ya que llega apenas unos pocos días después de Iom Kipur. Cuando recién nos hemos recuperado del ayuno, nos vemos enfrentados de inmediato a un torbellino de actividades: debemos construir la Sucá, comprar las Cuatro Especies, cocinar, limpiar, decorar, etc. Prácticamente no tenemos tiempo de prepararnos mentalmente para la transición. Pasamos unos agotadores días sumidos en las preparaciones y luego, repentinamente, comienza Sucot.

Muchos pensadores judíos se han preguntado por qué Sucot fue puesta en esta posición dentro de nuestro calendario. Tal como atestigua la Torá, Sucot conmemora las "cabañas" —o Nubes de Gloria— con las cuales Dios nos protegió en el desierto durante 40 años (Levítico 23:43). Pero si es así, ¿por qué las recordamos justo ahora? Vivimos día y noche bajo las nubes de gloria por 40 años. ¿Por qué debemos conmemorarlas específicamente en esta época del año, tan poco tiempo después de Iom Kipur?

En Génesis 30 vemos que nuestra matriarca Rajel fue bendecida con un hijo sólo después de pasar muchos años de matrimonio, los cuales estuvieron llenos de tristeza, vacío y rezo. Cando finalmente nació su hijo, ella lo llamó Iosef. ¿Por qué Iosef? Porque Rajel quería "que Dios me agregue ("iosef") otro hijo" (versículo 24). Dios la bendijo con un hijo y ella inmediatamente rezó con fervor que le concediese otro.

¿No debería haber mostrado Rajel uno poco de gratitud y haber disfrutado el regalo que Dios ya le había concedido?

La petición de Rajel siempre me llamó la atención. El mismo día en que Dios la bendijo con un hijo, inmediatamente comenzó a pedir por el siguiente. ¿No debería haber mostrado un poco de gratitud por lo que Dios le había dado? ¡Al menos podría haber dicho "gracias"! Su hermana y co-esposa, Lea, es alabada en el Talmud por haber nombrado a su cuarto hijo Yehuda porque, como explica ella, "esta vez agradeceré a Dios" (29:35; Brajot 7b). Si recibes de Dios un regalo tan preciado como un niño, ¡deberías estar colmada de felicidad! Si Rajel realmente seguía preocupada por sus problemas de fertilidad, ¡entonces podía haber esperado un año o quizás dos para empezar a rezar nuevamente! Pero por ahora, ¿no debería simplemente haber expresado su gratitud y disfrutado el regalo que Dios ya le había concedido?

Creo que la respuesta es la siguiente. Rajel se acercó enormemente a Dios gracias a sus dificultades. Ella gritó, lloró y rezó. Incluso provocó la ira de su esposo Yaakov por su persistencia (30:1-2). Y, cuando sus deseos finalmente se hicieron realidad, ella tenía un sólo mensaje para Dios: "No voy a dejarte ir". Tú me acercaste a Ti, Tú me hiciste rogar, Tú me hiciste llorar, Tú me hiciste desgarrarme internamente, comprender mis necesidades y aferrarme a Ti como nunca antes había hecho. Y no voy a dejarte ir. Voy a seguir rezándote como si nada hubiera ocurrido, voy a seguir pidiéndote por ese hijo que tanto quería. Nunca había estado tan cercana a Ti como cuando estaba en necesidad. Y sin importar lo que haya cambiado en mi vida, no quiero perder esa conexión.

Pero había una diferencia. Ahora Rajel podía sentirse cercana y conectada con Dios, pero no tenía que ser necesariamente a través del sufrimiento y la miseria. Todos sabemos que, por muy irónico que parezca, en realidad nos sentimos más cercanos a Dios durante los momentos difíciles de la vida, cuando sabemos en nuestro corazón que Dios está hablándonos y estimulándonos a mejorar. Rajel reconoció esto, pero quiso tomar esos mismos sentimientos, esa misma intensidad, y aferrarse a ella. No quería que su gratitud fuera su regalo de despedida para Dios. "Gracias por las bendiciones. Ahora me voy a olvidar de Ti y me voy a encerrar en mi propio ocupado y pequeño mundo". Rajel quería que Él estuviera con ella durante los buenos momentos tal como lo había hecho durante los tiempos difíciles.

El mensaje principal de Sucot es: "Dios, queremos quedarnos Contigo".

Y con esto podemos explicar la progresión desde las Altas Fiestas a Sucot. En Rosh HaShaná y Iom Kipur sentimos una intensa cercanía a Dios, pero en un sentido muy solemne y casi intimidante. Sabemos que Le hemos fallado, que no fuimos tan buenos como deberíamos haber sido durante el año pasado. Ayunamos, pasamos el día en la sinagoga rezando, y rogamos por perdón y por tener un mejor año entrante. Y en todas las lágrimas y la negación, nos sentimos enormemente cercanos al Dios al cual debemos retornar tan desesperadamente.

El mensaje principal de Sucot es: "Dios, queremos quedarnos Contigo". No dejamos Iom Kipur con una sensación de alivio. Sufrimos, ayunamos y sólo ahora podemos estar tranquilos. Hemos limpiado nuestra cuenta, y recién ahora podemos regresar a nuestro usual estupor y olvidarnos de todo. Pero en lugar de eso, tomamos toda esa cercanía —todo ese temor—, y lo transformamos en amor. Confiamos en que nos Has perdonado y en que nos Has concedido otra oportunidad. Y queremos aferrarnos a esa sensación de cercanía. Pero no en el atemorizante sentido del Día del Juicio, sino que en el cálido sentido de vivir en la morada de Dios.

Tal como las Nubes de Gloria de Dios nos abrazaron y protegieron por 40 años en el desierto, nosotros también queremos tomar esa intima sensación de cercanía que fue despertada por nuestro temor a la justicia Divina, y queremos utilizarla para acercarnos realmente a Él. El temor se ha acabado, el juicio ha pasado. Ahora solamente queremos estar con Dios. Y no vamos a dejarlo ir.