Desde muchos ángulos, el mundo es un caos: polarización política, tensiones raciales, incertidumbre económica, inequidad e intolerancia de muchas clases. Encima de todo esto, condiciones climáticas extremas y el coronavirus que arrasa el mundo con impudicia, provocando que suframos las consecuencias y que busquemos soluciones para combatir la angustia.

La solución de la simjá

La fiesta de Sucot es descrita como la estación de la alegría: "Te alegrarás en tu festividad… y estarás solamente alegre" (Deuteronomio 16:14-15) y en las plegarias festivas como "el tiempo de nuestra alegría" (zmán simjatenu).

¿Cuál es la clave de la felicidad? Y además, ¿es realista pretender estar alegres cuando no nos sentimos de esa forma?

La Mishná (Avot 4:1) revela una respuesta simple pero muy profunda:

"¿Quién es rico? El que está feliz con su porción".

La felicidad no es un "acontecimiento" que ocurre externamente en base a experiencias emocionantes o a una "píldora de la felicidad". La felicidad es un estado mental. Si dominas el arte de prestar atención, apreciar y disfrutar conscientemente lo que ya tienes, siempre serás feliz.

Veamos cómo los símbolos y las tradiciones de Sucot nos llevan a un estado de alegría.

La sucá, una cabaña temporaria

La Torá (Números 23:42) declara: "Habitarán en sucot (cabañas) durante siete días". Alejados de nuestras comodidades habituales, la sucá cambia nuestro foco de atención hacia mayores anhelos espirituales que son los que definen nuestra esencia humana.

No hay ningún problema con tener una casa linda, un buen auto y ropas agradables, pero a veces caemos en el error de considerar al mundo como una "vivienda permanente", es decir, tratamos las búsquedas de lo físico y de lo material como el máximo propósito de la vida. Al mudarnos a una vivienda frágil y temporaria, sin todo el confort y las comodidades, recordamos que la verdadera alegría interior es un asunto espiritual, algo que llega al reconocer que este mundo es temporario.

La capacidad de elevarse por encima de las consideraciones materiales es especialmente pertinente al pueblo judío, quien al vivir como "judíos errantes", desarraigados durante milenios de sus hogares y de sus comunidades, llegó a confiar en una alegría más profunda del reino espiritual, independiente de los bienes materiales.

Un abrazo acogedor

Durante las semanas previas de Elul, Rosh HaShaná y Iom Kipur, fuimos ascendiendo por una escalera espiritual, trabajando para llegar a conectarnos con el "máximo placer" de experimentar lo Divino.

En la cumbre de esta escalera está Sucot. A lo largo de las Altas Fiestas llegamos a un lugar en el cual no necesitamos fontanería, aire acondicionado ni una cama cómoda. No necesitamos puertas cerradas ni sistemas de alarmas. Sólo queremos estar con Dios.

Una sucá kasher requiere dos paredes más una tercera pared parcial. Imagina la parte superior de un brazo como una pared, el antebrazo como la segunda pared y la mano como la tercera pared parcial. En la sucá estamos completamente inmersos en los "brazos" de Dios.

Piensa en la sucá como si acamparas bajo las estrellas, conectándote con algo más allá de ti mismo. Estar exactamente donde quieres estar, totalmente rodeado de la dichosa experiencia de la conexión Divina.

La alegría de la cosecha

La fiesta de Sucot es descrita como "La festividad de la cosecha, al final del año, cuando recoges tu producto del campo" (Éxodo 23:16).

¿De qué manera la cosecha (simbolizada por las cuatro especies) tiene relación con una celebración alegre?

Rav Eliahu E. Dessler (Mijtav MeEliahu, volumen 5, pág. 12), explica que la yuxtaposición de la "alegría material" de la cosecha con la "alegría espiritual" de Sucot, enseña que la alegría material es un trampolín para la alegría espiritual.

Los placeres materiales no son el máximo objetivo. Más bien la idea es examinar nuestros bienes materiales (dinero, auto, casa) y pensar cómo elevarlos para un propósito más elevado. De esta forma, estos dos elementos funcionan juntos y transforman nuestra alegría en una dicha más elevada y completa.

Esta es una enorme diferencia entre el judaísmo y otros caminos espirituales. A través de la historia, se propusieron diversos enfoques al enigma teológico de la coexistencia de la realidad física (comer, dormir, relaciones maritales, etc.) con la realidad espiritual.

  • Los ascetas rechazan los placeres físicos y materiales, por considerar que el placer físico es algo malo, y que es preferible evitarlo. Los monjes budistas meditan solos en la cima de una montaña o se aíslan en un monasterio alejado de la civilización. Los cristianos miran con recelo el sexo por considerarlo una expresión de la naturaleza pecaminosa del hombre. La persona verdaderamente "espiritual", el sacerdote o la monja, debe permanecer célibe.
  • Los hedonistas consideran al materialismo como un fin en sí mismo. Los griegos que competían desnudos en las olimpiadas y los deportes de gladiadores y el vomitorium romano rendían culto al placer físico y material.
  • La Torá apunta a un camino intermedio, no al culto ni el rechazo del reino físico-material. Elevándose por encima de eso, la Torá considera al mundo físico como el portal para placeres más elevados y trascendentes, donde cada ítem y cada momento está investido con potencial creativo para experimentar lo Divino.

En vez de alejarse de la vida, la espiritualidad judía nos alienta a relacionarnos con el mundo mundano de una forma que nos eleve. Recitamos bendiciones antes de comer como una forma de conectarnos. Los viernes a la noche, elevamos la copa de vino no para emborracharnos, sino para hacer Kidush y santificar el Shabat.

De hecho, Maimónides (Shemone Prakim 5:2) explica que el propósito de todo —desde la riqueza económica hasta las condiciones físicas y el estudio de la ciencia— es para lograr la noble empresa de adquirir sabiduría y refinar el carácter. Como escribió Rav Jaim de Volozhin (Rúaj Jaim 2:12), el versículo: "Conoce a Dios en todos tus caminos" (Proverbios 3:6) enseña que todos nuestros impulsos deben ser dirigidos a un propósito superior.

La cosecha simboliza la idea de que en toda nuestra participación en las actividades físicas cotidianas, ya sea la interacción con nuestra familia o al esperar para pagar en el supermercado, podemos alinearnos con esta enorme verdad si nos detenemos un momento y nos preguntamos:

  • En este mismo momento, ¿qué puedo hacer para elevar el nivel de esta actividad? (Por ejemplo, ser más bondadoso o más paciente).
  • ¿Cómo puedo incorporar más puntos de reflexión y de gratitud para elevar esta actividad a un plano espiritual más elevado?

Esta es la gran oportunidad de Sucot. En un mundo repleto de distracciones caóticas, Sucot es el timón espiritual que nos ayuda a navegar sobre las olas tormentosas, enfocando nuestra mirada hacia dimensiones más profundas.


Mi agradecimiento a la serie LifeWisdom, del Rav Yerajmiel Fried, y al grupo OC de los martes por las ideas y la inspiración.

En recuerdo de Moshé Bergman de Jerusalem, un padre de 4 niños pequeños que falleció en Rosh Hashaná.

FOTO: Robert Collins, Unsplash.