Durante miles de años los judíos observaron el mandamiento de la Torá de dejar la comodidad y la seguridad de sus hogares y comer en una cabaña especial que llamamos sucá.

En este año de coronavirus, nuestra mitzvá ya no parece tan extraña. Gracias a que la ley ordena salir al aire libre, comer afuera ya no es una rareza judía, sino que se convirtió casi en un ideal universal. Esto es algo que el profeta Zejariá predijo hace mucho tiempo.

De todas las festividades de nuestro calendario, la que la Torá resalta por su significado mundial es Sucot. Zejariá (14:16-18) enseñó que en el futuro, Sucot y la mitzvá de "comer afuera de la casa" será la prueba de fuego para todas las naciones del mundo. Todos los que asciendan a Jerusalem después de la redención, para prosternarse ante Dios y celebrar junto con el pueblo judío, merecerán una gran bendición y se salvarán del horror de la plaga.

¿Qué tiene Sucot que lo vuelve tan relevante no sólo para los judíos sino también para toda la humanidad? ¿Cuál es el mensaje de esta festividad que demanda reconocimiento universal?

Para todos aquellos cuyas vidas se vieron traumáticamente transformadas por este cambio dramático del interior al exterior, pienso que hay tres ideas especificas relativas a Sucot que pueden ayudarnos a entender lo que hace que esta festividad sea tan importante.

El aire que respiramos

Quizás una historia de coronavirus que tuvo lugar en Italia hace unas pocas semanas puede resumirlo de la mejor manera.

Un hombre de 93 años se enfermó de COVID-19 y a pesar de su edad logró sobrevivir. Al ser dado de alta en el hospital, le entregaron el detalle de los gastos y una cuenta enorme. Parte del pago era por el respirador en el que había sido colocado por un solo día.

Al leer la cifra que debía, el hombre comenzó a llorar. El hospital sintió compasión y le dijo que no se preocupara, que probablemente podrían arreglar algo para reducir el costo a algo más accesible. Lo que el anciano respondió provocó que los empleados del hospital se largaran a llorar.

El anciano les explicó: "No lloro por el dinero que tengo que pagar. Afortunadamente tengo los medios para pagarlo sin problema. Lloro por otra razón. Lloro porque acabo de comprender, después de todos estos años en la tierra, que durante 93 años estuve respirando el aire de Dios, pero nunca tuve que pagar por él. Usar un respirador en un hospital por un solo día cuesta más de €500. ¿Tienen idea cuánto le debo a Dios? ¿Cómo puede ser que nunca le agradecí de corazón, ningún día de mi vida, por el milagro de este regalo Divino que di por sentado?".

En este mundo hay demasiadas cosas que damos por sentadas como si nos pertenecieran automáticamente o si fueran una merecida recompensa. Nos quejamos por las cosas que nos faltan y apenas nos tomamos el tiempo para agradecerle a Dios por los favores impagables de Sus bendiciones Divinas.

Eric Hoffer lo expresó de una forma muy bella cuando dijo que la matemática más difícil para casi todas las personas es la capacidad de contar sus bendiciones.

La festividad de Sucot es el momento para reconocer la fuente de "la cosecha" de nuestras vidas, los regalos divinos que hacen que nuestra vida sea posible y placentera. Incluso si nosotros elegimos no prestarles atención, ellos nos rodean constante y gratuitamente, tal como el aire que respiramos a cada instante.

La casa en la que vivimos

Nuestras casas son las señales más obvias de nuestra riqueza. Ellas representan la manifestación más obvia de nuestro estatus económico hacia el mundo exterior. Una mansión significa que lo hemos logrado; es un símbolo de nuestro éxito.

Pero, lamentablemente, a menudo la ostentación se nos sube a la cabeza. Engaña a nuestro ego haciéndole asumir el crédito por los logros financieros que en verdad tienen su fuente en el cielo. Debemos sentir pena por la pobre persona que comete el error de pensar "Mi poder y la fuerza de mis manos produjeron para mí esta riqueza" (Devarim 8:17).

No entender que es Dios —el mismo que creó toda la naturaleza y el universo— Quien decide la medida de nuestras bendiciones, es como pedir una reevaluación Divina que puede provocar que los más ricos pierdan la riqueza que acumularon, sus magníficas casas y sus propiedades.

Sucot es la época de la cosecha. Los granjeros que se esforzaban durante todo el año eran más ricos de lo que serían en cualquier otra estación. Precisamente entonces la Torá les ordenó a los judíos salir de sus casas para vivir en una pequeña choza. Esto era para entender el mensaje que el Rey Shlomó expresó sucintamente en Kohelet, el mismo libro de Kohelet que leemos en Sucot: "Vanidad de vanidades, todo es vanidad". Hay un tiempo para la alegría y hay un tiempo para la pena. Hay un tiempo para construir y un tiempo para destruir. La conclusión del libro es un resumen del conocimiento acumulado por el hombre más sabio de la tierra. En definitiva, el objetivo de todo es reverenciar a Dios y observar Sus leyes.

Las casas, incluso si son mansiones que valen innumerables millones, de repente pueden no ofrecernos la mínima seguridad, ni en términos de salud ni de que seguiremos teniendo riqueza, todo a causa de un virus minúsculo que no se puede ver a simple vista.

Sucot nos alienta a reconocer la verdadera fuente de nuestra riqueza y de nuestro bienestar al mudarnos del ‘interior’, lo que nosotros construimos, al ‘exterior’, la obra de Dios.

Una sucá es una vivienda temporaria, no demasiado diferente a nuestras vidas en esta tierra. Tanto el granjero adinerado como el billonario del siglo XXI necesitan recordarse a sí mismos que sin Dios, nuestros hogares rápidamente pueden convertirse en chozas y nuestra cosecha en la bancarrota.

Cuánto necesitamos realmente

Joseph Heller, autor de Trampa 22, y Kurt Vonnegut estaban en una fiesta organizada por un multimillonario en la isla Shelter.

—Joseph, ¿cómo te sientes al saber que nuestro anfitrión sólo ayer puede haber ganado más dinero que el que tu novela Trampa 22 ganará en toda su historia? —le preguntó Kurt.

—Yo logré algo que él nunca podrá tener —respondió Heller.

—¿Qué demonios puede ser eso, Joseph?

—Yo logré saber que tengo suficiente.

Sucot nos pide que temporariamente salgamos al exterior, que observemos las creaciones de Dios, que "comamos afuera" con nuestra familia, con nuestros hijos y quizás incluso con nuestros nietos, en una sucá desde la cual si miras hacia arriba puedes ver el cielo y recordar a Dios y tus bendiciones.

No es una mala idea para los granjeros ricos de la época bíblica y quizás tampoco para nosotros, las victimas contemporáneas de una plaga que nos golpeó severamente.

Sucot, que tiene lugar justo después de Rosh HaShaná y Iom Kipur, también puede ser la única festividad judía que tiene el mayor potencial para enseñarle a todo el mundo el verdadero significado de la felicidad y de lo que realmente significa tener éxito.