Con Simjat Torá nos aproximamos a la cúspide de las fiestas. A esta altura, hemos atravesado el calendario hebreo con todos los puntos trascendentales que nos aportaron diferentes lecciones esenciales para la vida, cada uno de ellos de distinto modo y complementándose todos entre sí.

Un poco de historia

Comenzando por Pésaj (hace más de medio año), ocasión en que celebramos la primera aproximación entre Hashem y el pueblo de Israel, que estaba por marcharse de Egipto y abandonar las doctrinas que en Egipto se profesaban. En aquel crítico momento de amor mutuo, Dios realizó los famosos milagros para salvar al pueblo de Israel de manos de los egipcios, mientras los judíos cumplían los primeros preceptos en el ámbito nacional, exponiéndose a un gran riesgo con cada uno de ellos frente a los patrones egipcios.

Después de la salida de Egipto, el pueblo pasó por el Monte Sinaí, en donde acampó por más de un año. En aquel lugar los judíos expresaron las famosas palabras: “Obedeceremos y estudiaremos”, que los convirtieron en indicados para recibir la Torá —la Ley Divina— y sellar un pacto entre ellos y Dios. Esta alianza unió al pueblo de manera singular y permanente con Hashem. Esta unión condujo al pueblo de Israel de la Mano de Dios por todas las épocas: por los momentos de gloria, cuando tuvimos el Bet HaMikdash, y por las situaciones de angustia, en las peores circunstancias de nuestro exilio. De una manera u otra, jamás estuvimos alejados de Su conducción, a causa de este acuerdo que Dios hizo valer en todo momento. Nuestra vida se “unió” prácticamente a la fe en Él, y esto se ve reflejado en la Sucá que representa este concepto. Atravesamos, pues, los siete días de Sucot interiorizándonos del significado de la confianza plena en la Guía y Gobierno de Dios. Como desenlace de esta fiesta logramos la intimidad con Él. Un contacto que no tiene comparación con ninguna otra relación. Esa es la fiesta de Simjat Torá.

El origen de la denominación

Antes de seguir, debemos aclarar que la Torá no menciona este día con el conocido nombre de Simjat Torá. El nombre “oficial” del día es: Shminí Atzeret. Debemos, pues, esclarecer a qué se deben estos nombres y cuál es la relación entre ellos. La palabra “atzeret” significa ‘detención’, y se refiere a que los judíos, luego de haber estado en presencia del Bet HaMikdash durante los siete días de la fiesta de Sucot, aplazan su vuelta a sus respectivos hogares por un día adicional para quedarse cerca de la Presencia Divina. “Shminí” concierne a que estamos hablando acerca del octavo día desde el comienzo de Sucot. Si bien Shminí Atzeret es una fiesta independiente de Sucot en distintos aspectos, está de todos modos unida a Sucot y comparte el título de ser “Zman Simjatenu”, la ‘época de nuestra alegría’.

En el Midrash

El Midrash compara este aplazamiento en el retorno a los hogares con un rey que invitó a muchos huéspedes para un evento muy importante para su gobierno. El rey tenía un amigo por quien sentía un afecto especial. Si bien también lo invitó a él, no tuvo tiempo durante las ceremonias para dedicarle atención, pues estaba atareado con las obligaciones monárquicas que lo ocupaban. Al cabo de la ceremonia, le pidió a este allegado inseparable: “¡Quédate, por favor, un día más! Quiero compartir un día contigo solo. Aunque sea podremos compartir una comida simple, pero estando solos y juntos”.

En Sucot rezamos y pedimos por el bienestar de toda la humanidad. Traemos (en época del Bet HaMikdash) setenta ofrendas para que Dios disponga Su Bendición por el bienestar de todas las “setenta naciones” troncales (este número se debe a que la Torá menciona setenta nombres entre los descendientes de Noaj, de quien descienden todos los seres humanos). Al final de la fiesta de Sucot (en la cual se “participó” a todas las naciones), Dios nos “pide” sólo a nosotros que nos retrasemos un día más. En Shminí Atzeret, no se traerán ofrendas en cantidad como durante Sucot. Una sola ofrenda (la “comida simple”) alcanza. Lo que Dios pide es la intimidad.

¿Cómo se manifiesta la “intimidad” con Dios?

El término Simjat Torá, se refiere a que completamos en este día la cíclica lectura anual de la Torá. Comenzamos con el libro de Bereshit y lo completamos anualmente —mediante los tramos sucesivos de la lectura semanal de los sábados— con Devarim en esta fecha especial.

¿Existe alguna relación entre Shminí Atzeret y Simjat Torá (que son en realidad la misma fecha)?

Sin duda que sí. En Shminí Atzeret, rezamos por la lluvia: el agua, que es vital para la vida física del hombre. En Simjat Torá, celebramos el estudio de la Torá: que es vital para la existencia espiritual del judío. Y, como hemos visto, en Shminí Atzeret, Dios “pide” estar cerca nuestro. En Simjat Torá, sentimos esa cercanía mediante aquello que crea el vínculo único entre Dios y Su pueblo: el estudio y el esmero en entender la Torá.

Cabe destacar que en Israel se celebra un solo día para ambos: Shminí Atzeret y Simjat Torá. Afuera de Israel, se desdobla la fiesta en dos días consecutivos llamándose al primero: Shminí Atzeret, y al segundo: Simjat Torá.

¿Un doble sentido?

Hay entre los comentaristas aquellos que señalan que el nombre de la fiesta es Simjat Torá, o sea: “la alegría de la Torá”, desde la óptica que quisiéramos que la Torá esté alegre con nosotros. Es que... ¿acaso es algo especial que nosotros nos alegremos con la Torá? ¿No somos, acaso, los principales beneficiarios de este vínculo? La pregunta y el desafío, pues, sería: ¿está la Torá alegre con nosotros? ¿La estudiamos durante el año con suficiente empeño...?

En Simjat Torá se realizan en la sinagoga las tradicionales siete “Hakafot” con el rollo de la Torá en mano y se baila en honor a la Torá. “Hakafá” significa también 'préstamo'. Es muy posible que hayamos sido perezosos en el estudio de la Torá en este último año. Pedimos entonces un préstamo —de tiempo, tranquilidad, lucidez y fuerza física— para poder seguir estudiando.

No es por accidente que el mismo día en que culminamos con la lectura de la Torá, sea aquel en que volvemos a emprender su estudio desde Bereshit. Podríamos diagramarlo en forma de círculo. El fin de la Torá es el que justifica su origen. Los milagros que Dios hizo suceder a manos de Moshé frente a los israelitas, tuvieron como objetivo despertar la conciencia de la existencia del Creador del mundo. Sin un objetivo, la vida no es significativa. No se puede hablar de significado, si el mundo hubiese llegado a existir de manera fortuita por fuerzas mecánicas. Evidentemente, no hay alegría en un mundo que carece de sentido, y, es muy probable que las personas que sienten que el mundo no tiene valor tiendan a escapar de él en lugar de vivirlo a pleno. La fiesta de Sucot llega a su cumbre en Simjat Torá, cuando alcanzamos la cognición plena del propósito de nuestras vidas. Las enseñanzas y las maravillas de Moshé, que infundieron en nosotros la creencia de que Dios creó el Cielo y la tierra, son entonces la llave de la alegría, no solamente de este día, sino la de todo el año (“Growing each Day” de Rabbi Abraham Twersky M.D. Artscroll/Mesorah).

El verdadero festejo

Es conocido que durante los años de dura restricción y persecución en contra de todo lo que se relacionaba con el cumplimiento de la Torá en la Rusia comunista, miles de judíos se reunían anualmente en Simjat Torá en Moscú, para celebrar esta fiesta. Sin duda, a pesar de la severa ignorancia de la temática judía (los comunistas impidieron que continuara durante casi ochenta años la educación judía bajo su gobierno), el alma judía no olvidó el significado de este día en lo que respecta a la eternidad del pueblo, a pesar de las circunstancias adversas que le tocaba vivir.

Es triste que la fiesta de Simjat Torá, la culminación de todas las fiestas del calendario, y aquella en la que celebramos la proximidad con Dios, sea festejada con bebidas alcohólicas y con chistes de mal gusto en algunas comunidades. Esto no debe ocurrir. El regocijo genuino es un asunto interno y profundo que no requiere estímulo externo alguno. La alegría —la mayor en todo el calendario hebreo— surge del hecho de saber que la Torá que estudiamos nos une eternamente con Dios y le da aquel sentido indestructible a nuestra vida: “Pues esa es nuestra vida y la largura de nuestros días” (Plegaria de Arvit)

Sepamos, sinceramente, bailar con las emociones correctas y las intenciones indicadas. No se trata aquí de agitarse, empujar y gritar. Es más. No sé, siquiera, si la Torá está tan satisfecha como para querer tanto bailar conmigo... Sin embargo, puedo demostrarle públicamente que deseo estar cercano a ella y acatar lo que me indica. ¡Y que en este nuevo año intentaré hacer un esfuerzo para no separarnos jamás!

Extracto del libro VeSamajta BeJagueja, de Rav Daniel Oppenheimer