En 423 AEC, el Rey Tzidkiahu fue capturado por las tropas babilonias en las planicies de Jericó, como está registrado en Jeremías cap. 39. El malvado Nabucodonosor forzó a Tzidkiahu a atestiguar el asesinato de sus hijos, y luego los ojos de Tzidkiahu fueron arrancados. Hasta hoy en día, Tzidkiahu es recordado como un hombre recto, mientras que Nabucodonosor –al igual que una larga lista de tiranos que buscaron oprimir al pueblo judío— fue degradado y reducido al balde de basura de la historia. El libro bíblico de Daniel (4:30) describe cómo Nabucodonosor “fue separado de la humanidad; comió pasto como los toros, y su cuerpo fue lavado por el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águilas y sus uñas como garras de aves” (Posteriormente Nabucodonosor recobró su cordura y volvió a legislar).