El rey judío Jizkiahu enfermó críticamente, como está registrado en el segundo Libro de Reyes, capítulo 20. El profeta Isaías visitó a Jizkiahu y le informó que su enfermedad era un castigo por la negativa del rey a tener hijos. Jizkiahu explicó que había visto proféticamente que una persona malvada descendería de él, y que por eso no quería tener hijos. Isaías argumentó en su contra: “Tienes una mitzvá de tener hijos – deja que Dios se encargue del resto”. Jizkiahu rezó por perdón y Dios le concedió otros 15 años de vida. El episodio ilustra un fundamento del pensamiento judío: De nosotros depende hacer el esfuerzo apropiado, sin embargo, el resultado está en las manos de Dios.