En 2000, al comienzo de la intifada palestina, dos soldados de reserva israelíes fueron linchados brutalmente en una estación de policía de Ramala. Los dos habían tomado un giro equivocado y terminaron en la ciudad de Cisjordania, en donde fueron atacados por una multitud. Los oficiales de la policía palestina apoyaron a la multitud –y algunos incluso participaron– mientras golpeaban, mutilaban, quemaban y destripaban a los israelíes. La imagen de un hombre joven, saludando a la multitud con las manos ensangrentadas, llegó a simbolizar la ola de terror que se llevó más de 1.000 vidas de israelíes.