En esta fecha ocurrieron cuatro eventos históricos: (1) los judíos de la generación del Éxodo dejaron de morir en el desierto, (2) fue permitido el casamiento entre las tribus para las generaciones posteriores al Éxodo, (3) la tribu de Benjamín fue salvada de la extinción, (4) los Romanos permitieron el entierro de los judíos asesinados en la revuelta de Betar (138 EC). Después de que los Romanos destruyeron el Segundo Templo Sagrado, el emperador Adriano planeó transformar a Jerusalem en una ciudad-estado pagana con un santuario para Júpiter en el sitio del Templo. Esto llevó a la gran revuelta judía de Simón bar Kosiba (Bar Kojba), cuyo ejército guerrillero tuvo éxito en expulsar a los Romanos de Israel y establecer, aunque por un breve período, un estado judío independiente. Detener la revuelta requirió grandes números de tropas romanas. Bar Kojba transformó la ciudad de Betar, ubicada al suroeste de Jerusalem, en su último bastión de resistencia. Se estima que cientos de miles de judíos vivían en Betar, y fueron todos masacrados “hasta que la sangre fluía hacia el Mar Mediterráneo”. Adicionalmente, los Romanos no permitieron que los cuerpos judíos fueran enterrados. De acuerdo a la tradición judía, los cuerpos yacieron a la intemperie pero no se pudrieron, hasta que tres años después, en el 15 de Av, el entierro fue finalmente permitido. Hoy en día, la “bendición para después de las comidas” incluye una bendición especial rememorando este evento en Betar.