En el año hebreo 2018 (1742 AEC), Dios hizo un pacto con Abraham, concediéndole a él y a su descendencia la Tierra de Israel, como está registrado en Génesis capítulo 15. Abraham vivió en un tiempo en el que la idolatría y la corrupción estaban ampliamente esparcidas, y asumió la misión de difundir en el mundo el monoteísmo ético. En respuesta, Dios asignó la Tierra de Israel para ser un laboratorio en el que los descendientes de Abraham crearían un modelo de sociedad, “una luz para las naciones”. A diferencia de otras naciones que se atribuyen tierras porque su ejército pudo conquistarla de manos de otros, el reclamo de Israel de la tierra está basado en autoridad Divina. Apropiadamente, fue también en esta fecha que los ángeles le informaron a Abraham que un hijo (Itzjak) nacería para ser su sucesor (Génesis 18:10).

En el 15 de Nisán del año hebreo 2448 (1312 AEC), la plaga de los primogénitos atacó a Egipto, y el Faraón accedió finalmente al pedido de Moisés de “Deja que mi pueblo salga”. Esa noche los judíos tuvieron el primer Seder de Pesaj, comiendo matzá, hierbas amargas, y el cordero de Pesaj. A la mañana siguiente, 3 millones de judíos dejaron Egipto en el Éxodo, en lo que es conocido como el “nacimiento” de la nación judía. Este evento es conmemorado cada año en Pesaj, cuando las familias se reúnen para comer matzá, recitar la Hagadá y agradecerle a Dios por sustentar a su pueblo hasta este día.