En el año hebreo 1656 (2100 AEC), el Arca de Noé se posó en el Monte Ararat, como está registrado en Génesis 8:4. A pesar de que las lluvias torrenciales sólo duraron 40 días y 40 noches, pasaron muchos meses hasta que las aguas descendieron lo suficiente como para que el Arca de Noé se posara, y otros varios meses hasta que la paloma retornara con una rama de olivo en su pico –una señal de que ya era seguro salir del Arca. Como es simbolizado por el arco iris, Dios prometió nunca volver a inundar la Tierra.