En 1929, pandillas árabes atacaron comunidades judías por todo Israel. Rumores falsos, alimentados por sermones difamatorios en las mezquitas, declararon que los judíos estaban preparándose para asumir el control de los lugares sagrados, y que los judíos estaban llevando a cabo “asesinatos al por mayor de árabes”. Pandillas musulmanas se lanzaron al ataque, matando a 17 judíos en Jerusalem y a 18 en Tzfat. Las peores atrocidades ocurrieron en Hebrón, en donde un solo policía británico custodiaba toda la ciudad y no pudo hacer nada para detener el desenfreno. En Hebrón, fueron asesinados 67 judíos. Los sobrevivientes fueron reubicados en Jerusalem, dejando a Hebrón sin judíos por primera vez en siglos.