Yortzait del rabino Yehuda Loew (1525-1609), el afamado Maharal de Praga. El Maharal nació en Polonia, en la noche del Seder de Pesaj, en una distinguida familia de rabinos descendientes del Rey David. Sirvió como rabino de Nikolsburg, Posen y luego Praga. El Maharal personificó una mezcla única de erudición talmúdica con profundos conocimientos cabalísticos. Autor prolífico, sus trabajos incluyen un importante comentario a los Cinco Libros de Moisés, volúmenes sobre Pesaj, exilio y redención, y desarrollo del carácter. Quizás la leyenda más famosa alrededor del Maharal es que utilizó conjuros cabalísticos para crear un Golem, un ser parecido a un robot que debía defender el gueto de Praga de los ataques antisemitas. Es casi seguro que el relato es falso, pero obtuvo popularidad y es citado como la fuente del Frankestein de Mary Shelley. Hoy en día hay una estatua del Maharal en Praga, y su sinagoga, el Altneushul, todavía está en uso.

En esta fecha en 1952, Israel aceptó pagos compensatorios de Alemania por pérdidas causadas por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Ya en 1943, grupos judíos habían comenzado a formular demandas por un acuerdo de posguerra que incluiría miles de millones de dólares en indemnizaciones por propiedades judías robadas o destruidas (inmuebles, arte, oro), más pagos por trabajos forzados, y compensaciones por la pérdida de vidas judías. La Conferencia de Paris de Compensaciones de 1945 eligió ignorar las demandas judías. Sin embargo, en 1951, el canciller alemán Konrad Adenauer, quien vio las compensaciones a los judíos como parte de la carga de culpa que los alemanes necesitaban confrontar, ofreció pagos a los sobrevivientes del Holocausto. En Israel, Menajem Begin lideró el movimiento en contra de aceptar las compensaciones, argumentando que de alguna manera “absolverían” a los nazis de sus atroces crímenes. Con el pasar de los años, compañías alemanas como Volkswagen, Deutsche Bank y Daimler-Benz admitieron haber utilizado esclavos durante la guerra, y formaron un fondo para compensar a los trabajadores. En la década del 90, se descubrió que bancos suizos habían sido cómplices en los esfuerzos alemanes para esconder y vender botines robados, y que se habían involucrado en robo a gran escala de los depósitos hechos por judíos. Después de algunas vacilaciones, los bancos suizos anunciaron su intención de crear un fondo para las víctimas del Holocausto.