En el año hebreo 2448 (1312 AEC), el día posterior a la construcción del Becerro de Oro, Moisés quemó el becerro y lo molió hasta hacerlo polvo, lo mezcló con agua, e hizo que el pueblo judío lo bebiera. A la mañana siguiente, aquellos que habían aceptado el becerro fueron encontrados muertos, con sus barrigas milagrosamente hinchadas por el agua.