En 1942, el Obispo Metropolitano Andrey Sheptytsky, un obispo de la iglesia católica griega en Lemberg (Lviv), Polonia, durante la ocupación alemana, publicó órdenes para que el clero en su jurisdicción protegiera a los niños judíos. Ignorando riesgos a su posición y su vida (en Polonia había una pena de muerte automática por ayudar a los judíos), Sheptytsky habló explícitamente en contra de Hitler, y amenazó “con castigo divino” a cualquiera que “derramara sangre inocente”. Sheptytsky lideró con el ejemplo: escondió a 21 judíos en su propia catedral, y a 183 más en conventos y monasterios (Sheptytsky estaba luchando su propia batalla en contra de los nazis: Hitler estaba decidido a exterminar la cultura y la identidad polaca, y su primer paso era la eliminación de la intelligentsia, incluyendo al clero. Muchos curas fueron asesinados o enviados a campos de concentración, en los cuales se estima que murieron cerca de 3.000 integrantes del clero polaco). Sheptytsky fue más tarde honrado por Yad Vashem como “Justo Entre las Naciones”.