De acuerdo a Meguilat Taanit, en el 4 siglo AEC, Alejandro Magno se encontró con Shimón HaTzadik, el Sumo Sacerdote del Santo Templo. Shimón temió que Alejandro destruyera Jerusalem, por lo que salió a su encuentro antes de que llegara a la ciudad. Al ver al Sumo Sacerdote, Alejandro hizo la extraña maniobra de desmontar y reverenciarse. Cuando se le pidió que explicara sus acciones, Alejandro dijo que había visto al Sumo Sacerdote antes, en un sueño. Alejandro interpretó esta visión como un buen augurio y por eso tuvo piedad de Jerusalem, absorbiendo pacíficamente a Israel en su creciente imperio. Como muestra de gratitud, los Sabios decretaron que todo primogénito judío de esa época fuera llamado Alejandro – que continúa siendo un nombre judío hasta el día de hoy.